Miércoles 28 de septiembre de 2016,
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Haití: la grandeza de ser solidarios

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OPINIÓN

Qué grato es ver el movimiento de miles de soldados para gestionar ayudas y no para disparar, ver que las manos se extienden para levantar y no para señalar, que las bocas se abren para bendecir y no para juzgar

Un sueño sólo puede triunfar sobre la realidad si se le da la oportunidad”.
(Stanislaw Lem)

Es momento de hacer ese sueño una realidad, esta es nuestra oportunidad: lograr, en medio del dolor, levantar a las naciones y curar esas heridas que nos dividen en lugar de unirnos.

Haití ha sido devastada, y sólo nos podemos preguntar: ¿Por qué esperar a la desgracia para demostrar cuánto se puede lograr cuando las naciones se unen? Qué hermoso es saber que hoy, mundialmente, nos hemos unidos en medio del dolor, hemos sido capaces en cuestión de horas de dejar a un lado ideales políticos, sociales, religiosos y guerras absurdas.

Qué grato es ver el movimiento de miles de soldados para gestionar ayudas y no para disparar, ver que las manos se extienden para levantar y no para señalar, que las bocas se abren para bendecir y no para juzgar.

Somos capaces de cambiar la humanidad con bien y no con mal, como estamos acostumbrados lamentablemente a ver.

Hoy lloramos y nos acongojamos con nuestros hermanos haitianos, nos desesperamos porque deseamos poder estar allí y colaborar, esto es lo que nos hace ser mejores seres humanos, mejores personas, es lo que debe ser el punto de partida para lograr que el mundo cambie, somos capaces, verdaderamente somos capaces.

Hoy, el dolor y la sangre nos une ante una isla completamente devastada, sollozante y desesperada, pobreza que vuelve, Haití vuelve a veinte años antes, lamentablemente una tierra empobrecida hoy sangra y llora, gime de dolor y su sonido ha sido escuchado en cada rincón que habita este planeta, porque todos somos parte de ese hábitat, sobre todos sale el sol y se pone, llueve y estamos bajo el mismo universo.

Esta es nuestra oportunidad: lograr, en medio del dolor, levantar a las naciones y curar esas heridas que nos dividen en lugar de unirnos

¿Por qué no unir con esta triste experiencia las manos que jamás se han de separar, unidos ayudando a nuestros hermanos mientras nos atrevemos a reafirmar la unidad mundial?

Dijo John Kennedy: “Ser valiente no requiere cualidades excepcionales. Es oportunidad que a todos se ofrece. A los políticos especialmente”.

Esto representa la verdad hoy día, es la oportunidad para ver que es mejor colocar todo el corazón en ayudar al caído que colocar bombas lapa bajo nuestros hermanos, tan humanos como tú y como yo; que es más fácil extender esa mano que levante, a la que sumerja en el lodo a nuestra sociedad; es mejor hablar verdad y establecer justicia que decir mentira y destruir con nuestra boca.

Busquemos la realidad de nuestros hermanos haitianos, han logrado desbordar todo un caudal de río de ayuda y oportunidades de sacar lo mejor de cada nación a nivel mundial para ayudarles.

Juán Antonio Cebrián, entre sus legados de letras, nos dejó el siguiente reto verdad: “¿Un truco para levantarnos cada día y sobrevivir al día siguiente? Pensar en positivo y sonreír por los dones que nos entregaron los dioses. Estaremos muy poco en este planeta y merece la pena que lo aprovechemos”.

Aprovechemos esta nueva oportunidad que la vida nos ofrece para que nos atrevamos a continuar unidos como naciones, obviemos lo que nos divide, porque lo que nos divide es creado por nuestra vaga capacidad de no ver más allá las realidades de que todos somos hermanos, que no hay color, raza, sexo, ideal social, religioso o político que derrote la dignidad, aprendamos a extender esa unidad.

A nuestros hermanos haitianos: hoy somos completamente solidarios, nos desbordaremos en ayudas por ustedes, pero también compartiremos con ustedes la virtud aprendida de toda esta tragedia, y es el día en que las únicas armas que se utilicen sean las de la sensibilidad, manos unidas para trabajar y levantas naciones, para bendecir y restaurar, para consolar, dejando atrás todo lo que nos divide y abonando todo aquello que nos une.

A todas las naciones, no importa de que ideal religioso seas, de que ideal político seas, clase social seas, de que raza seas, todos, absolutamente todos, somos hermanos.

A nuestros hermanos haitianos les deseamos la bendición en estos momentos de dolor y despespero, que logremos obviar credos y ver que un pensamiento positivo surge más fuerte que cualquier terremoto o tsunami. Como dijo Paulo Coelho: “Cuando deseas algo, el unicerso conspira para que lo tengas”.

¡En la unión está la fuerza!

Peter Pantoja Santiago
Juncos, Puerto Rico

 

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Sobre el autor

1 comentario

  1. Anónimo 23/01/2010 en 22:12

    Como ya ocurrió a raíz del huracán Mitch y del tsunami del sudeste asiático, las imágenes que llegan de Haití han provocado una riada de solidaridad por parte de la ciudadanía del mundo rico: las cuentas bancarias de las ONG ingresan cada día millones y millones de euros. Desde luego, es un motivo de alegría. Una alegría que se convierte en agridulce, no obstante, al recordar que la mayor parte de las tragedias humanas pasan desapercibidas. A diario mueren de miseria en el mundo 60.000 personas, en silencio, atravesando un desierto de soledad, sin que nadie les dedique el titular de primera página que merecen.

    Según la ONU, hacen falta 70.000 millones de dólares al año para luchar con garantías de éxito contra el hambre, la sed, el analfabetismo y la falta de asistencia médica que padecen los pobres más pobres de nuestro planeta. Esa cantidad, en apariencia astronómica, equivale a 19 centavos de dólar al día por habitante del mundo rico. Total, calderilla…

    Dicho lo cual, aprovechamos la ocasión para abogar porque los nadies sean noticia más a menudo, y no sólo cuando salen en el telediario saqueando un comercio en busca de comida o peleándose por una botella de agua repartida por algún marine estadounidense…

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