Lunes 26 de septiembre de 2016,
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Guerra comercial entre EEUU y China

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Los prolegómenos de una posible guerra comercial entre EEUU y China podrían derivar en el retorno a escenarios de proteccionismo económico y el consecuente finiquito de la economía global

El fenómeno de la globalización económica ha conseguido que todos los elementos racionales de la economía estén interrelacionados entre sí debido a la consolidación de los oligopolios, la convergencia tecnológica y los acuerdos tácitos corporativos, por lo que la irrupción de la crisis económica en la aldea global ha provocado la aparición de nuevos retos para gobiernos e instituciones sumidas en el desconcierto y en la incredulidad, retornando lenta pero inexorablemente a escenarios económicos desconocidos desde la II Guerra Mundial (fuente: ‘La economía española en el próximo quinquenio‘).

Libre fluctuación de las divisas
Según un análisis publicado por The Wall Street Journal, muchos países están buscando devaluar sus monedas para incrementar sus exportaciones y salir así de la crisis actual, ante la ineficacia demostrada por medidas como el ‘quantitative easing‘, utilizado por EEUU y el Reino Unido para debilitar sus monedas, pero que no han impedido que China siga con su anclaje con el dólar que le permite ir de la mano de la moneda estadounidense.

Los economistas abogan por una devaluación coordinada y esperan que esta guerra de las divisas consiga frenar el proceso deflacionista en el que se encuentra sumergido buena parte del mundo (especialmente en Occidente), pues una inflación ordenada sería la tabla de salvación de las economías empantanadas en la deflación (al producirse una enorme transferencia de riqueza de los ahorradores a los prestatarios) y por la subida de tipos de interés por parte de la FED en 2011.

La devaluación de la moneda propia es una medida que llevan a cabo numerosos países para intentar fortalecer su sector exportador

Dicha subida vendría motivada por el hecho de que los diferenciales de rentabilidad entre las emisiones de deuda pública entre los diversos países del primer mundo han aumentado en los últimos meses (lo que conlleva un encarecimiento y mayores dificultades para obtener financiación exterior) y para evitar el riesgo de un posible escenario de inflación desordenada que aunada con el repunte de los precios del crudo podría dar lugar a episodios de estanflación en las economías occidentales mientras China sufriría una subida del IPC cercana al 5% (fuente: The Wall Street Journal, ‘Posible Guerra Comercial EEUU-China’).

EEUU lleva muchos años presionando a China para que deje flotar su moneda (yuan o renminbi), ya que consideran que la mantienen artificialmente depreciada, a pesar de que el yuan se apreció un 21% en los tres años que transcurrieron desde que en 2005 Pekín puso fin a la dependencia única del yuan con el dólar y pasó a ligarlo a una cesta de divisas, que incluye el euro, y en 2008 de nuevo impuso el anclaje con el billete verde para hacer frente a la crisis económica mundial (6,8 unidades) (fuente: ‘Los claroscuros de la economía China‘).

China sería propietaria de 585.000 millones de dólares en bonos del Tesoro Público de EEUU,e invierte en dólares para limitar la subida de su propia moneda (pues un incremento acelerado de la misma haría a la industria china menos competitiva), lo que le convierte en el mayor acreedor de EEUU y le hace totalmente dolardependiente, por lo que ambas economías se retroalimentan, al conjugar la exuberante liquidez china (las reservas de divisas de China alcanzaron los 2 billones 400 mil millones de dólares a fines de 2009, representando más del 30 por ciento de la totalidad del mundo), con la desorbitante deuda externa de EEUU (rozando los 13 billones de dólares) (fuente: ‘El nuevo desorden global‘).

A pesar de las múltiples presiones, las autoridades bancarias chinas han dejado bien claro que seguirán manteniendo un control estricto sobre la evolución de su moneda, pues si la divisa china se fortalece en exceso asistiríamos a una severa constricción de sus exportaciones y al consiguiente descenso de su

Actualmente China acapara el 30% de las divisas de dólares del mundo, lo que hace que los rumbos de las dos economías se encuentren fuertemente ligados

superávit, agravado por el aumento de los costes laborales y el previsible riesgo de deslocalización hacia India o Vietnam, cuyos salarios mensuales rondan los 60 euros.

Ding Yifan, economista del Centro de Investigación del Desarrollo chino, ha explicado que “EEUU saldría perdiendo si desatara una guerra comercial bajo la acusación de que el país asiático manipula su moneda o imponiendo aranceles para compensar la supuesta infravaloración de la misma” y “que cualquier medida contra Pekín tendría el riesgo de volverse contra EEUU, ya que China es el mercado de mayor crecimiento de las exportaciones estadounidenses” (fuente: artículo de eleconomista.es).

Sin embargo, en el supuesto de que China consiga mantener su anclaje al dólar (lo que permitiría seguir engrasando su máquina exportadora y que sus reservas mantengan su valor), la respuesta inevitable por parte de EEUU sería desencadenar una guerra comercial, cuyos primeros escarceos tácticos serían la imposición por China de aranceles de entre 50,3 y 53,4% por los productos de pollo provenientes de Estados Unidos y la aprobación por la Cámara de Representantes de Estados Unidos de un proyecto de ley que busca ejercer presión sobre China para que aprecie el valor de su moneda mediante la imposición de aranceles por el Gobierno de EEUU.

Así, la implantación por EEUU y la UE  de medidas proteccionistas (fomento del consumo de productos nacionales) en forma de ayudas para evitar la deslocalización de empresas; subvenciones a la industria agroalimentaria para la instauración de la etiqueta BIO a todos sus productos manufacturados; elevación de los parámetros de calidad exigidos a los productos manufacturados del exterior; y la imposición de medidas fitosanitarias adicionales a los productos de países emergentes (tras una virulenta campaña de los medios occidentales para defender las etiquetas ECO y BIO como medida de proteccionismo encubierto),  obligará a China a costosísimas inversiones para reducir sus niveles de contaminación y mejorar los parámetros de calidad, dibujándose un escenario a cinco años en el que se pasaría de las guerras comerciales al proteccionismo económico, con la subsiguiente contracción del comercio mundial y posterior finiquito a la globalización económica y a la doctrina geopolítica del G-2 (fuente: ‘La cruda realidad de la economía de EEUU‘).

En un artículo publicado por el New York Times, titulado ‘La ocasión para un nuevo orden mundial’, Kissinger considera ya a China una gran potencia (felow superpower), desaconseja el proteccionismo o tratar a China como enemigo (lo que llegaría a convertirla en verdadero enemigo) y pide que se eleven a un nuevo nivel las relaciones entre Estados Unidos y China, sobre la base del concepto de destino común, siguiendo el modelo de la relación trasatlántica tras la segunda guerra mundial (fuente: artículo de elimparcial.es).


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