Domingo 23 de julio de 2017,
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Hoy se celebra el Día Mundial sin tabaco

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Una historia personal de un fumador que dejó de serlo

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Hoy es un buen ´día para dejar vacíos los ceniceros

La OMS,
centra este año la campaña contra el tabaquismo, en los jóvenes. Parece
lógico, cuando la mayoría de nosotros es en edades tempranas cuando,
inocentemente, caímos en este vicio. Un vicio que mata a entre un tercio y la mitad de los consumidores de esta droga.

Yo empecé a fumar a los 18 años, un poco tardío, pero me dí una prisa impresionante en coger el ritmo de consumo de los más ávidos del vicio.

Mi primer ‘piti’ fue de tabaco rubio. Me supo francamente mal, pero no recuerdo resistirme al siguiente cigarrillo… ni al siguiente, ni al siguiente. Pronto, mi escuálida economía no daba para costear el hábito y me pasé al negro. ¡Este sí que era tabaco de hombres!

El cambio, realmente, supuso un gran acierto, mirándolo, estrictamente, por el lado económico. El negro, era mas barato (lo recuerdo a 51 pesetas en estanco) y además lo podías ofrecer a diestro y siniestro sin que tu paquete fuera menguando a golpe de “gorroncillos” o fumadores de tabaco ajeno.

Como hiciera Dani de Vito en ‘la Guerra de los Rouse’, guardé el cigarro que jamás me he fumado en un tubito de puro de boda

No es un tipo de tabaco tan socializador como el rubio, pero daba un prestigio varonil que fardaba mucho.

El negro me acompañó el resto de mi vida hasta hace tres años. El 25 de septiembre de 2005, como hiciera Dani de Vito en ‘la Guerra de los Rouse’, guardé el cigarro que jamás me he fumado en un tubito de puro de boda.

Lo tengo aun guardado, en una estantería, con su fecha y con el ultimo precio que aboné por el paquete; 2.40€.

No voy a engañar a nadie, dejar de fumar… ¡no es nada fácil! Por mucho que haya libros de autoayuda que insistan en ello -yo también me leí el famoso librito-.

También parcheé mi brazo. También mastiqué chicles insípidos, o peor, asquerosos, que mermarían el mono. Y no. No me hicieron nada. En este caso, mirándolo desde la perspectiva económica, la inversión fue ruinosa. Continué con el ‘trujas’, que me salía mejor.

Un día, salía de casa a currar, me quedaba un solo cigarrillo así que enfilé hacia el estanco. Lo saqué, me lo puse entre los labios iba hacia la papelera de la esquina para echar el paquete todo arrugado y…

En ese mismo instante, decidí no fumarme el cigarro. Desarrugué el paquete, volví a meter el piti. Tiré el mechero a la papelera de la esquina y me dije “a ver cuanto aguantas”.

Y hasta hoy…

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Esta noticia concursa en el I Premio  Periodista Ciudadano en la categoría de: Sociedad y Ciudadanía

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