Sábado 29 de julio de 2017,
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He perdido a mis hijos

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¿Es posible que no sea verdad que el confesarnos y comulgar
nos libre de los pecados? Una historia personal

En España ya no es una novedad los divorcios o las
separaciones, pero en la mayoría de los casos los hijos siempre suelen
ver a el padre o la madre durante fines de semana o vacaciones.

Yo tuve
la suerte de haberlos visto hasta la mayoría de edad, y me visitaban
cada 15 días y un mes de vacaciones, claro está que yo también, por mi
parte, les pasaba una suculenta paga mensual, superior a la indicada
por el juez, con el fin que no resintieran su calidad de vida,
colegios, libros, ropa y entretenimiento, también eran asuntos míos.

Pero al cumplir los 18 años se alejaron de mí y de los abuelos
paternos. Al pedirles yo explicaciones por su actitud, el mayor me
respondió que se sentían avergonzados por mi comportamiento. ¿Qué raza
de persona era yo? ¿Cómo había podido mantener relaciones sexuales con
mi ahijada, aunque ella trabajara como prostituta, yo no tenía ningún
derecho a hacer lo que hice, pues se supone que en caso de fallecimiento
de sus padres, tenía que haberla recogido yo.

Continúo afirmando que,
si bien era cierto, yo les había pagado los alimentos y las demás cosas,
no se sentían orgullosos de mí, pues supieron que yo les pagué con el
dinero que recababa del alquiler de un local, que yo lo había
alquilado, a un bar de alterne, que tantos matrimonios rompió.

Si es
cierto que lo podría haber alquilado a otro negocio, pero jamás me
habrían pagado lo que me pagaba esta gente, y así les pude mantener a
ellos por todo lo alto. Cuando yo le comenté que eso no era tan malo,
pues si no lo hacía yo, lo habrían hecho otros y además parte de las
ganancias lo pasaba en limosnas a la iglesia, donde acudía semanalmente
y también comulgaba.

Esto le enfureció aún más, dándome con la puerta
en las narices y diciéndome que no quería saber más nada de mí en la
vida. Yo lo siento, pero realmente obré así, pensando en darles un
bienestar, y ahora los he perdido. No sé lo que hacer, no veo salida ni
solución.

¿Es posible que no sea verdad que el confesarnos y comulgar
nos libre de los pecados?

Andres Blanco

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Sobre el autor

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1 comentario

  1. Olocau.Digital 30/06/2008 en 12:07

    A grandes rasgos, muy grandes, me siento confundido … o esto es un “fake”, o la obra de un “mamoncillo/a investigador/a”, de esos/as que vamos encontrando demasiadas veces por ahí haciendo experimentos con gaseosa … o de un cachondo/a mental que lo único que pretende es darle una “patada al gallinero”.

    Podría ser el 33% restante, es decir podría ser cierto … debo arriesgarme y correr ese albur …

    Empezaré por el final, si eres católico no puedes perder la fe.

    Si eres católico debes creer que la confesión te libra del pecado.

    Pero sólo a los ojos de Dios.

    El portazo propinado por tu hijo en tus narices lo interpreto como la desesperación de quien se enfrenta a la frontera, amplia y desahogada, que separa a la ley de la justicia.

    Hasta ciertas edades el dinero sí tiene color y no debe ser un fin en sí mismo.

    Yo reflexionaría mucho antes de considerar las limosnas a la Iglesia como una forma de justificación o eximente ante cualquier tipo de acto, ya que eso me podría generar confusión.

    Del mismo modo que el bien estar de personas queridas no suele justificar los medios para conseguirlo, sobre todo a partir de unos mínimos razonables de bien estar.

    Si hay que enfrentar algo se hace, sin algodones, sin escusas ni atenuantes, por muy sangrante que resulte para, sobre todo, no permitir jamás que los actos no deseables del pasado justifiquen los del futuro.

    Respecto a las relaciones sexuales con una ahijada prostituta, es de una singularidad bien curiosa y posiblemente la imagen mental que produjo en tus hijos permanecerá siempre aunque trabajen con esmero para disiparla.

    El filo de la doble moral de este tipo de sociedad, y de la mismísima Iglesia que te acoge, es tremendamente cruel, y solo las tomas de posición personales basadas en el estricto ejercicio del “sentido común” nos pueden guardar de sus infames heridas.

    Recuerda, tu Dios perdona, pero está en los cielos, aquí abajo cada uno forja su infierno o su gloria día a día, momento a momento.

    De cualquier forma solo una parte de ti ha perdido a los hijos, la parte que les mostrabas, la parte que querías ser, y ejercitabas y practicabas, cuando estabas con ellos.

    Acaso eso te destruye, el que sin ellos pierdes el personaje que podías interpretar en su presencia y que quizá, es el que quisieras llegar a ser y nunca has sabido muy bien como.

    Espero que el tiempo reconduzca vuestra relación a los cauces más razonablemente posibles.

    Para eso es imprescindible saber conocer y saber amar al tiempo.

    Saber conocer y saber amar al tiempo es saber esperar.

    Y no todos lo conseguimos.

    Saludos.

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