Jueves 08 de diciembre de 2016,
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¿Todos construimos un mundo para todos?

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Debemos recuperar la palabra respeto para trabajar juntos por el bien común respetando las decisiones de los otros

Nos llenamos la boca a la hora de hablar de lo que trabajamos para otros, de lo que trabajamos para hacer de este mundo un mundo más justo y que se acaben por fin las injusticias que caen sobre muchos. Seguimos llenándonos la boca al hablar de lo difícil que es encontrar un empleo digno en estos momentos de crisis mundial. Nos ahogamos al decir que todas las personas se merecen un respeto y llenamos y rellenamos páginas y más páginas hablando de responsabilidad social, de ética, de solidaridad, de corresponsabilidad, de emprendimiento, etc.

Pero… ¿es esta una realidad realmente compartida por todos?, ¿estamos verdaderamente trabajando en red por un objetivo común? Es más… ¿es cierto que compartimos un objetivo común?, porque si la respuesta a estas preguntas es afirmativa no alcanzo a comprender a la especie humana.

¿Estamos verdaderamente trabajando en red por un objetivo común? Es más… ¿es cierto que compartimos un objetivo común?, porque si la respuesta es afirmativa no alcanzo a comprender a la especie humana

Sí, no alcanzo a comprender ni entender a quiénes ensucian, a quiénes levantan falsos testimonios, a quiénes predican en un sentido y actúan en otro. Es conocido por todos, o por lo menos así lo gritamos a los cuatro vientos, que la unión de sinergias, los apoyos entre las personas es lo que verdaderamente posibilita la construcción de espacios más enriquecedores y por ende, espacios de mayor efectividad, pero me duele ver y comprobar cómo no siempre es así y cómo hay personas que buscan una y otra vez hacer daño de forma gratuita.

Y, aunque pueda parecer demagógico, menos entiendo este comportamiento en ciertos ámbitos. Es igualmente deleznable en cualquier espacio, en cualquier terreno, ahí estamos todos de acuerdo, pero ¿entre aquellos que se nos presupone cierta sensibilidad, solidaridad? ¿entre aquellos que una y otra vez hacemos gala de trabajar en red?

¿Dónde ha quedado la palabra respeto? Sí, respeto por las decisiones de cada uno, por las decisiones que uno toma de forma libre y que, por muy raro que les pueda parecer a algunos, no son constitutivos de pecado alguno. ¿O no es lícito que cada persona elija en cada momento aquel camino que desee recorrer?

Sé que podré escuchar voces que me digan que tan lícito y libre es tomar decisiones como lo es ejercer el derecho a la libre expresión y opinar. No seré yo quién reniegue de un derecho fundamental ni quién intente convencer a nadie de lo contrario, pero jamás nadie podrá convencerme, ni lo más mínimo, que la expresión libre deba estar basada y argumentada en la mentira, el desprestigio y en definitiva, en la espalda de terceros.

Igualmente y al mismo tiempo me duele comprobar que hay espacios donde esas opiniones, sin fundamento y que sólo buscan hacer daño, tienen eco. Como suele decirse de manera coloquial, ni los malos son tan malos, ni los buenos tan buenos.

Este dolor, y reconozco que en muchos casos rabia, se intenta sobrellevar con templanza, como bien me enseñaron aquellos maestros que repetían una y otra vez que la abnegación debía ser uno de los pilares de una buena y respetada señorita. Luego también pude comprobar en distintos momentos de mi vida cuando me llegaban mensajes de cómo debía ser ante todo y sobre todo “señora hasta el final”.

Queremos seguir pensando que las personas trabajamos por un objetivo común, que en ningún caso versa sobre nosotros sino por hacer de este mundo un mundo más inclusivo, más justo

Pues no, se acabó. Me rebelo y me resisto. Me rebelo ante la falsedad, me resisto a la mentira, pero que una cosa quede clara, con el desgaste justo, sin otorgar más espacios que los necesarios. Y también afirmo, sin tapujo alguno, que aunque no he sido persona de arrepentirme de mis acciones, de mis decisiones, de mi pasado, ha llegado el momento en el que sí… me arrepiento de haber perdido el tiempo con las personas equivocadas.

Creo, desde mi humilde opinión, que todos deberíamos aprender a digerir las decisiones que otros adopten, que todos deberíamos aprender a respetar desde el verdadero significado de la palabra sin menoscabar y desprestigiar el trabajo de otros. Pero más aún, creo que todos deberíamos partir de la verdad como fundamento de nuestros actos y de nuestras palabras y no partir de verdades a medias ni de verdades construidas en base a intereses y errores propios.

Porque también me pregunto, ¿hasta cuándo?, ¿cuánto tiempo tiene que pasar? Y aunque pueda sonar triste, anhelo y espero el día en el que el olvido llegue a la vida de muchos y por fin podamos trabajar sin que nos tengan que llegar ecos de mensajes parciales, de historias a medias. Porque todos tenemos versiones de historias compartidas, todos tenemos impresiones y opiniones desde cada vivencia.

¿Cuál es la diferencia? Seguramente muchos la conocéis e incluso hacéis uso de ella, la indiferencia sumada al trabajo continuo. Una postura que, no nos engañemos, algunas veces pesa, cansa y agota pero que es la forma en la que hemos decidido vivir aquellos que vivimos como pensamos y trabajamos sin querer crecer a costa de la espalda de otros.

Seguiremos trabajando, seguiremos intentado trabajar por el objetivo común, que se presupone nos une a todos pero que el tiempo y la realidad me ha demostrado que no es así (para algunos). Seguiremos creyendo en la gente, en los que nos conocen y en los que no nos conocen tanto. Seguiremos construyendo al igual que nos alegra y nos gusta ver como otros también construyen porque sí, queremos seguir pensando que las personas trabajamos por un objetivo común, que en ningún caso versa sobre nosotros sino por hacer de este mundo un mundo más inclusivo, más justo y donde las personas puedan ser.

Respetemos y construyamos desde la verdad. Sólo de esta forma se digieren mejor las decisiones libres de las personas.

NITTÚA
Núria González
Raúl Contreras


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1 comentario

  1. angel ruiz palomares 11/04/2012 en 22:53

    Es el estilo de vida que imponen las “tendencias”, tendencias que tienen nombres y apellidos insertos en consejos de administración de empresas muyyyyyyy poderosas. Este “estilo de vida”, despierta el instinto de supervivencia del ser humano, pues la vida es cada vez más difícil, competitiva , no deja tiempo para el YO, o el SER. Realmente y tristemente somos “conducidos” , nos asignan un perfil y un destino. Evidentemente el sistema ha de cambiar, el problema es quién lo cambia. La historia nos puede ilustrar de cómo se hace, son ciclos, estos cambios son dolorosos y crueles, pues normalmente es una rebelión de masas contra los opresores. Al cabo del tiempo los “libertadores” se corrompen y así sucesivamente. El problema radica en nosotros mismos “la espécie humana”, así somos y así seguiremos. El mejor remedio es un buen sistema educativo, que por lo general está en manos de los políticos, que en general “temen” a los “educados, pensadores”, por lo general “temen” al asociasonismo, a una sociedad erudita, culta y organizada. Podríamos escribir ríos de tinta sobre estos aspectos.

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