Viernes 25 de abril de 2014,
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¿Cuánto perderíamos con la desaparición del programa Erasmus?

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Este año se habían cumplido 25 años del Programa Erasmus

España es/era el mayor emisor y receptor de estudiantes Erasmus. Enviaba 36.183 y recibía 37.432

La 1ª promoción de Erasmus en 1987 fue de 3.244 estudiantes, hoy en día alcanza los 200.000 estudiantes al año.

El portavoz de Presupuestos de la Comisión Europea, Patrizio Fiorilli, anunciaba el 3 de octubre que “la mayor parte de las ayudas a los estudiantes Erasmus para el periodo entre enero y septiembre ya se han pagado, pero para lo que queda del año sólo se ha cubierto el 70%“.

Para lo que queda de año solo se han cubierto el 70% de las ayudas. Erasmus es uno de los programas a los que afecta los recortes de la UE

Por esta razón es necesario reflexionar brevemente sobre las posibles consecuencias de su desaparición:

1.- La construcción de una Europa desde la ciudadanía y no desde las élites dirigentes. En estos 25 años hasta 2,5 millones de personas han estudiado en otro país gracias al programa Erasmus. El tiempo ha demostrado que los lazos personales que surgen de estas estancias perviven en el tiempo.

2.- El programa Erasmus ha permitido la homologación de titulaciones en toda Europa haciendo mucho más fácil la movilidad laboral dentro de los países de la UE (resulta obvio remarcar su importancia en tiempos de crisis…).

3.- Afirmaba Pío Baroja que “el nacionalismo se cura viajando”. Esta medida puede ser considerada no sólo económica sino también política e ideológica. A menos Europa, más Estado-nación. El programa Erasmus ha permitido que las identidades relacionales establezcan un diálogo hasta entonces desconocido con las identidades pasionales.

4.- En el binomio movilidad-comunicación, la movilidad garantiza el intercambio pero no así la comunicación. Un ejemplo ‘anecdótico’, hace unos años la diferencia entre aquellos alumnos que tenían una cuenta en Tuenti y aquellos que también usaban Facebook era que tenían amigos fuera (y de fuera). Hoy en día, todos los estudiantes usan las dos redes sociales indistintamente.

5.- Las consecuencias económicas. La ayuda del programa Erasmus rondaba los 200 euros mensuales. De esta forma, las estancias estaban sufragadas en gran parte por el apoyo de los padres o por el trabajo y los recursos de los propios estudiantes. Por otra parte, los más de 35.000 estudiantes que España enviaba y recibía suponían una fuente de ingresos muy importante para ciudades tradicionalmente ‘universitarias’.

6.- La experiencia personal. Hay una expresión universitaria que señala que ‘el Erasmus es el nuevo servicio militar, pero con todas las ventajas que tenía la mili y ninguno de sus inconvenientes’… Sin embargo, no podemos olvidar que “conocer lo que hacen los ‘otros’ aumenta nuestra propia exigencia”.

Gracias a la ‘Erasmus’ hasta 2,5 millones de personas han estudiado en otro país. Los 35.000 universitarios que España enviaba y recibía eran una fuente importante de ingresos para las ciudades

7.- Afirmaba Umberto Eco en 1994 que “el proyecto Erasmus nos hace entrever el destino de cientos de miles de estudiantes que, gracias a sus stage en el exterior, podrán dar lugar a matrimonios mixtos de los cuáles nacerán hijos bilingües. Y así será bilingüe dentro de pocos decenios la nueva clase dirigente europea”. En un contexto global, las universidades acabarán exigiendo para obtener el título de graduado un dominio de otros dos idiomas (el mercado ya lo hace).

8.- Hay que reforzar los lazos entre universidades con nuevos acuerdos. La solución no pasa por suprimir o reducir el programa Erasmus sino porque cada universidad establezca un acuerdo con la universidad de destino para que el alumno entre también en la bolsa de trabajo de la universidad que acoge al estudiante (como el resto de estudiantes de la universidad). De esta forma, el estudiante no sólo adquirirá unos conocimientos diferentes sino que podrá realizar prácticas en el extranjero que le permitirán acceder, a su vuelta, al mercado laboral con mayor facilidad.

9.- Las Universidades españolas deben multiplicar sus acuerdos Erasmus, pero también los internacionales. Aunque seamos el primer emisor y receptor, en España hay cerca de un millón y medio de universitarios (a falta de conocer las consecuencias del aumento de tasas de este curso) y ‘sólo’ 36.183 estudiantes pueden aprovecharse este año del programa Erasmus.

10.- Es hora de hacer políticas de Estado y no políticas de partido. El Gobierno central y las Comunidades Autónomas deberán apoyar a las universidades para seguir desarrollando y mejorando el programa Erasmus ya sea a través de acuerdos bilaterales con otros países o del aumento de becas, incrementando también los requisitos (independientemente de las políticas que se quieran tomar desde la UE).

Si desde España apostamos por el programa Erasmus, seguro que no nos arrepentimos dentro de 25 años. Y en estos momentos, es mucho decir.


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