Miércoles 28 de septiembre de 2016,
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¿Nuevo ciclo económico regresivo mundial?

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INTERPRETACIÓN / Análisis del previsible finiquito a la economía global y del regreso a escenarios económicos desconocidos desde la II Guerra Mundial

El fenómeno de la globalización económica ha conseguido que todos los elementos racionales de la economía estén interrelacionados entre sí debido a la consolidación de los oligopolios, la convergencia tecnológica y los acuerdos tácitos corporativos, por lo que la irrupción de la crisis económica en la aldea global ha provocado la aparición de nuevos retos para gobiernos e instituciones sumidas en el desconcierto y en la incredulidad, retornando lenta pero inexorablemente a ciclos económicos regresivos desconocidos desde la II Guerra Mundial.

Orígen de la crisis

La política suicida de entidades bancarias en la concesión de créditos, la aparición de activos tóxicos, el goteo de insolvencias bancarias, la falta de liquidez y la desconfianza están en el origen de la crisis

La política suicida de las principales entidades bancarias mundiales en la concesión de créditos e hipotecas de alto riesgo aparece como detonante de la crisis de las subprime de EE.UU., seguida de la aparición de los activos tóxicos, un goteo incesante de insolvencias bancarias, una severa contracción de los préstamos bancarios y una alarmante falta de liquidez monetaria y de confianza en las instituciones financieras con un costo estimado de 4,5 Billones de para países como EE.UU., Reino Unido y Japón y 2,5 Billones para la UE.

Todo ello ha originado la desestabilización económica global y la entrada en recesión de las principales potencias económicas mundiales, dibujándose un escenario a cinco años en el que se podría regresar al proteccionismo económico, con la subsiguiente contracción del comercio mundial y posterior finiquito a la globalización económica.

Riesgo de una nueva recesión económica mundial

La crisis de deuda en la eurozona y ciertos indicadores macroeconómicos recientes en países como Alemania o Inglaterra han alertado del riesgo de que el escenario recesivo regrese a la economía mundial en 2012, tal como ha advertido el FMI. Así, según JP Morgan Chase Londres, la Eurozona  volvería a escenarios ya olvidados de Double Dip en el 2012 ( -0,5 % del PIB), afirma El Economista.

Dicho informe representa un brutal recorte de las previsiones iniciales para la locomotora europea, con un crecimiento para 2012 de un raquítico 0,2 % frente a la anterior estimación de un 2,8% y según Destatis, las ventas minoristas de Alemania, se desplomaron un 2,9% en agosto, cuando los economistas consultados por Bloomberg esperaban de media una bajada de tan sólo el 0,5%, lo que ratificaría la pérdida de confianza de los alemanes en la solidez y estabilidad de su economía, también según El Economista.

Ello, aunado con la inevitable depreciación del euro frente al dólar debido a los problemas de deuda soberana en la Eurozona y un posible repunte del precio del crudo debido a desastres naturales y a factores geopolíticos desestabilizantes (que podrían acarrear problemas de aprovisionamiento a otros países, en particular a China), podría dar lugar a episodios de estanflación en la Eurozona para 2012 (inflación rozando el 4% aunado con un crecimiento negativo del PIB) y producir un nuevo crash bursátil.

Existe riesgo de que la recesión regrese a la Eurozona (de donde, en parte, no se ha ido), además de la depreciación del euro frente al dólar por los problemas de deuda soberana

Dicho estallido bursátil tendría como efectos benéficos el obligar a las compañías a redefinir estrategias, ajustar estructuras, restaurar sus finanzas y restablecer su crédito ante el mercado (como ocurrió en la crisis bursátil de 2000-2002) y como daños colaterales la ruina de millones de pequeños inversores todavía deslumbrados por las luces de la estratosfera.

A ello se sumaría la inanición financiera de las empresas y el consecuente efecto dominó en una brutal reestructuración de sectores básicos de la economía europea (con incrementos de las tasas de paro hasta niveles desconocidos desde la II Guerra Mundial), lo que aplazaría ‘sine die’ el regreso a sendas de crecimiento positivo de las economías europeas, rememorando la década de estancamiento económico de la economía japonesa (‘Década perdida’).

Guerra de las divisas

Según un análisis publicado por The Wall Street Journal muchos países están buscando devaluar sus monedas para incrementar sus exportaciones y salir así de la crisis actual, ante la ineficacia demostrada por medidas como el ‘quantitative easing‘, utilizado por EE.UU. y el Reino Unido para debilitar sus monedas e incrementar sus exportaciones, por lo que sería necesaria una devaluación coordinada de todas las monedas para evitar el riesgo de un posible escenario de inflación desbocada que aunada con el repunte de los precios del crudo pudiera dar lugar a episodios de estanflación en las economías occidentales (China y los demás países BRIC sufrirían una subida del IPC cercana al 5%).

Así, EE.UU., que llevaría devaluando el dólar a base de recortes de tipos de interés hasta mantenerlos en cero desde finales de 2008 (‘quantitive easings’, compra indiscriminada de bonos del Tesoro, Operación Twist), viene presionando repetidamente a China para que deje flotar su moneda (yuan o renminbi), ya que consideran que la mantienen artificialmente depreciada (una apreciación del yuan cercano al 20% equivaldría a una disminución de 100.000 millones de dólares en el déficit comercial de EE.UU. con China, que se elevó hasta 500.000 millones en 2010).

China sería propietaria de 1,2 billones de dólares en bonos del Tesoro Público de EE.UU. e invierte en dólares para limitar la subida de su propia moneda (pues un incremento acelerado de la misma haría a la industria china menos competitiva), lo que le convierte en el mayor acreedor de EE.UU. y le hace totalmente dolardependiente, por lo que ambas economías se retroalimentan al conjugar la exuberante liquidez china (las reservas de divisas de China alcanzaron los 2,85 billones de dólares a principios de 2011, lo que representa más del 30 por ciento de la totalidad del mundo) con la desorbitante deuda externa de EE.UU. (superando los 14 billones de dólares en mayo de 2011).

Entre EE.UU. y China se abre tanto una guerra comercial, como una guerra de divisas, pues China es acusada de mantener artificialmente depreciada su moneda

A pesar de las múltiples presiones, las autoridades bancarias chinas han dejado bien claro que seguirán manteniendo un control estricto sobre la evolución de su moneda, pues si la divisa china se fortalece en exceso asistiríamos a una severa constricción de sus exportaciones y al consiguiente descenso de su superávit, agravado por el aumento de los costes laborales y el previsible riesgo de deslocalización hacia La India o Vietnam, cuyos salarios mensuales rondan los 60 euros.

Sin embargo, en el supuesto de que China consiga mantener su anclaje al dólar (lo que permitiría seguir engrasando su máquina exportadora y que sus reservas mantengan su valor), la respuesta inevitable por parte de EE.UU. sería desencadenar una guerra comercial, cuyos primeros escarceos tácticos serían la imposición por China de medidas antidumpling, como los aranceles de entre 50,3 y 53,4% por los productos de pollo provenientes de Estados Unidos y la aprobación por el Senado en Washington de una moción para etiquetar a China de manipulador del mercado de divisas, con lo que asistiríamos a un nuevo y virulento episodio dentro de la endémica guerra comercial EEUU-China.

¿Hacia el Proteccionismo económico?

La propuesta votada por el Senado norteamericano para subir los gravámenes a las importaciones de países con monedas subvaloradas (dirigida especialmente contra las exportaciones china), sería un serio ataque al libre comercio, máxime al haberse demostrado inoperante la Ronda Doha (organismo que tenía como objetivo principal de liberalizar el comercio mundial por medio de una gran negociación entre los 153 países miembros de la Organización Mundial de Comercio, OMC), tras haber fracasado en todos sus intentos desde su creación en 2011.

Además, la posible implementación por EE.UU. y la UE de medidas proteccionistas (fomento del consumo de productos nacionales) en forma de ayudas para evitar la deslocalización de empresas; subvenciones a la industria agroalimentaria para la instauración de la etiqueta BIO a todos sus productos manufacturados; elevación de los parámetros de calidad exigidos a los productos manufacturados del exterior y la imposición de medidas fitosanitarias adicionales a los productos de países emergentes (tras una virulenta campaña de los medios occidentales para defender las etiquetas ECO y BIO como medida de proteccionismo encubierto), obligará a China a costosísimas inversiones para reducir sus niveles de contaminación y mejorar los parámetros de calidad, dibujándose un escenario a cinco años en el que se pasaría de las guerras comerciales al proteccionismo económico, con la subsiguiente contracción del comercio mundial y posterior finiquito a la globalización económica que tendría su plasmación en los siguientes compartimentos estancos (ya apuntado en un anterior artículo del 4 de febrero de 2009, ‘¿Hacia el final de un ciclo económico mundial?‘):

Economías del Primer Mundo

La posible implementación por Estados Unidos y la UE de medidas proteccionistas llevarían a la contracción del comercio mundial y al fin de la globalización económica

Doble recesión económica de las economías del ‘Primer Mundo’ para 2012 aunado con el posible hundimiento bursátil y consiguiente inanición financiera de las empresas y previsible devaluación de sus monedas para incrementar sus exportaciones. Además, se suma la brutal contracción del consumo interno y reestructuración de los sectores automovilístico, financiero, aerolíneas, inmobiliario, construcción y aseguradoras con el consiguiente efecto dominó en la cascada de cierres empresariales y con aumentos de la tasa de paro hasta niveles desconocidos desde la II Guerra Mundial.

Finiquito del consumismo compulsivo imperante en la pasada década, provocado por las tasas de paro galopantes y la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores debido a los exiguos incrementos salariales, congelación o dramática reducción de los mismos y generalización de la precariedad laboral con salarios mínimos e interinidad vitalicia: implantación de la jornada laboral mínima de 45 horas semanales y retraso de la jubilación a los 65 años (en algunos países, como España, aún mayor retraso), unido al deterioro progresivo de las condiciones laborales.

Por ello no sería de extrañar frecuentes estallidos de conflictividad laboral y agudización de la fractura social de los países desarrollados, quedando diluidos los efectos benéficos de las anunciadas medidas sociales por la cruda realidad de la severa crisis económica y obligando a amplias capas de la población a depender de los subsidios sociales, lo que aunado con el incremento de ataques xenófobos por parte de grupos neonazis podría terminar por desencadenar violentos disturbios raciales.

Además, veremos la implantación de medidas proteccionistas en los países del ‘Primer Mundo’ (fomento del consumo de productos nacionales), en forma de ayudas para evitar la deslocalización de empresas; subvenciones a la industria agroalimentaria para la instauración de la etiqueta BIO a todos sus productos manufacturados; elevación de los parámetros de calidad exigidos a los productos manufacturados del exterior e imposición de aranceles a los países no respetuosos con el medioambiente como forma encubierta de proteccionismo frente a la invasión de productos de países emergentes, con la consecuente contracción del comercio mundial y posterior regreso a los compartimentos estancos en la economía mundial.

Países emergentes (BRIC), México y Corea del Sur

Estas naciones sufrirán un severo estancamiento de sus economías con crecimientos anuales del PIB cercanos al 5% después de un decenio espectacular con tasas de crecimiento de dos dígitos, lo que les impedirá reducir sus niveles de pobreza.

Las potencias emergentes sufrirán un estancamiento que les impedirá reducir sus niveles de pobreza

Padecerán una brutal constricción de las exportaciones y reducción espectacular de sus superávits debido a la contracción del consumo mundial y al establecimiento por las principales economías mundiales de sistemas económicos proteccionistas, unido a la elevación de los parámetros de calidad exigidos por los países del ‘Primer Mundo’, implantación por los países emergentes de leyes laborales y medioambientales más estrictas y la apreciación del yuan en el caso de China.

En cualquier caso, se asistirá a una inflación desbocada (rozando los dos dígitos) debido a la necesidad imperiosa de importar cantidades ingentes de alimentos para abastecer a sus habitantes ante la alarmante carestía de productos agrícolas básicos para su alimentación (trigo, maíz, mijo, sorgo y arroz) y desertización de amplias zonas industriales lo que originará éxodos masivos de población urbana a las zonas rurales obligando a vivir una gran parte de su población por debajo del umbral de la pobreza, siendo previsibles epidemias y episodios de hambruna, un notable incremento de la inestabilidad social y un severo retroceso de las incipientes libertades democráticas.

Países periféricos y emergentes de Europa

Podríamos asistir a la sustitución de la actual Unión Europea por una constelación de países satélites dentro de la órbita de la alianza franco-germana, viéndose obligados el resto de países no integrados en dicha órbita a devaluar sus monedas, retornar a economías autárquicas tras sufrir masivas migraciones interiores y proceder a la reapertura de abandonadas minas de carbón y obsoletas centrales nucleares para evitar depender energéticamente de una Rusia que conjugando hábilmente el chantaje energético, la amenaza nuclear disuasoria, la intervención militar quirúrgica y la desestabilización de gobiernos vecinos ‘non gratos’ irá situando bajo su órbita a la mayoría de los países desgajados de la extinta URSS.

Países del Tercer Mundo

Padecerán una inflación desbocada (rozando los dos dígitos e incremento espectacular de la deuda exterior) debido a la necesidad imperiosa de importar cantidades ingentes de alimentos para abastecer a sus habitantes ante la alarmante carestía de productos agrícolas básicos para su alimentación (trigo, maíz, mijo, sorgo y arroz) aunado con el estrangulamiento de sus exportaciones y depreciación generalizada de sus monedas a causa de la severa contracción de la demanda mundial de materias, lo que obligará a una gran parte de su población a vivir por debajo del umbral de la pobreza.

¿Hacia la hambruna mundial?

El previsible aumento del precio del crudo puede reflejarse en el aumento de los fletes de transporte y de los fertilizantes, que podrían producir la duplicación de los actuales 1.000 millones de personas que pasan hambre

El estancamiento del precio del crudo en el Bienio 2008-2010 (a pesar de los sucesivos recortes de producción por parte de la OPEP) debido a la severa contracción de la demanda mundial y a la huida de los brokers especulativos, imposibilitará a los países productores conseguir precios competitivos (rondando los 90 dólares), que permitirían la necesaria inversión en infraestructuras energéticas y búsqueda de nuevas explotaciones, lo que podría dibujar un escenario de estrangulamiento de la producción mundial del crudo, una vez superada la actual crisis económica global en el horizonte de 2015.

Ello originará presumiblemente una psicosis de desabastecimiento y el incremento espectacular del precio del crudo, que tendrá su reflejo en un salvaje encarecimiento de los fletes de transporte y de los fertilizantes agrícolas, lo que aunado con la aplicación de restricciones a la exportación de los principales productores mundiales para asegurar su autoabastecimiento terminará por producir el desabastecimiento de los mercados mundiales, el incremento de los precios hasta niveles estratosféricos y la consecuente crisis alimentaria mundial.

Así, la carestía de productos agrícolas básicos para la alimentación (trigo, maíz, arroz, sorgo y mijo) y el incremento bestial de dichos productos en los mercados mundiales que tuvo su punta de iceberg en 2007, irá presumiblemente ‘in crescendo’ a lo largo de la próxima década hasta alcanzar su cénit en el horizonte de 2016, provocado por: el desarrollo económico suicida de los países del Tercer Mundo, con crecimientos desmesurados de macrourbes y megacomplejos turísticos; y la consiguiente reducción de superficie dedicada al cultivo agrícola, aunado con el cambio de patrones de consumo de los países emergentes debido al aumento espectacular de la clases medias y su poder adquisitivo y la fortaleza del dólar y el alza de los precios del crudo con el consiguiente desvío de inversiones especulativas a mercados de materias primas (‘commodities’).

A ello ha contribuido el incremento del uso por los países del primer mundo de tecnologías depredadoras (biocombustibles) que bajo la etiqueta BIO de países respetuosos con el medioambiente no han dudado en fagocitar ingentes cantidades de maíz destinadas en un principio a la alimentación para la producción de biodiesel, lo que aunado con inusuales sequías e inundaciones en los principales graneros mundiales derivará en una hambruna desconocida que afectará sobre todo a las Antillas, México, América Central, Colombia, Venezuela, Bolivia, Egipto, India, China, Bangladesh y Sudeste Asiático, ensañándose con especial virulencia con el África Subsahariana y pudiendo pasar la población atrapada en la inanición de los 1.000 millones actuales a los 2.000 millones previstos por los analistas.


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