Sábado 03 de diciembre de 2016,
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¿Conoceremos China como conocemos Estados Unidos?

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De la hegemonía económica a la colonización cultural: las costumbles chinas empiezan a dejar de ser desconocidas

-Estudia chino, hijo, que es el futuro.

Ahora, los padres y las madres instan al estudio de esta lengua oriental conscientes ya de que ha sustituido al “estudia inglés” de su generación.

Las potencias marcan los dos pilares de la evolución humana: el comercio y la cultura. Hace poco veíamos cómo Zapatero recibía a los empresarios chinos y les enseñaba las virtudes de la banca y la economía españolas; venían supuestamente a comprar deuda, una expresión tan facilona hoy en día.

Aprendemos sus modales, aprenderemos su cultura, su lengua, sus costumbres, su ideología, su capitalidad ante el esfuerzo. Visitaremos Pekín como quien ha visitado Nueva York

Pero las potencias son mucho más. Roma llevó con ellos el teatro y el latín. España, el español y la iglesia católica. Inglaterra, el té y la barbarie y las buenas costumbres victorianas a partes iguales. Estados Unidos los rascacielos, el lejano oeste, y la hamburguesa.

¿Y China? ¿Cuánto tardaremos en conocer algunas provincias chinas como recitamos Wyoming, Washington, Utah, California…?

En 2008 abrazaron al mundo entero al albergar los Juegos Olímpicos en Beijing (no hace mucho era Pekín), y ya todo parece normal allí a los ojos del mundo Occidental. Aquí, ya de tiempo atrás, en cada esquina hay un bazar –que tan buen servicio hace en tiempos apretados-, cada vez más tascas han sustituido el San Pancracio por el gato dorado de la suerte.

Hace poco se ha estrenado Confucio, que explica a un público masivo lo que ha sido el germen da la filosofía china de los últimos milenios. ¿Alguien se imagina estrenando la película ‘Aristóteles’ en China?

Es una película que bebe del ritmo del cine oriental, al igual que la popular ‘Tigre y Dragón’, con actores popularizados a la luz de Hollywood, pero realizada con una paciencia narrativa metodológica con sus dosis de violencia programada y filosofía vital: esfuerzo, sabiduría, paciencia, meditación, sacrificio…

Hace pocos lustros, ir a un restaurante chino era algo que se miraba con fascinación. Ahora, mucha gente puede recitar un menú chino con la misma facilidad que los de un Mc Donalds.

No sólo están llegando cada vez más, sino que ya están aquí. Aprendemos sus modales, aprenderemos su cultura, su lengua, sus costumbres, su ideología, su capitalidad ante el esfuerzo. Visitaremos Pekín como quien ha visitado Nueva York.

Quizás, incluso, aprendamos su forma de desarrollar el trabajo; y acabemos todos, crisis mediante, trabajando como chinos para subsistir: volviendo a la concepción medieval del trabajo.


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Sobre el autor

1 comentario

  1. Anónimo 29/07/2011 en 0:28

    Desde mi punto de vista, este artículo de opinión recoge quejas y comentarios populares que más de una vez he oído: Los chinos están en todas partes, son inmigrantes, pero inmigrantes con poder económico y capacidad de trabajo faraónicas. Entiendo lógica resistencia de parte del dueño de la tasca evacuada, pero aquí lo que subyace es el sentimiento del miedo a aprender algo distinto.Qué hay de malo en que la gente trabaje más que la media, que hagan lo que ha venido haciendo USA con la economía y con nuestras mentes desde la 2ª Guerra Mundial. Tan mala se adivina la cultura Oriental? Algo tendrá que enseñarnos también, no? Aprender chino es aprender otro esquema y otra manera incluso de escribir, ya no de idioma. Es otro sistema, en fin, que me parece un tanto peligrosa la idea subyacente a este texto.

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