Miércoles 18 de enero de 2017,
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¿Hacia una paz imposible en Oriente Próximo?

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Las revoluciones del mundo árabe y la petición formal de adhesión de palestina a la ONU hacen peligrar la enésima iniciativa de paz palestino-israelí

Desencuentros Egipto-Israel

Egipto siempre ha sido una pieza clave para mantener la hegemonía norteamericana en Oriente Medio y el norte de África, pero los cambios producidos en el pueblo egipicio y que tuvieron su escenificación en la plaza Tahrir de El Cairo el día 25 de enero (‘día de la ira’) para pedir el fin de la dictadura de Hosni Mubarak se han traducido en una creciente desavenencia entre los Gobiernos de Egipto e Israel.

Desde la revolución en Egipto y la salida del poder de Mubarak, las relacione con Israel han empeorado

Así, bajo el mandato de George W. Bush, Egipto habría renunciado a la opción nuclear y entregado el control del espacio estratégico de Oriente Próximo a la aviación israelí a cambio de una ayuda anual de más mil millones de dólares y debido a la presión de la opinión pública, se ha autorizado a Egipto y Jordania para que a finales de año emprendan la producción nuclear para uso civil bajo control estadounidense, con lo que han acumulado un retraso tecnológico de cincuenta años con respecto a su vecino israelí, que se vería compensado con el incremento de la ayuda económica de EEUU hasta alcanzar los 3.000 millones de dólares anuales.

Sin embargo, los desencuentros se plasmaron tras conocerse el anuncio de la firma de un acuerdo de reconciliación el pasado 5 de mayo en El Cairo con la presencia de Abás y el líder de Hamás Jaled Meshal, bajo supervisión de la Liga Árabe y el manifiesto del presidente palestino, Mahmud Abbas, de avanzar en los esfuerzos para la creación de un Estado palestino fuera de las negociaciones con Israel y teniendo en cuenta las fronteras de 1967, opción que contaría ya con el apoyo de países latinoamericanos como Chile, Argentina, Paraguay, Ecuador, Bolivia y Brasil.

A ello se sumaría la sospecha de que El Cairo espera reanudar sus vínculos con Irán y renegociar un antiguo contrato para suministrar gas natural a Israel, siendo la guinda del pastel la decisión de las autoridades egipcias de abrir el cruce hacia Gaza en Rafa (cerrado durante los últimos cuatro años como parte del bloqueo del enclave, respaldado por Occidente, a fin de debilitar a Hamás, el grupo islamista que gobierna la Franja), lo que en la práctica equivaldría al fin efectivo del bloqueo.

Por otra parte, desde que los movimientos palestinos Fatah y Hamas anunciaron su reconciliación después de cuatro años de disputas, los líderes israelíes no han dejado de expresar su preocupación e incredulidad, pues el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, calificó el acuerdo de “tremendo golpe para la paz y gran victoria para el terrorismo” y Livni acusó al gobierno del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, del actual estancamiento en las conversaciones para la paz con los palestinos por no avanzar en la búsqueda del final del conflicto mediante la existencia de dos estados conviviendo uno junto al otro en armonía.

Implicación personal de Obama en el nuevo proceso de negociación

Mahmud Abás ha entregado al secretario general de la ONU su solicitud formal de adhesión, que deberá ser respaldado por 9 miembros del consejo de seguridad, incluidos todos aquellos con derecho a veto

Según EFE, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abás, ha entregado al secretario general, Ban Ki-moon, su solicitud formal de adhesión al organismo multilateral para ser el Estado 194 de la ONU, solicitud que tendrá que obtener el respaldo de una mayoría de 9 de sus 15 miembros, y que ninguno de los permanentes y con derecho de veto (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China) lo ejerzan.

Sin embargo, Obama ya anunció que vetará la propuesta palestina porque considera que “la mejor vía para que los palestinos alcancen la condición de Estado es a través de la negociación directa con Israel”. “Pero Israel rechazó el viernes la propuesta del presidente francés Nicolas Sarkozy de otorgar un “estatuto intermedio de Estado observador” a Palestina en la ONU, calificándola de “falsa buena idea”, declaró el portavoz de la cancillería israelí Yigal Palmor, a la AFP”, han publicado varios medios.

El pragmatismo político de Abás le llevará a aceptar la propuesta de Sarkozy como mal menor, ante la inviabilidad de sacar adelante su solicitud de ser el miembro 194 de Naciones Unidas por el veto anunciado de EEUU. “La idea, según desveló el presidente Nicolas Sarkozy, es que se reanuden las negociaciones de paz a finales de octubre, las fronteras se definan en los siguientes seis meses y se llegue a un “acuerdo definitivo” en otoño de 2012″ y sólo entonces el Consejo de Seguridad aprobaría la solicitud para que Palestina entre como miembro de pleno derecho en Naciones Unidas”, según la tribunadeeuropa.com.

Dicha propuesta, que finalmente podría ser aprobada por mayoría en la Asamblea de la ONU, obligaría a Obama a participar personalmente en el proceso de negociación con el objetivo de establecer las bases para la creación del futuro Estado Palestino (previo reconocimiento del Estado de Israel por parte palestina), contando con la ayuda de la UE que sometería a estudio la revisión de los Tratados preferenciales con Israel como medida de presión para el retorno a las negociaciones de paz.

Obama ya ha anunciado que vetará la propuesta palestina y Francia ha propuesto otorgarle un estatuto intermedio, de observador

Dicha negociación podría concluir con la firma de un Tratado de Paz entre el nuevo Primer Ministro israelí y el nuevo Presidente de la Autoridad Palestina, tras la elección de un nuevo Presidente de la Autoridad Palestina en 2012, que sería el representante del nuevo Gobierno de Unidad Palestina.

Hacia un Gobierno de Unidad israelí

Líder del partido Israel Beitenu y residente en el asentamiento de Nokdim (en el territorio disputado de Judea y Samaria, nombres bíblicos de Cisjordania), Lieberman encabeza el sector más intransigente de la coalición de gobierno y desde el principio se ha mostrado muy escéptico sobre el proceso negociador en el que se hallan embarcados Netanyahu y el presidente palestino, Mahmud Abás.

Las desavenencias entre Netanyahu y Lieberman no son nuevas, pues ya tuvieron un sonoro desencuentro el pasado mes de junio, pero la intransigencia de la ultraderecha podría terminar por hacer añicos la actual coalición de Gobierno israelí (formado por el Likud, Shas, Israel Beitenu y Partido Laborista), con una mayoría cómoda de 66 diputados pero lastrada por su hetereogenidad y sus irreconciliables diferencias sobre la política de nuevos asentamientos.

Caso de romperse la actual coalición de Gobierno israelí, habría llegado el momento de la ganadora moral de las pasadas elecciones israelitas: Tzipi Livni, líder del Partido Kadima (28 diputados) y actualmente líder de la oposición (la baza oculta de la Administración Obama para encauzar definitivamente el proceso de paz palestino-israelí).

Tzipi Livni evolucionó desde el ultranacionalismo sionista de su juventud a un posibilismo que asume la estatalidad palestina y la renuncia a parte de Cisjordania para preservar el carácter judío del Estado de Israel y fiel al Pensamiento de Ben -Gurión: “Prefiero la unidad del pueblo judío, a la unidad territorial de Israel“, estaría dispuesta a recorrer un largo trecho en forma de concesiones a cambio de la paz con los vecinos árabes, aunque siempre con la condición ‘sine qua non’ de lograr que el Estado de Israel sea fuerte, autosuficiente y respetado por los países de la región.

Las desavenencias entre Netanyahu y Lieberman podría terminar con la actual coalición de gobierno israelí

Dicho Gobierno de Unidad estaría constituido por el Kadima (28 diputados), el Likud (27) y Avodá (Partido Laborista Israelí) (13) y lograría una cómoda mayoría (68 escaños del total de 120 que componen el actual Parlamento hebreo, Knset), lo que daría estabilidad al futuro Gobierno y permitiría retomar con fuerza las colapsadas conversaciones de paz con la AP en el horizonte de 2012.

Acuerdos de Oslo III

Bajo presión del Cuarteto para Oriente Próximo, Hamás procedería a la liberación del soldado judío Gilad Shalit (cautivo en la Franja desde el 25 de junio de 2006), a renunciar a la violencia y aceptar los acuerdos respaldados por la Autoridad Palestina como los de Oslo y, en contrapartida, Israel accedería a flexibilizar el boicot a Gaza, no siendo descartable la aplicación por parte de la ONU del Capítulo VII de su Carta Constitutiva.

Dicho acuerdo contaría con las bendiciones políticas de Egipto, Rusia, Siria e Irán y como colaboradores económicos necesarios en la reconstrucción de Gaza a Arabia Saudí, EE.UU., UE, Japón, y Emiratos Árabes (con un costo aproximado de 2.000 millones de dólares) y debería ser global y vinculante para todos los países del área geopolítica de Oriente Próximo y lograr la instauración de un nuevo ‘status quo’ en la zona (‘Pax obamaniana’), una vez resuelto el contencioso nuclear de EE.UU. con Irán y el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países.

Esta operación contará con la inicial oposición del influyente lobby judío de EE.UU., pero que podría terminar aceptando al recibir Israel como contrapartida las bendiciones de EE.UU. a la culminación del Muro de Cisjordania (que incluiría aproximadamente el 10% del territorio de Cisjordania, incluida Jerusalén Este) y el incremento de la ayuda económica cifrada durante la Administración Bush en unos 3.000 millones de dólares de ayuda (monto que representa casi el 2% del PIB de Israel).

Sin embargo, caso de producirse un acuerdo de paz, será inestable y su duración dependerá de las negociaciones de Israel con Siria para la devolución de los Altos del Golán y de la futura actitud de Hizbolad y Hamás, pues si ambas formaciones persisten en sus ataques a territorio israelí podría incrementarse la tensión en la zona y reeditarse la ‘Operación Plomo Fundido‘.


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