Lunes 26 de septiembre de 2016,
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Huelga general de funcionarios

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Ahora me pregunto si la palabra huelga puede definir la parodia actual y la realidad de las huelgas de hace décadas

La primera huelga de la que soy consciente es de la de usuarios de los tranvías de Barcelona. Debía ser por 1956, bajaba yo del barco procedente de Palma de Mallorca, y diría que era el 29 que me dejaría en la Plaza Universidad. Iba vacío. En el trayecto me abuchearon, pero hasta que llegué a casa no entendí que se me dirigieran, e ignoro si comprendí lo que en casa me explicaron. Debió ser la primera vez en mi vida que tomaba conciencia de la palabra huelga. No fueron demasiados los que me increparon, pero recuerdo la imagen. Tenía 16 años.

El funcionariado español es la pura esencia de aquel franquismo, incluídos estos sindicatos que son lo más parecido a aquellos verticales de funcionarios a sueldo del Régimen

Ahora entiendo que aquello sí era una huelga, no recuerdo si fue por subir cinco céntimos el precio del tranvía, 0,25 pesetas, o el del pan, que también provocó algunos altercados por entonces. Huelgas que salían del corazón, muy peligrosas, los grises no iban de broma. Ahora me pregunto si la palabra ‘huelga’ puede definir la parodia actual y la realidad de entonces.

Unos sindicatos, ¡grandes cuentistas!, que se proclaman ‘herederos e inspiradores de aquellas huelgas’, ¡qué fácil es atribuirse y apropiarse del dolor ajeno!, convocan la de funcionarios públicos porque les han bajado el 5% el sueldo. Quizá por algo parecido hubieran aparecido muertos por las calles de Barcelona. Franco jamás se hubiera atrevido a semejante ultraje, ¡bajar los sueldos, impensable! Porque a mi entender es más un ultraje que una medida aprovechable. Ese 5%, un grano de arena en el desierto de la quebrada España.

Y aquí he de añadir, ¡se lo merecen!, y que por mí ¡como si los despiden a todos! El funcionariado español es la pura esencia de aquel franquismo, incluídos estos sindicatos que son lo más parecido a aquellos verticales de funcionarios a sueldo del Régimen. Y a los que me insulten, ya les anticipo la contestación, como en mi adolescencia, ni me afectará ni seré consciente. He tratado con tantos y de tantos departamentos del Estado, y tan negativo en general el resultado, que no puedo por menos que alegrarme de sus desgracias profesionales.

Tenía programado un pequeño viaje y lo adelanté al lunes. A unas horas de salir del juicio por la corrupción en la Hacienda de Barcelona, cogí un autobús. Lo adelanté porque no quería sentirme vejado una vez más en honor y a favor de los funcionarios públicos. Gentes de las que solo he recibido desprecio, incomodidad y vejaciones. Que jamás me han aplicado, no ya algún favor, sino la parte legal más beneficiosa, y ni aún cuando obligado me he visto forzado a lo que llaman soborno, y yo ‘extorsión’, ha cambiado mi parecer, peor, porque pagar por lo que uno tiene derecho, es más vejación.

En fin, ¡no caerá la breva de que despidan el millón que sobra!


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