Domingo 26 de marzo de 2017,
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Irán y la revolución verde

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El líder reformista Mir-Hosein Musavi

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Irán ve como los hijos de la revolución islámica se quejan en las calles ante el más que probable manejo de los votos en las últimas elecciones. Las manifestaciones y las quejas van más allá de la queja de un sistema político donde lo religioso, lo militar, la justicia y lo social no tienen separación.

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Partidarios de Ahmadineyad portan retartos de Jomeini y Jatamí

Hace no mucho comentaba
la película Persépolis de Marjani Satrapi
,
retrato en dibujos animados de una joven de Teherán desde los
tiempos de la revolución
islámic
a, el exilio posterior y la sensación de asfixia actual.
Esta es la forma que sienten y viven muchos jóvenes, hijos de la
revolución, en Irán.

En estos días vemos como esos jóvenes
anhelantes de un futuro
no tan ligado a la religión y al control
mental se muestran en las calles ante el más
que posible pucherazo electoral
de Mahmud Ahmadinayed
frente al reformista, aunque también dentro del “sistema”,
Mir-Hosein
Musavi
. La revisión del recuento de parte de los votos por
parte del consejo
de guardianes
, designado al 50% por el lider
supremo
Ali
Jamenei
y Ahmadinayed, no asegura la adecuada
independencia y limpieza requerida.

Tarde o temprano esta resistencia al radicalismo logrará el cambio de gobierno, aunque no sabemos si a través de una guerra civil

La situación se recrudece y muestra como Irán
en su camino de radicalidad necesita que el presidente siga siendo un
radical fundamentalista
: Ahmadinayed.
Y esta radicalidad es precisa para asegurar la pervivencia de la
revolución y su política belicista de enfrentamiento
y de búsqueda
indisimulada de la bomba atómica
, para acallar “mani militari”
a todos aquellos que se quejan, para evitar que llegue un moderado,
como lo es Muhammad
Jatami,
que desbarate este
modo de hacer
. Es punto por punto y coma por coma lo que ha
copiado el
régimen de Pyongyang
para sostenerse en un país donde ni los
propios ciudadanos, ni la opinión pública internacional les apoya.

En las calles una revolución
verde y joven
toma posiciones mientras el
enrevesado y controlado sistema político iraní
, todo en manos
de Alí Jamenei, parece buscar tiempo para hacer que la
represión surta su efecto y la
política vuelva a ser cosa suya
. No olvidemos que a los
regímenes con fuertes indicaciones autoritarias les gusta la
ceremonia eyaculatoria del voto aunque algo menos que los ciudadanos
se quejen del resultado.

Algunos analistas defienden que las manifestaciones
y quejas no son más que reflejo de las tensiones
desde dentro del propio régimen
, reformistas,
frente a conservadores, los políticos frente a los que provienen del
ejército, etc., que alimentan parte de este desencuentro
vestido de polític
o. Pero, sin embargo, las críticas y
manifestaciones parecen
tambalear un sistema
que no tiene nada de democrático. Algún
otro analista sostiene que la resistencia en las calles a la
reelección de Ahmadinayed no es más que una
injerencia de occidente en Irán
.

Tarde o temprano esta resistencia
al radicalismo que aboca al país a
la exclusión internacional, al ostracismo
y a ser lugar de
amparo y financiación de terroristas
, Hezbollah, Hamás
y otros grupúsculos más desde Irak a Pakistán,
logrará el cambio
de gobierno. Lo que no sabemos todavía es si
será mediante una guerr
a civil o, también, lograrán la
bomba atómica
y el subsiguiente
y casi evidente ataque de Israel
y la
subsiguiente guerra
les salvará de un cambio interno cantado,
como ocurrió con la guerra contra Irak. El
futuro
es oscuro
.

Internet y más
específicamente Twitter
nos está informando
cada instante
de lo que ocurre, de las imágenes de lo que pasa a
pesar de la intención del gobierno iraní de hacer este
movimiento silente y callado
, para luego convertirlo en un
segundo
Tiananmen
.

Desde todo el mundo miramos a Persia
intentando vislumbrar un futuro de tensiones políticas en un país
aislado
y auspiciador del terror
internacional chií y catalizador del sunní
, en un
país que nada sobre petróleo, en
una futura potencia nuclea
r y pensamos: demasiada complejidad
para ser resuelto de manera sencilla aunque Barack Obama les
haya tendido la mano. Quizás algo así debieron sentir en 1939 los
líderes mundiales frente a la amenaza, todavía no cristalizada, de
un Hitler funesto.

 


Imagen 1, Imagen 2

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