Martes 06 de diciembre de 2016,
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Hacia la hambruna mundial

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OPINIÓN / Repaso de los factores que podrían desencadenar una hambruna mundial en 2016: estancamiento del precio y la producción de crudo, carestía y aumento de precio de los productos agrícolas y los biocombustibles

El estancamiento del precio del crudo (a pesar de los sucesivos recortes de producción por parte de la OPEP) debido a la severa contracción de la demanda mundial y a la huida de los brokers especulativos, imposibilitará a los países productores conseguir precios competitivos (rondando los 90 dólares) que permitirían la necesaria inversión en infraestructuras energéticas y búsqueda de nuevas explotaciones, lo que podría dibujar un escenario de estrangulamiento de la producción mundial del crudo una vez superada la actual crisis económica global en el horizonte del 2015. (Fuente: Estrangulamiento de la producción de crudo)

El incremento espectacular del precio del crudo terminará por producir el desabastecimiento de los mercados, el incremento de los precios hasta niveles estratosféricos y la consecuente crisis alimentaria

Ello originará presumiblemente una psicosis de desabastecimiento y el incremento espectacular del precio del crudo, que tendrá su reflejo en un salvaje encarecimiento de los fletes de transporte y de los fertilizantes agrícolas, lo que aunado con la aplicación de restricciones a la exportación de los principales productores mundiales para asegurar su autoabastecimiento, terminará por producir el desabastecimiento de los mercados mundiales, el incremento de los precios hasta niveles estratosféricos y la consecuente crisis alimentaria mundial (Fuente: las crisis que se avecinan).

Así, la carestía de productos agrícolas básicos para la alimentación (trigo, maíz, arroz, sorgo y mijo) y el incremento bestial de dichos productos en los mercados mundiales, que tuvo su punta de iceberg en 2007, irá presumiblemente ‘in crescendo’ a lo largo de la próxima década hasta alcanzar su cénit en el horizonte de 2016. Este hito será provocado por el desarrollo económico suicida de los países del Tercer Mundo, con crecimientos desmesurados de macrourbes y megacomplejos turísticos, y la consiguiente reducción de superficie dedicada al cultivo agrícola. A ello contribuirá el cambio de patrones de consumo de los países emergentes debido al aumento espectacular de las clases medias y su poder adquisitivo y la debilidad del dólar y el hundimiento de los precios del crudo, con el consiguiente desvío de inversiones especulativas a mercados de materias primas.

A ello se unirá el incremento del uso por los países del primer mundo de tecnologías depredadoras (biocombustibles) que, bajo la etiqueta BIO de países respetuosos con el medio ambiente, no dudarán en fagocitar ingentes cantidades de maíz, destinadas en un principio a la alimentación, para la producción de biodiesel. Además, se suman las inusuales sequías e inundaciones en los principales graneros mundiales y la hambruna afectaría especialmente a las Antillas, México, América Central, Colombia, Venezuela, Bolivia, Egipto, India, China, Bangladesh y Sudeste Asiático, ensañándose con especial virulencia con el África Subsahariana. La población atrapada en la inanición podría pasar de los 1.000 millones actuales a los 2.000 millones estimados por los analistas (Fuente: ¿Hacia la crisis alimentaria mundial?).


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