Martes 06 de diciembre de 2016,
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¿Quien tiene la culpa en la tragedia de Phnom Penh? Todo lo que pudo salir mal, salió mal

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El pasado 22 de noviembre, Camboya vivía la peor tragedia desde la época de los jemeres rojos. Más de 350 personas (cifras oficiales) perdían la vida en una estampida mortal sucedida en el puente que une la capital con Diamond Island mientras se celebraba la famosa ‘Fiesta del agua’

Ha pasado más de una semana, y las causas del suceso siguen sin estar claras. Unas partes acusan a las otras y al final, como se dice, ‘la casa se queda sin barre’. El Primer Ministro Hun Sen anunciaba ayer martes que nadie será formalmente acusado por la tragedia de Koh Pich. Pero, ¿qué es lo que sucedió en esa trágica tarde en el ya bautizado como ‘puente de la muerte’?.

Muchas han sido las personas con las que he hablado desde el pasado miércoles en el que me trasladé a la capital camboyana, algunos testigos directos, otros periodistas o fuentes oficiales, unos y otros dan versiones diferentes de un mismo suceso. Pistas que dejan entrever que en realidad, la causa de esta tragedia es la suma de muchas circunstancias que difícilmente se hubieran podido evitar en la actual Camboya.

¿Cómo es posible que la población de una ciudad se multiplique por dos y las autoridades o la empresa organizadora, OICC (Overseas Cambodian Investment Company) no tomen medidas extraordinarias para asegurar la seguridad de estas personas? La ciudad carecía de un plan de emergencia para este tipo de situaciones. Es imposible entender la poca presencia policial en las zonas de las celebraciones, más preocupada de controlar el tráfico que de asegurar el correcto transcurrir del festival. Como me afirmaba uno de los heridos a los que entrevisté en el hospital ruso-jemer, “media hora antes de los sucesos, los policías desaparecieron, seguramente se fueron a beber cervezas”.

La mayoría de las personas que en ese momento estaban en Koh Pich procedían de las provincias rurales camboyanas, lugares donde porcentajes muy pequeños de personas saben leer o escribir, gente para los que hablar de un puente suspendido es hablar de ciencia ficción. Este fue también uno de los motivos principales de esta tragedia, el desconocimiento por parte de estas personas de que estaban sobre un puente suspendido. La aglomeración de gente (algunos dicen que hasta 10.000 personas se encontraban en ese momento sobre el puente de 45 metros de longitud), hizo que el puente se balanceara, lo que creó el pánico entre las personas que creyeron que se estaba cayendo.

Se ha hablado de cañones de agua, o descargas eléctricas, versión que pierde fuerza, cuando los propios heridos en el suceso lo niegan. Sí es verdad que la policía lanzó agua a la multitud, aunque eran los propios atrapados en la estampida quienes la pedían desesperadamente fruto del calor y la asfixia.

A todo esto, se une la prohibición por parte de las autoridades camboyanas a los equipos médicos extranjeros, mucho más experimentados y equipados, de ayudar en el momento de la tragedia. Como hace unos días me comentaba un expatriado en Phnom Penh, “no se dejó a los médicos extranjeros que auxiliaran a las víctimas del puente, aunque los ciudadanos de a pie podían hacer lo que querían, no puedo entender cómo esto puede suceder”. Palabras que hoy confirma el Dr. Gunther Hintz, presidente de Medicorps y experto en desastres como éste.

Según Hintz, nada más escuchar el suceso se puso manos a la obra organizando un equipo de emergencia basado en el hospital Sen Sok, enviando a Danny Fairbanks, doctor americano con más de 20 años de experiencia en desastres como éste, a la zona del suceso. Pocos minutos después, desde Sen Sok se les comunicaba que no estaban autorizados a tocar a ningún paciente, ya que no habían recibido la aprobación administrativa pertinente. Supimos luego que los únicos a los que se les permitió ayudar fueron un grupo de bomberos australianos que estaban en la ciudad formando a los futuros compañeros camboyanos, “este desastre sirve como ejemplo claro de lo que sucede cuando se carece de un plan de emergencia. Medicorps era consciente desde hace años de que esta situación antes o después causaría una tragedia. Todos los esfuerzos por formar a personas en estas funciones han caído en saco roto, bien sea por la falta de interés o por la conformidad de las autoridades. Al final, el Ministro de Sanidad debería asumir su responsabilidad en lo sucedido. En el puente, literalmente, todo lo que pudo salir mal, salió mal. Trágicamente, muchas personas perdieron su vida innecesariamente”, afirma el doctor Hintz en una carta enviada a la prensa local.

Es difícil afirmar con certeza quién tuvo la culpa en esta tragedia. Quizás como afirma el presidente de Medicorps, todo lo que pudo salir mal, salió mal, en un país que carece de planificación para cualquier tipo de actos, sean grandes o pequeños. Policía, autoridades, empresa organizadora, ciudadanos, infraestructura, condición de los hospitales, formación de los doctores y de los cuerpos de seguridad, etc., y así podíamos seguir enumerando hasta muchas más las causas de esta triste tragedia. Muchos problemas derivados de una misma raíz, la situación real de Camboya.

El pasado 22 de noviembre cientos de personas perdieron la vida, pasarán 365 días desde esa fecha, para saber si Camboya ha aprendido de sus propios errores, 2011 traerá una nueva ‘Fiesta del agua’, y con ella millones de personas volverán a visitar la capital del país en busca de alegría y diversión. Mucho tiene que cambiar en esta nación para que esta fiesta no se vuelva a convertir en una tragedia.

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1 comentario

  1. Mady 02/12/2010 en 19:12

    Un puente que no condujo a ninguna orilla. Y esa “cabezoneria” que ni tan siquiera permitio un auxilio.
    Como rebaño llevado al matadero.
    Imagenes dificiles de olvidar.

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