Lunes 26 de septiembre de 2016,
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Irán, el pulso firme

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Análisis

El frenazo al programa nuclear sólo será posible mediante una gruesa contraprestación, como ha ocurrido en Corea del Norte

Israel se ha reservado la posibilidad de actuar de manera unilateral ante la amenaza real de los misiles Shehab

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Planta de enriquecimiento de uranio de Natanz

Irán mantiene su intención de avanzar en su programa nuclear
amparado en el entendible juego de que es energía nuclear civil para el
desarrollo.Mientras, la comunidad internacional no puede dejar de pensar, una vez
escalado el conflicto de manera vertiginosa, en la posibilidad de una
nueva potencia nuclear en oriente medio con la radicalidad de Irán.

Como se ha comentado en un artículo anterior, el camino nuclear de Irán nace hace más de tres décadas pero es desde el descubrimiento de las instalaciones nucleares de Irán para la obtención de uranio al 3,5%, apto para ser combustible nuclear civil, cuando ha aumentado la presión occidental sobre el país persa. Una presión muchas veces sustentada más en supuestos y juicios de intenciones que en lo que realmente se conocía del desarrollo y legalidad del programa nuclear

La posición norteamericana englobando a Irán en el “eje del mal” ha facilitado que la crisis se dispare hasta tensiones casi prebélicas. Al tiempo, el régimen de Teherán ha empleado esta amenaza difusa como propaganda en la esperanza de obtener ventajas económicas, políticas y sociales en un eventual y necesario diálogo. Irán con aire autosuficientes obvia y niega las revisiones de la agencia internacional de la energía: niega que los hechos sucedidos sean suficientes para que estos desacuerdos se sustancien en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

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Misiles en activo y desarrollo Shehab

Hasta ahora, la escalada se ha convertido en tres sanciones con poco fruto. Irán busca su independencia energética y la eventual posibilidad de desarrollar armamento nuclear. Este segundo hecho se hace impensable para norteamericanos y europeos, tanto por el régimen de Irán como por la situación de inflamación de la zona. Vivimos en este instante un momento de “tensión” y toma de medidas entre los diferentes interlocutores: Irán, EEUU, Israel, Unión Europea, con China, Rusia, Pakistán y el resto de países musulmanes en el fondo.

Las sanciones del Consejo de Seguridad, 1736, 1737 y 1747, han dado un mayor plazo para la colaboración de Teherán antes de tomar medidas más expeditivas: en el fondo se intenta frenar el avance iraní mediante una negociación que no parece cejar teniendo en cuenta número y grado de desarrollo de las instalaciones.

Si consideramos que el avance nuclear fuera de la argüida necesidad de energía barata para desarrollo es solo un bluff iraní en el tapete de la diplomacia internacional, la resolución y el frenazo al programa nuclear sólo será posible mediante una interesante y gruesa contraprestación, como ha ocurrido, todavía en negociaciones, en Corea del Norte, donde toda su algarabía nuclear del año pasado significó el modo bélico de chantajear a occidente para perpetuar su régimen monárquico-comunista.

La OIAE ha desaconsejado, por los riesgos, una intervención militar que escalaría sin fin el conflicto, aunque se barajan, al menos, las sanciones, atemperadas por China y Rusia, como lenitivo de la actitud del presidente iraní. Mientras, tanto Irán como EE UU o Europa se miran en una jugada de póker para ver quien envita o quien busca el mayor consenso con muchos parámetros y medidas que contabilizar.

En el juego, Irán tiene, al menos, dos ases en la mano. Sin embargo, Israel se ha reservado, en todo momento, la posibilidad de actuar de manera unilateral ante una amenaza real, tanto de agresión directa con sus misiles Shehab como indirecta en Palestina, sin tantos visajes teatrales como parecen adornar a los líderes iraníes. 

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