Jueves 24 de abril de 2014,
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Hospital Gregorio Marañón: camina o revienta

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Tras 6 meses manifestándose contra los recortes hoy comienzan un encierro sumándose a otros 12 centros sanitarios en todo Madrid

Tras la aprobación de los Presupuestos Generales de la Comunidad al menos 1.000 de sus trabajadores interinos no saben si trabajarán a partir del 1 de enero

En el Hospital Gregorio Marañón de Madrid existe una obra de arte escondida, entre maleza y ramas secas, del escultor José Luis Sánchez. Está frente a las Consultas Externas y a pesar de todo el trasiego que tiene esa zona de pacientes y personal pasa desapercibida. Es una obra desdeñada, olvidada y devaluada a través del tiempo. Quizás sea una analogía de lo que está sucediendo en Madrid con la sanidad pública, trabajadores públicos y en general con todo lo que supone el Estado de Bienestar.

El pasado miércoles el Gobierno Regional aprobó el Anteproyecto de Presupuestos Generales de la Comunidad de Madrid para 2013, en el que, entre otras, se aprueban medidas con dos objetivos fundamentales: privatizar la sanidad madrileña y disminuir de forma drástica su número de trabajadores. Y esto supondrá la pérdida de casi 8.000 puestos de trabajo. Así de contundente.

Los nuevos Presupuestos Generales de la Comunidad de Madrid puede significar la pérdida de 8.000 puestos de trabajo en la sanidad

Los trabajadores del Hospital Gregorio Marañón se llevan manifestando en la calle desde hace seis meses, desde que se suprimió la paga de Navidad, se penalizara estar enfermo con descuentos muy importantes en nómina y, en general, por todos los recortes salvajes en materia de salud.

En las concentraciones de la calle O’Donnell el número de trabajadores ha disminuido, sobre todo desde que en el mes de septiembre les acompañen policías antidisturbios del Ayuntamiento de Madrid que acuden a la misma hora de los manifestantes, escoltándolos desde su inicio de la marcha hasta el final de la concentración, evitando que éstos corten el tráfico en señal de protesta y con gritos de Sanidad Pública. Pero no sólo los trabajadores no acuden a estas concentraciones por la presencia policial. El desánimo recorre pasillos enteros del centro, se introduce en las charlas diarias en el desayuno, con cientos de rumores como que está pendiente un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) de dimensiones inimaginables contra el personal laboral del Gregorio Marañón que afectaría a miles de profesionales o el desmantelamiento de la sanidad pública poniéndola a manos de inversión y fondos de capital de riesgo como las empresas de Capio, Adeslas, entre otras.

Hay miedo, desazón, inseguridad y enfado, mucho enfado. Y más cuando el pasado viernes se conoció la privatización de los seis hospitales que funcionan como empresa pública (Norte, Vallecas, Arganda, Parla, Coslada y Aranjuez), además de la desaparición del Unidad Central de Radiodiagnóstico. Esto afectaría a 5.500 profesionales sanitarios de los que tan solo 1.418 son fijos y tienen por tanto garantizado su puesto de trabajo, o la noticia sobre el destino del Hospital de La Princesa que se transformará en un centro para la patología de las personas mayores, por lo que los servicios actuales desaparecerán.

El pasado viernes se conocío la privatización de seis hospitales de la comunidad, que afectará a 5.500 profesionales sanitarios

Todo esto y más hacen que el futuro del Gregorio Marañón, buque insignia de la sanidad pública madrileña y pionero en múltiples proyectos de investigación médica en todo el mundo se vea amenazado con esta corriente privatizadora que afectará de forma global a todo el centro.

Los profesionales del Gregorio Marañón trabajan con exquisita dedicación por su trabajo, lo hacen sin ruido, asumiendo el aumento de jornada que se les implantó desde el mes de marzo y esperando con pánico a ese futuro lúgubre que se acerca. Centenares de ellos tienen contratos de interinaje desde hace más de quince años, pensando que un día quizás, se convoquen plazas fijas en forma de consolidación de empleo, convocatorias actualmente paralizadas al igual que la contratación de jubilaciones (unas 500 anuales sólo en el centro) y demás contratos de interinaje.

Según la política de Ignacio González, que ha descargado el mayor golpe contra la sanidad madrileña con los Presupuestos para 2013, la estabilidad en el empleo pende de un hilo y mucho personal fijo se cuestiona si mereció la pena prepararse tan duramente las oposiciones que un día les aportó una plaza fija. “¿Hay algo fijo ahora?”, se preguntan muchos trabajadores.

Hoy mismo en el Gregorio Marañón los profesionales han comenzado con un encierro indefinido en el Aula Magna del centro, sumándose ya a un total de 12 centros sanitarios en todo Madrid encerrados en protesta de estas últimas medidas devastadoras tanto para los profesionales como para los ciudadanos usuarios de la sanidad pública.

Hay miedo, mucho miedo por la incertidumbre. Hay desmotivación y pocas esperanzas de conservar el puesto de trabajo ya que al menos 1.000 trabajadores del hospital, cuyos contratos finalizan el día 31 de diciembre, desconocen si estarán trabajando en el centro el próximo 1 de enero. Cada día, en cada turno de trabajo, surgen nuevos rumores a cual más sombrío en cuanto el futuro del hospital y de sus empleados. Se intuye que la peor de las noticias inimaginables salga publicada en la prensa un día de estos. Como ha sucedido en el hospital de La Princesa, la privatización de la Lavandería Central o el Expediente de Regulación de Empleo que afecta a unos ochenta trabajadores sobre un total de cien personas que había en la plantilla en la Agencia Laín Entralgo.

En las asambleas resurge la petición de unidad entre todas las categorías, propuestas para la inminente huelga general, el grito de lucha, la suma de la huelga indefinida de médicos a finales del mes de noviembre y también argumentos de que de nada sirve protestar, pues la decisión del Gobierno de Madrid está firmada y que todo sigue adelante con la privatización y los despidos. Lo cierto es que el Hospital Gregorio Marañón puede llegar a tener la misma fuerza de antaño, la misma firmeza que un día le caracterizó en la lucha por los derechos laborales y sociales. Y esto puede ser posible caminando o reventando en el intento. Quizás la última palabra lo tengan tanto los profesionales de la salud, como también los propios ciudadanos, pues la oleada de cambio en el mapa sanitario madrileño nos afectará en un futuro no muy lejano. Y merece la pena pelear por lo que es de todos como es la sanidad pública universal que garantice el derecho fundamental a la salud y la vida.


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