Sábado 03 de diciembre de 2016,
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Impune agresión a una periodista ciudadana en Panamá

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Tuve que recurrir a la oficina de la ONU ante la inoperancia de las autoridades, que no hiceron nada por investigar un robo y posteriores amenazas de las que fui víctima

“(…) y recuerda que perdonar un gran delito es cometer otro delito, es premiar al delincuente, estimular a los criminales y dejar en el desamparo a la gente de bien (…)”, Báidaba, ‘Calila y Dimna’.

Cuando el 17 de febrero pasado me personé al despacho de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ), en la circunscripción de Ancón, República y ciudad de Panamá, a interponer una querella por el delito de hurto del que había sido víctima, nunca imaginé que ese día sería sólo el inicio de la inhumana ‘pesadilla’ que aún después de mes y medio no concluye.

Para la fecha arriba mencionada, me preparaba yo para viajar a Brasil como delegada a la sexta Conferencia Anual de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) sobre el Internet como herramienta para el desarrollo,

Ante las amenazas la policía dijo no poder actuar hasta que los supuestos agresores actuaran, tras la agresión la denuncia aún no había sido ingresada al sistema

que tuvo lugar del 24 al 26 de febrero recientes.

En ocasión de esta reunión, conservaba una suma cercana a los 800 euros destinados a los gastos de movilización y hospedaje en Brasilia, ciudad sede del encuentro global. Desafortunadamente, tal dinero me fue hurtado días antes del viaje ‘en un abrir y cerrar de ojos’ en mi propio lugar de residencia.

A raíz de esta situación, formulé una queja ante la aludida dependencia del Ministerio Público y evité comentar a cualquiera sobre la diligencia por considerarlo un asunto delicado.

Sin embargo, para mi sorpresa, dos días después del suceso, varios sujetos -entre ellos los que figuraban entre los denunciados por mí- se mofaban y proferían amenazas de muerte contra mí persona desde las afueras de mi sitio de morada, aseverando que la denuncia “no iría a parar a ningún lado”.

Indignada, procedí de inmediato a reportar sobre la novedad a las instancias investigativas respectivas (DIJ) pero, contrario a mis expectativas, las autoridades me informaron que en ese respecto no podían intervenir sino hasta que los supuestos agresores actuaran en mi contra.

¡Válgame! Me dije asombrada frente a la realidad de indefensión y ausencia de protección en la que me encontraba.

Pues, transcurrieron los días -sin aparente peligro para mi vida- y fue hasta la noche del pasado lunes 29 de marzo cuando, tal y como lo habían anunciado, cuatro individuos que no pude identificar, a bordo de un vehículo Sedán con vidrios oscuros, aprovecharon la penumbra y mi deambular solitario a través de una de las avenidas de ciudad de Panamá, para interceptarme e intentar forzarme a abordar el coche bajo la amenaza de: “si no subes, te fracturamos el brazo”.

Aprovecharon la penumbra y mi deambular solitario para interceptarme e intentar forzarme a abordar el coche bajo la amenaza de: “si no subes, te fracturamos el brazo”

Tal fue mi perplejidad y conciencia de autoconservación, que a pesar de la evidente inequidad de fuerzas, logré zafarme de mis agresores y tomar varios transportes públicos hasta llegar a la sede de la Organización de las Naciones Unidas (organismo del cual soy voluntaria) en ciudad de Panamá. Creo que sobra explicar las razones por las cuales decidí trasladarme hasta las oficinas de la ONU y no nuevamente hacia la DIJ.

Dado que ya era bastante entrada la noche no pude entrevistarme con autoridad alguna de la ONU, ya que todos se habían retirado.

Debo anotar, no obstante, que tan solo el domingo último estuve por cuarta o quinta vez en las oficinas de la DIJ para conocer sobre el curso del proceso instaurado el 17 de febrero. Para mi mayor intranquilidad, los funcionarios de instrucción me notificaron que hasta la fecha mi denuncia no ha sido ingresada al sistema y, por tanto, no ha sido investigada.

Así las cosas, apreciados amigos, comprenderán los motivos que hoy me llevan a compartir con ustedes este ‘preocupante’ relato, y, que al mismo tiempo, me obligan a movilizarme en esta misma fecha hasta la vecina ciudad iberoamericana de San José, en Costa Rica, sede de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Una vez allá, planeo solicitar a esta dependencia de la Organización de los Estados Americanos (OEA) su intervención para esclarecer mi experiencia, que a mi particular modo de ver, constituye una grave (sino varias) violación a la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada por la ONU en 1948.

Pero, por ahora, me despido con la promesa de mantenerles al corriente respecto al desenlace de esta ‘triste’ vivencia ciudadana, esperando una conclusión ‘justa’ y ‘humanitaria’ que sirva de referente para otras posibles violaciones a los Derechos Humanos en Iberoamérica.

[blockquote]Pincha para ver cada uno de los documentos de la denuncia:{webgallery} {/webgallery}[/blockquote]


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2 Comentarios

  1. Anónimo 05/04/2010 en 16:18

    Hay algo que no entiendo. Como es posible que dejaste entrar a la casa a desconocidos para pintar tu balcón y nadie de tu casa los estaba supervisando? Como asi que sabiendo que hay gente extraña en tu casa dejaste ese sobre lleno de dinero ahi? Que piensas tu, que la DIJ te va a recuperar tu dinero? Estas soñando!!!! Yo tu reclamaria a la administracion del edificio pero igual dudo que recuperes ese dinero! Talvez la ONU o la OEA te lo puedan devolver! Pa la proxima, cuando entre gente extraña a tu casa, ya sea a pintar, arreglar algo, limpiar el aire, tienes que estar parada al lado de ellos como un policía! “(…)y recuerda, la ocasión, hace al ladrón!(…)”

  2. Anónimo 05/04/2010 en 11:28

    Todos los que trabajamos en Competencia Revista Latina de Negocios te envíamos todo nuestro apoyo y solidaridad, y quiero que sepas que estamos en tu misma lucha, cuenta con nosotros para lo que necesites, mi correo hugo.abad@revistacompetencia.com
    Que la protección de Dios esté contigo siempre.
    saliduos
    Hugo

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