Domingo 04 de mayo de 2014,
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Historia de un asesinato y un secuestro

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Del asesinato de Anabel Segura y del rapto de Pepito Mendoza. Crímenes que se han de recordar para que no se repitan y para honrar la memoria de las víctimas

Hemos de entender –por activa y por pasiva–, que muchas naciones del globo terráqueo se enfrentan en la actualidad a una especie de pandemia del terror o miedo, que da la sensación de no tener precedentes en los anales de la historia. Hoy en día comprobamos cómo fortificamos –todos nosotros o la mayoría– nuestros hogares hasta los dientes; hoy en día comprobamos cómo colocamos –todos nosotros o la mayoría– alarmas o sistemas de seguridad en nuestras viviendas; hoy en día comprobamos cómo ponemos –todos nosotros o la mayoría– cajas fuertes de seguridad en nuestras casas, y guardamos unas pocas joyas que fueron de nuestros antepasados… Todo lo anterior debido es, con razón, a la inseguridad ciudadana por la que estamos atravesando: secuestros, asesinatos, detenciones ilegales…

Recordar asesinatos, secuestros, crímenes, detenciones ilegales –sus historias–, forma parte de la idiosincrasia de todos los países, de tal forma que, la historia de una nación, es también la historia de sus asesinatos. Esto es así, aunque entiendo que es penoso para los familiares que aún viven. Más mirado desde el interior de nuestros corazones puede ser, y en cierto modo, un homenaje a la persona fallecida, que sirva para aflorar nuevamente lágrimas a esos ojos que nunca dejaron de mirar la última fotografía del ser querido, y que de esta manera sientan en sus corazones que el recuerdo nunca muere, y que la muerte con violencia de un ser humano debe ser castigada con todo rigor por el peso de la ley –nuestros jueces-.

Ésta es mi intención franca, leal, desinteresada, y lo proclamo a los cuatro vientos, al objeto de que crímenes como éste no vuelvan a repetirse nunca más. Fue un hecho real, que superó mil veces a distintas narraciones similares echas por aquellos escritores de pluma fácil e inteligencia demostrada a lo largo de la historia de la Humanidad. Ésta es mi intención franca, leal y desinteresada, y lo proclamo a los cuatro vientos, al objeto de que asesinatos como éste no vuelvan a repetirse nunca más; al objeto de que raptos como éste no vuelvan a repetirse nunca jamás.

La historia de un asesinato y un rapto: la del asesinato de Anabel Segura y del rapto de ‘Pepito Mendoza’, que en su día conmocionaron a la opinión pública –los españoles–, son hechos que jamás deberían volver a repetirse porque atentaron y atentan contra el principal derecho del ser humano: el derecho a la libertad.

“Corresponde a las mujeres llorar, y a los hombres recordar”, Tácito, De moribus Germaniae, 27.

Todos, entiendo que en aquellos momentos, nos hicimos las mismas preguntas: ¿y si vive? ¿y si la han matado?

Y como a los hombres nos corresponde recordar, ahora recuerdo que… pasaron quince años, quince años desde aquel inolvidable 28 de septiembre del año 1995. En verdad, y entiendo que todos los españoles nos conmovimos, cuando los medios informativos, como es costumbre en ellos, nos comunicaron lo siguiente: “La policía española ha procedido a la detención de los presuntos autores del secuestro (detención ilegal en nuestro Código Penal vigente) de Anabel Segura. Todos, entiendo que en aquellos momentos, nos hicimos las mismas preguntas: ¿Y si vive? ¿Y si la han matado?

Al día siguiente, la noticia no se hizo esperar: todos los medios de comunicación informativa se hicieron eco de la muerte de Anabel.

Veintidós primaveras unidas al nombre de una mujer –un ángel femenino–, habían sido vilmente maltratadas, sometidas a la barbarie por parte de dos individuos, con resultado final de muerte (¿Asesinos?: todos tuvimos que comprender que sería la justicia española quien habría de dar la última palabra al respecto). ¡Pobre Anabel!

España entera y nosotros con ella –los gallegos–, nos unimos al dolor de la familia, que sufrió –una vez más– el embate de la agresión en la calle y en sus propias carnes, cuando una de sus dos hijas se convirtió en ilusión muerta.

Todos los calificativos que dimos a los supuestos autores, de tan vil hecho cometido, fueron pocos. La bestia que todos llevamos dentro surgió, una vez más, de y entre la sociedad española, por lo que comprendo que debemos poner todos los medios a nuestro alcance, a fin de erradicar para siempre estos terribles eventos luctuosos.

Los móviles de tan terrible acción no estuvieron claros; aparentemente se barajaron los de ‘tipo económico’, ‘agresión sexual –violación– con resultado final de muerte’,… Pero fue, como es lógico, el médico forense –una vez realizada la autopsia–, quien emitió el informe preceptivo correspondiente, y así esclareció las causas reales de su muerte. La autopsia efectuada en el cadáver de Anabel Segura dio como resultado que ésta murió ahorcada. Pero debido al tiempo transcurrido –casi dos años y medio, dado que fue secuestrada el 12 de abril de 1993–, el estado de sus restos mortales impidió demostrar –en la autopsia–, si fue violada antes de llevarse a cabo su asesinato. El móvil fue el económico, y los autores –convictos y confesos– resultaron ser: Emilio Muñoz Guadix (fallecido) y Cándido Ortiz Añón, ‘Candi’ (fallecido), ambos de 35 años. Felisa García Campuzano, quien había siso acusada de encubrimiento y cooperación en el secuestro y asesinato de Anabel Segura, fue puesta en libertad por decisión judicial de la Audiencia Provincial de Toledo.

[En abc.es de fecha 19-2005, se podía leer el siguiente comunicado de Mercedes Vega/: TOLEDO. Cándido Ortiz Añón (fallecido), uno de los asesinos de la joven madrileña Anabel Segura, disfruta estos días de un permiso carcelario, según han manifestado a este diario fuentes penitenciarias. (…).]

Así se cuenta la historia, y ¡ver para creer! En la Biblia, y en el Evangelio de San Juan (cap.20/ vers.29), nuestro Señor Jesucristo le dice a Tomás: “porque me has visto, Tomás, creíste. Bienaventurados los que no vieron y creyeron”.

Este hecho delictivo, no obstante, motivó mi intelecto, y, desde luego, sentí tristeza, indignación contraída, repulsa… Todo lo cual me condujo a escribir el siguiente canto–lamento: ¡Que se la llevaron esos malvados!, / robándole la vida, / que Dios la había dado, / pero nadie aún ha contestado: / ¡Si vives!, ¡Si te han matado!

Haciendo historia, y en nuestra ciudad de La Coruña, se produjo un acontecimiento –un secuestro–, que sin tener un móvil definido al principio (después, averiguaciones policiales posteriores concluyeron afirmando que “el mismo tuvo motivaciones sentimentales o amorosas”), conmocionó a España entera. Fue un delito atípico para aquellas fechas (23 de septiembre de 1957).

Corría el mes de septiembre de 1957, cuando un niño de dos años y medio, que se encontraba al cuidado de su niñera jugando en los jardines de Méndez Núñez, desapareció, confirmándose posteriormente que había sido raptado. A los tres días del suceso, el menor –’Pepito Mendoza’–, fue devuelto a sus padres por el Superior de los Jesuitas, a quien se le habían entregado bajo secreto de confesión.

Fue decisiva la labor llevada a cabo por los medios de difusión de noticias (prensa y radio), por la población de nuestra ‘ciudad cristal’ y por la Policía de la capital coruñesa, mandada a la sazón por don Mariano: comisario, querido y respetado por los coruñeses. Sin la intervención de las aludidas fuerzas propulsoras, el pequeño, sin duda, no hubiera sido entregado a sus padres, como lo fue, a los tres días de su desaparición. Se detuvo a la autora del secuestro un mes más tarde. Por cierto, don Mariano, fue mi padre, del que me siento y me sentiré orgulloso el resto de mis días.

Hoy en día ‘Pepito Mendoza’ se ha convertido en todo un hombre (José Mendoza, fallecido en mayo de 2009), que vivió en Valencia, esa tierra maravillosamente industrial, artesana, creativa, amante del campo, de las bellas artes, con sus bellas mujeres… (¡Qué más puedo decir de Valencia…!). La Policía española dio muestras, una vez más, de que, cuando quiere y le dejan –los Gobiernos de turno–, está a la altura de las mejores del mundo. Y esto es una verdad como un templo.

Mariano Cabrero es escritor

Fotografía de Anabel Segura
Fotografía de José Mendoza


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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