Martes 24 de enero de 2017,
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Hemos votado. Y ahora, ¿qué?

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Ya han pasado las elecciones, los discursos esperanzadores o
apocalípticos, la presión mediática y toda la parafernalia que rodea un
acto de este tipo. Y ya hemos votado. O no. Y ahora ¿qué?

Opinión

Desde ciertos sectores, mayoritarios por otra parte, se nos ha estado animando a “participar” en las elecciones depositando nuestro voto en las urnas con distintos argumentos, no lo dudo, legítimos: la decisión pertenece al pueblo soberano; es el pueblo el que debe de ratificar o sancionar la política de los gobernantes; la abstención beneficia a la derecha; es de todo punto rechazable, e incluso despreciable, el pasotismo político. En alguno de estos argumentos podría estar de acuerdo.

“El problema es que ¿de dónde obtenemos la información? ¿Desde dónde
podemos observar? La información que llega al ciudadano siempre está
matizada, sesgada, cuando no directamente manipulada.”

La cuestión es que ahora tenemos que esperar otro año para las próximas elecciones, en este caso generales, u otros cuatro para repetir las que terminaron este fin de semana, para “participar” de nuevo. Mientras tanto tenemos que observar, informarnos o lo que sea que se supone que tenemos que hacer para, en nuestra próxima actuación como pueblo soberano, seamos votantes “conscientes”. Al menos eso es lo que se nos dice desde las instituciones y partidos. El problema es que ¿de dónde obtenemos la información? ¿Desde dónde podemos observar?

La información que llega al ciudadano siempre está matizada, sesgada, cuando no directamente manipulada. Y desde luego, no es completa en ninguno de los casos. Entonces, ¿cómo es posible que se nos pida que seamos votantes “conscientes” cuando la información que manejamos, o que se nos proporciona, es cuando menos escasa?

Y, sin embargo, creo firmemente que debemos participar en política. Pero desde un lugar del que poco se habla, y mucho menos se fomenta, desde las instituciones públicas elegidas democráticamente: la sociedad civil.

“Una sociedad civil fuerte, articulada, defiende sus derechos, cuando
están reconocidos, y lucha por obtenerlos cuando no lo están; controla,
o lo intenta, a los organismos de gestión (…) para que cumplan
los objetivos para los que fueron elegidos”

Una sociedad civil fuerte, articulada, defiende sus derechos, cuando están reconocidos, y lucha por obtenerlos cuando no lo están; controla, o lo intenta, a los organismos de gestión, que eso es lo que son los ayuntamientos, autonomías, Estado, Unión Europea, etc. para que cumplan los objetivos para los que fueron elegidos; y, en particular, transmite la información al mayor número de personas posible porque es ahí, en la transmisión de la información, en donde la sociedad civil se hace fuerte. Y, claro, es participativa en el sentido amplio de la palabra.

Participar en una asociación de vecinos, o en una de mujeres, o de inmigrantes, o de padres y madres de la escuela, o de teatro o de petanca supone gente organizada que de forma más o menos abierta o consciente están haciendo política. Pero política de verdad, la de todos los días, la cercana la que cambia las cosas que nos afectan de forma más directa y que, unido a los otros pequeños cambios de las otras partes que conforman la sociedad civil, generan un gran cambio o un gran avance, según se mire. Y nos hace conscientes de nosotros mismos y de nuestro poder como personas. Y nos hace un poco más libres.

Por todo esto, participa.

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1 comentario

  1. Anónimo 31/05/2007 en 9:38

    No puedo..
    No puedo estar más de acuerdo. Es exactamente lo mismo que pienso yo, y eso que creía que era un bicho raro. Continuamente tengo que aguantar que me llamen pasota por abstenerme de votar, o peor aún, me miran muy raro cuando voto en blanco. El sistema democrático actual sólo tiene un verdadero beneficiario: los partidos políticos.

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