Jueves 08 de diciembre de 2016,
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¿Hacia un nuevo fracaso del G-20?

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INTERPRETACIÓN / El previsible fracaso del G-20 en su intento de recuperar la gobernanza de la economía global podría dar lugar a nuevas políticas proteccionistas

Según el Memorando de Gonzalo Caballero Miguez en falternativas.org, “La cumbre del G-20 que se celebrará en Cannes los días 3 y 4 de Noviembre de 2011 constituye la sexta cumbre de este órgano desde que se generó la crisis económica internacional. El G-20 se ha configurado como el órgano de coordinación económica de los gobiernos de las principales potencias y países emergentes para hacer frente a la crisis económica y financiera internacional” y los países que lo integran representan el 85 por ciento de la producción global.

Según falternativas.org, “El objetivo principal de este Cumbre del G-20 debiera ser evitar la recesión económica en 2012 e impulsar la recuperación económica global y el empleo (…) pues desde que se inició la crisis habría 30 millones de desempleados más en el mundo, llegando el número total de desempleados a los 200 millones” y un déficit de 65.000 millones de dólares en los presupuestos de los países pobres (cerca de 44 millones de personas vivirían en la absoluta pobreza, según Oxfam).

Durante el 3 y 4 de noviembre se celebra en Cannes la sexta cumbre del G-20 con el principal objetivo de impulsar la recuperación económica mundial

Sin embargo, la crisis de deuda soberana de los países europeos se convertirá en el tema estrella de la reunión para que la crisis sistémica no acabe lastrando la recuperación económica mundial, ya que el fenómeno de la globalización económica ha conseguido que todos los elementos racionales de la economía estén interrelacionados entre sí debido a la consolidación de los oligopolios, la convergencia tecnológica y los acuerdos tácitos corporativos.

Crisis de deuda soberana de la Eurozona

Los Jefes de Gobierno de los países miembros de la Eurozona acordaron un nuevo “plan de ayuda a Grecia por un valor total de 230.000 millones de euros (incluidos 100.000 millones, en forma de condonación de la deuda, asumidos por los bancos acreedores) y al refuerzo del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), ampliando su dotación hasta un billón de euros”, según primicia.com, en el caso de que los problemas de la deuda soberana acabasen lastrando a Italia o España.

Para empezar, según Público, “se utilizarán los 250.000 millones que quedan en el fondo (inicialmente dotado con 440.000) para avalar un 20% o un 25% de las pérdidas potenciales en las nuevas emisiones de deuda de la zona del euro pudiendo llegar a cubrir hasta un billón en operaciones”. “China podría aportar entre 50.000 y 100.000 millones de dólares al FEEF o a un fondo creado en colaboración con el Fondo Monetario Internacional (FMI)”, según informó el viernes el Financial Times, y para lograr el resto, se recurrirá a la ingeniería financiera (quantitative easing), cuyo abuso provocó el estallido de la crisis de las hipotecas basura.

Sin embargo, las dudas surgen en los plazos de implementación de dichas medidas, pues como publica Europa Press, “el Tribunal Constitucional alemán ha suspendido temporalmente el uso de un comité especial establecido para adoptar con carácter de urgencia decisiones sobre el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF)”, lo que podría ralentizar el proceso de toma de decisiones de Alemania respecto al plan de rescate de Grecia.

Recapitalización bancaria

La crisis de la deuda Griega centra todo el interés tras acordar un nuevo plan de ayuda y la posterior decisión del presidente griego de someterlo a referéndum

El director de Asuntos Monetarios del FMI, el español José Viñals, ha afirmado que “el riesgo de otro colapso financiero por la fragilidad de la banca europea es inminente” y se reafirma en su estimación de pérdidas para el sector financiero por la crisis de deuda pública, situando la necesidad de dinero en unos 300.000 millones de euros, debido al riesgo al que están expuestos los bancos por culpa de la crisis de Deuda Soberana de Italia (71.000 millones de euros), Grecia (56.000 millones), España (50.000 millones), y en menor medida de Portugal e Irlanda, según finanzas.excite.es.

En el caso de España, según la agencia Moody’s, las necesidad de capital de las entidades financieras españolas serían de 50.000 millones de €, que asume un core capital del 10% para todas las cajas de ahorros, cifra que representa más del doble de los 20.000 millones necesarios para recapitalizar el sistema financiero español calculados inicialmente. Por ello era urgente la decisión tomada por la UE en su Cumbre del 26 de Octubre de recapitalizar la banca europea con un monto inicial de de 106.000 millones de euros, dando plazo hasta el 30 de Junio de 2012 a las entidades bancarias para que alcancen un ratio de calidad del 9%, y así cerrar la retroalimentación entre la crisis de la deuda y la crisis bancaria.

Riesgo de una nueva recesión económica mundial

La crisis de deuda en la eurozona y ciertos indicadores macroeconómicos recientes en países como Alemania o Inglaterra han alertado del riesgo de que el escenario recesivo regrese a la economía mundial en 2012, tal como ha advertido el FMI. Así, según JP Morgan Chase Londres, la Eurozona  volvería a escenarios ya olvidados de Double Dip en el 2012 (-0,5 % del PIB), con las excepciones de Irlanda y Alemania con crecimientos del 0,2 y el 0,3%, como apunta El Economista.

Dicho informe representa un brutal recorte de las previsiones iniciales para la locomotora europea, con un crecimiento para 2012 de un raquítico 0,2% frente a la anterior estimación de un 2,8% y, según Destatis, las ventas minoristas de Alemania, se desplomaron un 2,9% en agosto, cuando los economistas consultados por Bloomberg esperaban de media una bajada de tan sólo el 0,5%, lo que ratificaría la pérdida de confianza de los alemanes en la solidez y estabilidad de su economía.

La crisis de la deuda soberana de la eurozona supone un riesgo para una nueva recesión mundial, por lo que se trata de implicar a los países BRIC y otros en su solución

Ello, aunado con la inevitable depreciación del euro frente al dólar debido a los problemas de deuda soberana en la Eurozona y un posible repunte del precio del crudo debido a desastres naturales y a factores geopolíticos desestabilizantes (que podrían acarrear problemas de aprovisionamiento a otros países, en particular a China), podría dar lugar a episodios de estanflación en la Eurozona para 2012 (inflación rozando el 4% aunado con un crecimiento negativo del PIB) y producir un nuevo crash bursátil.

Dicho estallido bursátil tendría como efectos benéficos el obligar a las compañías a redefinir estrategias, ajustar estructuras, restaurar sus finanzas y restablecer su crédito ante el mercado (como ocurrió en la crisis bursátil de 2000-2002) y como ‘daños colaterales’ la ruina de millones de pequeños inversores todavía deslumbrados por las luces de la estratosfera.

A ello se sumaría la inanición financiera de las empresas y el consecuente efecto dominó en una brutal reestructuración de sectores básicos de la economía europea (con incrementos de las tasas de paro hasta niveles desconocidos desde la II Guerra Mundial), lo que aplazaría ‘sine die’ el regreso a sendas de crecimiento positivo de las economías europeas, rememorando la Década de estancamiento económico de la economía japonesa (‘década perdida’).

Guerra de las divisas

Según un análisis publicado por The Wall Street Journal muchos países están buscando devaluar sus monedas para incrementar sus exportaciones y salir así de la crisis actual, ante la ineficacia demostrada por medidas como el ‘quantitative easing‘, utilizado por EE.UU. y el Reino Unido para debilitar sus monedas e incrementar sus exportaciones. Por lo tanto, sería necesaria una devaluación coordinada de todas las monedas para evitar el riesgo de un posible escenario de inflación desbocada que, aunada con el repunte de los precios del crudo, pudiera dar lugar a episodios de estanflación en las economías occidentales (China y los demás países BRIC sufrirían una subida del IPC cercana al 5%).

Así, EE.UU., que llevaría devaluando el dólar a base de recortes de tipos de interés hasta mantenerlos en cero desde finales de 2008 (‘quantitive easings’, compra indiscriminada de bonos del Tesoro, Operación Twist), viene presionando repetidamente a China para que deje flotar su moneda (yuan o renminbi), ya que consideran que la mantienen artificialmente depreciada (una apreciación del yuan cercano al 40% equivaldría a una disminución de 100.000 millones de dólares en el déficit comercial de EE.UU. con China (el déficil comercial de EE.UU. se elevó hasta 500.000 millones en 2010).

La devaluación de las monedas para beneficiar las exportaciones de los países abre una guerra comercial entre EE.UU. y China, que están practicando políticas proteccionistas

China es propietaria de 1,2 Billones de dólares en bonos del Tesoro Público de EE.UU. e invierte en dólares para limitar la subida de su propia moneda (pues un incremento acelerado de la misma haría a la industria china menos competitiva), lo que le convierte en el mayor acreedor de EE.UU. y le hace totalmente dolardependiente, por lo que  ambas economías se retroalimentan al conjugar la exuberante liquidez china (las reservas de divisas de China alcanzaron los 2,85 billones de dólares a principios del 2011, lo que representa más del 30 por ciento de la totalidad del mundo) con la desorbitante Deuda Externa de EE.UU. (superando los 14 Billones de dólares en mayo del 2011).

A pesar de las múltiples presiones, las autoridades bancarias chinas han dejado bien claro que seguirán manteniendo un control estricto sobre la evolución de su moneda, pues si la divisa china se fortalece en exceso, asistiríamos a una severa constricción de sus exportaciones y al consiguiente descenso de su superávit, agravado por el aumento de los costes laborales y el previsible riesgo de deslocalización hacia India o Vietnam, cuyos salarios mensuales rondan los 60 euros.

Sin embargo, en el supuesto de que China consiga mantener su anclaje al dólar (lo que permitiría seguir engrasando su máquina exportadora y que sus reservas mantengan su valor), la respuesta inevitable por parte de EE.UU. sería desencadenar una guerra comercial, cuyos primeros escarceos tácticos han sido la imposición por China de medidas antidumping, como los aranceles de entre 50,3 y 53,4% por los productos de pollo provenientes de Estados Unidos y la aprobación por el Senado en Washington de una moción para etiquetar a China de manipulador del mercado de divisas, con lo que asistiríamos a un nuevo y virulento episodio dentro de la endémica guerra comercial EE.UU.-China.

Hacia el Proteccionismo económico?

La propuesta votada por el Senado norteamericano para subir los gravámenes a las importaciones de países con monedas subvaloradas (dirigida especialmente contra las exportaciones chinas), sería un serio ataque al libre comercio, máxime al haberse demostrado inoperante la Ronda de Doha (organismo que tenía como objetivo principal liberalizar el comercio mundial por medio de una gran negociación entre los 153 países miembros de la Organización Mundial de Comercio), tras haber fracasado en todos sus intentos desde su creación.

Además, la posible implementación por EE.UU. y la UE de medidas proteccionistas (fomento del  consumo de productos nacionales) en forma de ayudas para evitar la deslocalización de empresas; subvenciones a la industria agroalimentaria para la instauración de la etiqueta BIO a todos sus productos manufacturados; elevación de los parámetros de calidad exigidos a los productos manufacturados del exterior y la imposición de medidas fitosanitarias adicionales a los productos de países emergentes (tras una virulenta campaña de los medios occidentales para defender las etiquetas ECO y BIO como medida de proteccionismo encubierto), obligará a China a costosísimas inversiones para reducir sus niveles de contaminación y mejorar los parámetros de calidad, dibujándose un escenario a cinco años en el que se pasaría de las guerras comerciales al proteccionismo económico, con la subsiguiente contracción del comercio mundial y posterior finiquito a la globalización económica.


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