Martes 27 de septiembre de 2016,
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¿Hacia la paz o hacia la guerra en Oriente Próximo?

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Las revueltas en los países árabes, el aumento de los precios de los alimentos o las tensas relaciones de Israel podrían producir cambios en el inestable puzzle de Oriente Próximo

Desencuentros Egipto-Israel

Egipto siempre ha sido una pieza clave para mantener la hegemonía norteamericana en Oriente Medio y el norte de África, pero los cambios producidos en el pueblo egipicio y que tuvieron su escenificación en la plaza Tahrir de El Cairo el día 25 de enero (día de la ira) para pedir el fin de la dictadura de Hosni Mubarak, se han traducido en una creciente desavenencia entre los Gobiernos de Egipto e Israel.

Así, bajo el mandato de Bush Jr., Egipto habría renunciado a la opción nuclear y entregado el control del espacio estratégico de Oriente Próximo a la aviación israelí a cambio de una ayuda anual de mil millones de dólares. Debido a la presión de la opinión pública, se ha autorizado a Egipto y Jordania para que a finales de año emprendan la producción nuclear para uso civil bajo control estadounidense, con lo que han acumulado un retraso tecnológico de cincuenta años con respecto a su vecino israelí, que se vería compensado con el incremento de la ayuda económica de EEUU hasta alcanzar los 3.000 millones de dólares anuales.

Los cambios producidos en Egipto desde el 25 de enero, comienzo de la revolución del pueblo, se han traducido en una creciente desavenencia entre Egipto e Israel

Sin embargo, los desencuentros se plasmaron tras conocerse el anuncio de la firma de un acuerdo de reconciliación el próximo 5 de mayo en El Cairo con la presencia de Abás y el líder de Hamás, Jaled Meshal (bajo supervisión de la Liga árabe) y el manifiesto del presidente palestino, Mahmud Abbas de avanzar en los esfuerzos para la creación de un Estado palestino fuera de las negociaciones con Israel y teniendo en cuenta las fronteras con 1967, opción que contaría ya con el apoyo de países latinoamericanos como Chile, Argentina, Paraguay, Ecuador, Bolivia y Brasil.

A ello se sumaría la sospecha de que El Cairo espera reanudar sus vínculos con Irán y renegociar un antiguo contrato para suministrar gas natural a Israel, siendo la guinda del pastel la presunta decisión de las autoridades egipcias de abrir el cruce hacia Gaza en Rafa (cerrado durante los últimos cuatro años como parte del bloqueo del enclave, respaldado por Occidente, a fin de debilitar a Hamás), lo que en la práctica equivaldría al fin efectivo del bloqueo.

Hacia un Gobierno de Unidad israelí

Desde que los movimientos palestinos Fatah y Hamas anunciaron su reconciliación el pasado miércoles, después de cuatro años de disputas. Los líderes israelíes no han dejado de expresar su preocupación e incredulidad. Así, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, calificó el acuerdo de “tremendo golpe para la paz y gran victoria para el terrorismo” y Livni acusó al gobierno del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, del actual estancamiento en las conversaciones para la paz con los palestinos, por no avanzar en la búsqueda del final del conflicto mediante la existencia de dos estados, conviviendo uno junto al otro en armonía.

Líder del partido Israel Beitenu y residente en el asentamiento de Nokdim (en el territorio disputado de Judea y Samaria, nombres bíblicos de Cisjordania), Lieberman encabeza el sector más intransigente de la coalición de gobierno y desde el principio se ha mostrado muy escéptico sobre el proceso negociador en el que se hallan embarcados Netanyahu y el presidente palestino, Mahmud Abás. Las desavenencias entre Netanyahu y Lieberman no son nuevas pues ya tuvieron un sonoro desencuentro el pasado mes de junio, pero la intransigencia de la ultraderecha podría

Si se rompiera la actual coalición de Gobierno en Israel, quizá habría llegado el momento de Livni, partidaria de la posición paz por tierra

terminar por hacer añicos la actual coalición de Gobierno israelí (formada por el Likud, Shas, Israel Beitenu y Partido Laborista), con una mayoría cómoda de 66 diputados, pero lastrada por su hetereogenidad y sus irreconciliables diferencias sobre la política de nuevos asentamientos.

Caso de romperse la actual coalición de Gobierno israelí, habría llegado el momento de la ganadora moral de las pasadas elecciones israelistas: Tzipi Livni, líder del Partido Kadima (28 diputados) y actualmente líder de la oposición (la baza oculta de la Administración Obama para encauzar definitivamente el proceso de paz palestino-israelí).

Tzipi Livni evolucionó desde el ultranacionalismo sionista de su juventud a un posibilismo que asume la estatalidad palestina y la renuncia a parte de Cisjordania para preservar el carácter judío del Estado de Israel y fiel al Pensamiento de Ben -Gurión “Prefiero la unidad del pueblo judío, a la unidad territorial de Israel”, estaría dispuesta a recorrer un largo trecho en forma de concesiones a cambio de la paz con los vecinos árabes, aunque siempre con la condición ‘sine-qua-non’ de lograr que el Estado de Israel sea fuerte, autosuficiente y respetado por los países de la región.

Dicho Gobierno de Unidad estaría constituido por el Kadima (28 diputados), el Likud (27) y Avodá (Partido Laborista Israelí) (13) y lograría una cómoda mayoría (68 escaños del total de 120 que componen el actual Parlamento hebreo, Knset), lo que daría estabilidad al futuro Gobierno y permitiría retomar con fuerza las colapsadas conversaciones de paz con la Autoridad Palestina.

Implicación personal de Obama en el nuevo proceso de negociación

El presidente estadounidense, Barack Obama, recibirá el próximo 20 de mayo al primer ministro, Binjamín Netanyahu, en la Casa Blanca, tras la visita de Peres a Washington, que habría adelantado a Obama las líneas maestras de un nuevo plan de paz que Netanyahu tenía intención de anunciar en mayo.

Obama se vería obligado a participar personalmente en el proceso de negociación con el objetivo

El próximo 20 de mayo Obama recibirá a Netanyahu, con la intención de relanzar el proceso de paz entre Israel y Palestina

de establecer las bases para la creación del futuro Estado Palestino (previo reconocimiento del Estado de Israel por parte palestina), contando con la ayuda de la UE, que sometería a estudio la revisión de los Tratados preferenciales con Israel como medida de presión para el retorno a las negociaciones de paz.

Dicha negociación podría concluir con la firma de un Tratado de Paz entre el nuevo Primer Ministro israelí y el nuevo Presidente de la Autoridad Palestina, tras la retirada definitiva de Abbas (acusado por Hamás de ser un aliado estratégico de EEUU e Israel y presidente ilegítimo de los palestinos desde que su mandato finalizara en enero pasado), ‘impasse’ político que podría tener su desenlace en 2012 con la elección de un nuevo Presidente de la Autoridad Palestina que sería el representante del nuevo Gobierno de Unidad que surgirá tras la previsible convocatoria de elecciones para finales de 2011.

Acuerdos de Oslo III

Bajo presión del Cuarteto para Oriente Próximo, Hamás procedería a la liberación del soldado judío Gilad Shalit (cautivo en la Franja desde el 25 de junio de 2006), renunciar a la violencia y aceptar los acuerdos respaldados por la Autoridad Palestina, como los de Oslo; y, en contrapartida, Israel accedería a flexibilizar el boicot a Gaza, no siendo descartable la aplicación por parte de la ONU del Capítulo VII de su Carta Constitutiva.

Dicho acuerdo contaría con las bendiciones políticas de Egipto, Rusia, Siria e Irán, y como colaboradores económicos necesarios en la reconstrucción de Gaza a Arabia Saudí, EE.UU., U.E., Japón y Emiratos Árabes (con un costo aproximado de 2.000 millones de dólares) y debería ser global y vinculante para todos los países del área geopolítica de Oriente Próximo y lograr la instauración de un nuevo ‘status quo’ en la zona (‘Pax obamaniana‘) una vez resuelto el contencioso nuclear de EE.UU. con Irán y el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países.

Esta operación contará con la inicial oposición del influyente lobby judío de EE.UU., pero que podría terminar aceptando al recibir Israel como contrapartida las bendiciones de EE.UU. a la culminación

Las revueltas árabes y la carestía de los alimentos podrían dar lugar a una nueva etapa de incertidumbre en las relaciones entre Israel y los estados árabes

del Muro de Cisjordania (que incluiría aproximadamente el 10% del territorio de Cisjordania, incluida Jerusalén Este) y el incremento de la ayuda económica cifrada durante la Administración Bush en unos 3.000 millones de dólares de ayuda (monto que representa casi el 2% del PIB de Israel).

Una paz inestable

Sin embargo, caso de producirse un acuerdo de paz será inestable y su duración dependerá de las negociaciones de Israel con Siria para la devolución de los Altos del Golán y de la futura actitud de Hizbolad y Hamas, pues si ambas formaciones persisten en sus ataques a territorio israelí, podría incrementarse la tensión en la zona y reeditarse la ‘Operación Plomo Fundido‘.

Por otra parte, la carestía de productos agrícolas básicos para la alimentación (trigo, maíz, arroz, sorgo y mijo) y el incremento bestial de dichos productos en los mercados mundiales, que irá presumiblemente ‘in crescendo’ a lo largo de los próximos años hasta desembocar en una crisis alimentaria mundial, afectaría especialmente a Egipto en forma de desorbitante carestía y escasez de alimentos básicos. En el caso egipcio vendría agravado por su desarrollo económico suicida al favorecer crecimientos desmesurados de macrourbes y megacomplejos turísticos y la consiguiente reducción de superficie dedicada al cultivo agrícola.

Ello podría provocar violentos estallidos sociales y un posible golpe de estado (rememorando a Nasser, 1956) y posterior estrechamiento de relaciones ruso-egipcias que convertirían a Egipto en el portaaviones continental de Rusia y, aunado con la extensión de su área de influencia al resto de países árabes que circundan a Israel (Siria, Líbano, Palestina y Jordania), gestaría la semilla de un nuevo movimiento panislamista que podría terminar por reeditar la Guerra de los Seis Días.

En el caso de consumarse el enfrentamiento bélico y una nueva victoria militar israelí, asistiríamos a la anexión de la Franja de Gaza, del Sur del Líbano y del Sinaí, quedando Israel parapetado en un escudo protector completado con la culminación del Muro de Cisjordania (que incluiría aproximadamente el 10% del territorio de Cisjordania, incluida Jerusalén Este) y el control de los Altos del Golán, contando Israel con EE.UU. y su fuerza nuclear disuasoria como únicos aliados y quedando el pueblo palestino condenado a la diáspora y al ostracismo político internacional.


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