Sábado 10 de diciembre de 2016,
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Israel y la mierda de pavo

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La permanente huida hacia delante de un Estado que heredó a sangre y fuego una filosofía de supervivencia condenada al fracaso

España fue el último país occidental en reconocer el Estado de Israel, en enero de 1986, más tarde incluso que Egipto, con quien el Estado hebreo libró cuatro guerras. Sólo 14 años después, el Gobierno de la mayoría absoluta de Aznar nombró Defensor del Pueblo español a Enrique Múgica, que como él mismo se definió, es el “más pro-israelí del PSOE”, y por todos es conocida su importancia dentro del lobby sionista español. Por cierto, el mandato de Múgica va ya por los 10 años, una década perdida para la institución que tan mal ha representado.

España fue el último país occidental en reconocer el Estado de Israel, hace sólo 24 años, y desde hace 10 tenemos a un Defensor del Pueblo que lo es también del lobby sionista

Cuento esto porque con Israel sucede algo curioso (o no tanto): mientras el español medio es pro-palestino (igual que es pro-saharaui), existe un pequeño porcentaje de conciudadanos que cuando sale el tema enseguida se ponen alerta y levantan su propio muro defensivo: “Si Israel no hiciera lo que hace, sería destruido”, o “Si estuviéramos en la situación de Israel haríamos lo mismo” o “En Gaza manda Hamás, que España, como miembro de la UE, tacha oficialmente de grupo terrorista” (aunque Hamás ganó democráticamente unas elecciones).

Claro, yo me imagino con mi nivel de vida de clase media occidental pero rodeado de terroristas que en cualquier momento pueden lanzar un cohete casero que impacte en el colegio de mis hijos y me entra miedo. Y una vez con el miedo en el cuerpo, me crecen sin freno los hilos por los que me manejarán.

El miedo activo (el que aparece en el corazón palestino ante un soldado israelí) y el pasivo (el que mantiene a favor de la política del Estado a sus ciudadanos) es el principal resorte de Israel

Y entonces no me importará que para regar los vergeles israelís en medio del desierto tengamos que dejar sin agua a la población palestina, o que si en un territorio como Gaza (aislado del resto por nosotros mismos) entra en el poder Hamas, tengamos que mandar a soldados que hacen 3 años de mili -en la mejor edad de su vida- y que, con un lógico miedo, tirarán a matar a todo lo que se mueva. El miedo activo (el que aparece en el corazón palestino ante un soldado israelí) y el pasivo (el que mantiene a favor de la política del Estado a sus ciudadanos) es el principal resorte de Israel.

Al final la clave está, como siempre, en el miedo: miedo a perder, porque tienen muchísimo que perder (los palestinos, cada día menos). El excelente periodista Enric González cuenta desde su blog en El País cómo influye también la “Fábula del pavo”, que los israelís habrían heredado junto con la tierra conquistada a fuego durante décadas de conflicto. La moraleja de ese cuento árabe es que si te dejas pisotear un poquito, sólo un poquito, acabarás prácticamente exterminado.

Israel, con su acción terrorista contra la flotilla humanitaria (una de tantas, también tiene agentes del Mossad que matan por el mundo con pasaportes ingleses o españoles), está basando su razón de ser en la fábula del pavo, que justifica ante sus ciudadanos gracias al miedo del que hablábamos. Y mientras Israel siga haciéndolo, ese país cuya existencia reconocimos hace sólo 24 años y que uno de sus mayores defensores aquí lo es también de todo el pueblo español, seguirá sin poder ofrecer a sus gentes paz. Y seguirá siendo un país de mierda a ojos de los ciudadanos del resto del mundo.

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Sobre el autor

Periodista y emprendedor social. Co-fundador de Bottup.

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