Jueves 29 de septiembre de 2016,
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¿Es falta de educación política, o menosprecio a nuestra inteligencia?

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OPINIÓN / Preguntas sin respuesta y falta de autocrítica son una constante en la mayor parte de los partidos políticos de hoy en día, por lo que dan la impresión de estar menospreciando continuamente la inteligencia de muchos ciudadanos

A menudo hay ciertos detalles que, a pesar de que en un principio nos puedan pasar inadvertidos o parecer insignificantes, lo cierto es que en el fondo nos pueden indicar un determinado tipo de comportamiento por parte de determinadas personas y personajes públicos. Supongo que los estrategas políticos, tras analizar meticulosamente las continuas encuestas a la ciudadanía, a estas alturas habrán deducido que ni tan siquiera determinados comportamientos, al menos para mí no demasiado recomendables, hacen variar la intención de voto de la ciudadanía en general. Pero quizá para intentar poder explicar a dónde quiero llegar, permítanme dar un pequeño rodeo pues considero que de esa forma podrán entender mucho mejor el sentido final de este artículo y de la pregunta que lo encabeza.

Los estrategas políticos, tras analizar las continuas encuestas a la ciudadanía, a estas alturas habrán deducido que ni tan siquiera determinados comportamientos hacen variar la intención de voto de la ciudadanía en general

Verán, de niños siempre nos enseñaron que no contestar era un claro signo de mala educación, pero al parecer, esa educación que tanto yo como muchos otros ciudadanos recibimos en nuestra infancia, no fue la misma que recibieron una buena parte de nuestros políticos. O eso, o es que esta sociedad que estamos construyendo ya no atiende al sentido común y a las buenas maneras, pues tal y como oí decir a un conocido mío hace un tiempo, lo bueno de las nuevas tecnologías, como por ejemplo puede ser el caso del correo electrónico, es que a diferencia del teléfono al recibir los e-mails no te ves en la obligación de contestar. En fin, no sé qué pensarán ustedes, pero yo todavía conservo la ‘mala costumbre’ de responder a todas aquellas personas que intentan decirme algo, ya sea a través de un correo electrónico o de forma directa.

Así pues, y como les decía hace un momento, he hecho esta pequeña introducción debido a que, y poniendo de nuevo un simple ejemplo de los innumerables que hay para explicar lo que intento decir, después de ver por televisión este pasado verano algunos fragmentos del último debate sobre el Estado de la Nación pude observar que eso de no contestar se ha instalado definitivamente en las costumbres de nuestra sociedad, pues el ejemplo que nos dieron Rajoy y Zapatero, nuestros máximos representantes en Las Cortes, invita a creer en ello.

Tanto el uno como el otro, una vez hechos sus respectivos discursos, en teoría tenían la obligación de responder claramente a todas aquellas cuestiones que los miembros de los grupos parlamentarios les formulaban, pero para nuestra sorpresa (bueno, a estas alturas más que sorpresa es ya simple indignación), todos pudimos comprobar que ambos pasaban de puntillas, o simplemente eludían entrar al trapo, en cuestiones referentes al ‘Estatut de Catalunya’ (en este caso Rajoy) o en temas como el por qué se ha eliminado la declaración de patrimonio, que es precisamente la que pagan los que más tienen, en una época en la que se ha subido el IVA y este impuesto curiosamente lo paga de igual forma el multimillonario que el parado (esto lógicamente dirigido a intentar conseguir una respuesta coherente por parte de Zapatero).

Nuestros líderes son capaces de alguna forma de ‘tirar la piedra y esconder la mano’ sin ningún tipo de rubor y ante millones de personas

Pues bien, si nuestros líderes son capaces de alguna forma de ‘tirar la piedra y esconder la mano’ sin ningún tipo de rubor y ante millones de personas, que no nos extrañe que en no muchos años, y si la sociedad por inercia va tomando este tipo de ejemplos, pasemos de saludarnos con un cordial ‘buenos días’ a un ‘sí, ya es de día, ¿pasa algo?’, pues la falta de educación y las malas costumbres son tan pegadizas como cualquier ‘canción del verano’. De todas formas, y pensando profundamente en lo que más nos interesa, que es el comportamiento real de muchos políticos, lo peor de todo no es la posible falta de educación en este sentido de algunos de ellos, ya que si lo analizamos bien siempre tratan de guardar las formas ante la opinión pública, sino que lo verdaderamente dramático y preocupante es que en realidad dan la sensación de que están infravalorando continuamente la inteligencia de todos los ciudadanos o, al menos, la de todos aquellos que todavía conservamos la sana costumbre de querer razonar y pensar, dejando a un lado posturas partidistas.

Pero ahondando un poco más en esos ‘silencios’ a los que me refería antes, quizá dichos silencios sean menos perjudiciales que esa típica costumbre de otros políticos que, cuando por ejemplo son preguntados por la posible corrupción existente en las filas de sus propios partidos, en lugar de intentar aportar soluciones contundentes, responden con otras preguntas acerca de la corrupción de sus oponentes. Sí, según parece por desgracia hoy en día también los hay que adoptan esa infantil y conocida frase del ‘y tú más que yo’ (algo que muchos dejamos de decir tras cumplir los once o doce años). En fin, posiblemente es lo que hay, y es por tal motivo por el cual considero que, de una vez por todas, la ciudadanía ha de despertar de una forma definitiva. Además, ya no sólo se conforman con acusarse mutuamente sin dar soluciones al respecto, sino que últimamente se ha instaurado más o menos la típica frase de ‘mi oponente miente, eso no es verdad’, sin ir tal afirmación a mayores. Pues bien, señores políticos, si son capaces de decir algo que no es verdad, o por el contrario acusar a otro de mentir, se ha de demostrar claramente al ciudadano quién de los dos ‘contrincantes’ ha mentido para que de esa forma sea expulsado inmediatamente de la vida pública, pues la política debe ser una de las cosas más serias y transparentes que existe en una comunidad, puesto que a través de ella se rige el destino de millones y millones de seres humanos.

A todos esos políticos que desarrollan unas malas prácticas políticas, les interesa que cada vez sean más los ciudadanos que no muestren un interés, pues si la sociedad no tiene un criterio para valorar lo que hacen, ellos podrán más fácilmente hacer y deshacer a su antojo

¡Ah!, y si alguien, por un casual o por no haber entendido realmente el sentido de mis palabras, deduce que estoy criticando a la política en general, va totalmente desencaminado, pues no es a ella a la que critico, sino a la práctica que hacen precisamente de ella muchos de aquellos que, ‘en teoría’, nos representan. Y en este sentido, añadiré que jamás he comprendido esa costumbre que últimamente se está instaurando en la sociedad de decir de forma orgullosa que “yo soy apolítico”, pues evidentemente la política es algo fundamental para el buen funcionamiento de cualquier Estado que se precie de ser democrático. Considero que adoptar esta postura es como decir que no nos interesa la justicia al descubrir un error judicial. Más aún, creo que a todos esos políticos que desarrollan unas malas prácticas políticas, les interesa que cada vez sean más los ciudadanos que no muestren un interés en ese sentido, pues evidentemente si la sociedad no tiene un criterio para valorar lo que hacen, ellos podrán más fácilmente hacer y deshacer a su antojo.

Sí, pienso que la política es necesaria y, además, algo que nos incumbe a todos, de ahí que considere que en lugar de desligarnos de ella, lo que debemos hacer es intentar informarnos cada vez más para así saber mejor las posibles consecuencias de lo que nuestros dirigentes nos proponen.

Por cierto, y aprovechando que estoy hablando de política, esto que voy a decir va dirigido, por supuesto, a todos los políticos de altos vuelos: ¿por qué no dejan ya definitivamente de marear la perdiz al hablarnos de forma abstracta, y le ponen de una vez por todas nombres y apellidos a esos a los que suelen llamar ‘los mercados’? Sí, esos precisamente que últimamente nos están llevando a los ciudadanos por la calle de la amargura. Porque que sepamos, el dinero es de alguien, y o bien puede ser un ‘dinero solidario’. que paga impuestos como cualquier ciudadano, o ser un dinero especulativo e insolidario, que pertenece a algunos de esos que se suelen agazapar en los paraísos fiscales a la espera de cualquier oportunidad para enriquecerse aún más.

Así pues, y por supuesto bajo mi punto de vista, simplemente querría recalcar, ya para acabar, que ésta debería ser la primera pregunta que la ciudadanía debería hacer a los políticos en los próximos comicios electorales. Sí, esta sería la primera pregunta, pero evidentemente la primera de una larguísima lista de respuestas pendientes.

Víctor J. Maicas es escritor


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Sobre el autor

Viajero incansable y escritor, mis novelas publicadas son “La playa de Rebeca”, “La República dependiente de Mavisaj”,“Año 2112. El mundo de Godal” y "Mario y el reflejo de la luz sobre la oscuridad". Son, principalmente, novelas comprometidas y de crítica social. Además, he escrito artículos para la prensa escrita así como también para diferentes publicaciones digitales. En la actualidad soy miembro del Consell de Cultura de la ugt-pv y socio o colaborador de diferentes ONG’s

2 Comentarios

  1. Anónimo 25/05/2011 en 15:46

    Buen artículo en el que se quedan retratadas muchas actitudes de los políticos que lo que tendrían que hacer es reflexionar para así entender mejor lo que los jóvenes estamos reclamando en la calle.

    Democracia real ya!

  2. Anónimo 16/05/2011 en 21:59

    Buena crítica sobre las malas prácticas políticas que por desgracia invaden a la mayor parte de los partidos políticos en la actualidad. Tenemos que raccionar para cambiar esta situación.

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