Viernes 09 de diciembre de 2016,
Bottup.com

¡Yo me ca… en los himnos! Con perdón

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¡No! No quiero pertenecer a una melodía, a una letra, a una idea, a una patria, a una siglas. Quiero seguir siendo un ciudadano, sólo eso

Opinión

He de
confesar que en estos días pasados, cuando se conoció la letra ganadora
que se pretende sea la nueva letra del “himno” de España, he tenido
varias sensaciones. La primera de ellas, es escuchando y viendo las
variopintas declaraciones de políticos, empresarios, entidades, y
ciudadanos de a pie.

Ustedes, a estas alturas, las habrán escuchado y
visto como yo, y cada de uno las percibió de distinta manera.Yo,
particularmente con todo esto, he vuelto a sentir lo que siento en
muchísimas ocasiones, es una mezcla diversa: vergüenza ajena, imbécil,
banal, estúpido, marciano y un cierto espíritu antisocial.

Sinceramente les
digo que cada día que pasa me siento más (nada), creo que me toca vivir
o sobrevivir en una sociedad tan arcaica, casposa , cutre y rancia ,
que cuesta sostener un mínimo de coherencia sin querer fumigar a tanto
analfabeto, incompetente, trasnochado, baboso y cretino, que cada día
saltan a la palestra informativa y se creen los hacedores de lo “politicamente correcto”. Ciudadanos “intachables” que están fuera de
toda duda y toda sospecha -al menos, así lo creen-. Son los que se
permiten darnos clases magistrales de cómo ser un buen padre, un buen
esposo, un buen hijo.


De
cómo y de qué manera tenemos que demostrar nuestro amor por alguien y
que sexo elegir para hacerlo. Son esos mismos que nos dictan como
tenemos que olvidar las penas, o seguir en la brecha rota de los
sueños, las desilusiones o los actos mortuorios. Ellos, esos mismos,
ellos son los que condenan y llevan a cabo el linchamiento mediático y
social de quien osa establecer otras maneras de entender el futuro, la
vida, no sólo de uno mismo, también el de un pueblo, una lengua, e
incluso se atreven a decirte cuáles tienen que ser tus valores, para
ser un ciudadano “modelo”.


Estos
verdugos inquisidores y prepontentes, están en todas partes, son como
el hedor nauseabundo que se mezcla con al aire alrededor de un
crematorio de aquellos de la Alemania Nazi. Están entre los cardenales
y obispos. Sentados en los comités ejecutivos de las empresas que nos
alumbran, nos dan calor y línea para comunicarnos. Están al frente de
los grandes Oligopolios de la Informacion, vigilantes incansables de la
línea de opinión que mas convenga en el momento. Su nombre consta
también en las casetas fronterizas de los llamados “paraísos fiscales”. Se mezclan arrastrándose como serpientes ponzoñosas, entre las togas
de los altos tribunales.


Ellos,
estos mismos, son también los que se amparan detrás de una estirpe,
detrás de un titulo nobiliario y bajo el amparo del ‘Estado de Derecho’
desvalijan las arcas del Tesoro. Son los Jueces Sumarísimos a cualquier
subversión, aunque sea cultural. Ellos son los que aman y saben
amar la vida. Los que fornican con condón cuando a su pareja casada
“como Dios manda” se le olvida la pastilla o estirparse las trompas.
Esos mismos que follan a pelo en los clubs de carretera con suplemento
económico, estos, ellos mismos son los que detestan el color negro, los
mismos que le dan 20 euros a una nigeriana clandestina en cualquier
parque oscuro del extrarradio, para que se la chupe desde el asiento
del copiloto del coche de alta gama.


Son
los que saludan a sus vecinos a la salida de misa de doce, los que se
salvan cada noche cuando antes de dormir se leen un pasaje de la
biblia. Ellos, todos y cada uno, más los que en este momento no
recuerdo por saturación grafica y emocional, son los que cada día nos
vigilan, nos alientan, nos jalean y sobre todo nos juzgan y condenan a
todos los que o no están están con ellos, o vamos por libre. Al menos
eso pretenden, de ello viven y en ello se les va la vida.


Otra
delas cosas que sentí, fue una nostalgia infantil, un recuerdo cruel y
el sabor del pan con aceite y azúcar. Así es, les cuento por qué. Yo soy
del 57, en este momento tengo 50 años de antigüedad en el mundo. Pasé
prácticamente mi infancia y adolescencia en Madrid, en el llamado
Puente de Vallecas. Vivía en Sierra Carbonera, ahora apenas quedan
cuatro casas de las de entonces, y la plaza en la que jugaba que
parecía una plaza enorme, ahora al paso de los años, es una plaza
pequeña para mi, e igual para los niños globales que ahora juegan en
ella. Fui un mal estudiante, las razones están en otra historia que
algún día tal vez les cuente. El colegio de mi calle se llamaba Matías
Montero, en honor al primer estudiante falangista “asesinado” según
dice la historia, por los llamados “marxistas”.


Yo
no elegí mi colegio, supongo que tampoco mis abuelos, que era con los
que vivía en aquella época. Era lo que había, y lo que más cerca estaba
de casa. En aquellos años y aquellos días, nuestra niñez-adolescente no
sabía diferenciar los llamados ‘bandos’, sólo los alaridos
insultantes del abuelo, cuando en alguna ocasión aparecía el dictador
inaugurando un pantano. Esa era nuestra referencia, entre el “bien y el
mal”.

Cuando entrábamos y salíamos de clase, sé que cantábamos todos
con el brazo en alto el llamado “Cara al Sol” y lo hacíamos a veces con
entusiasmo, con ganas de ser los mejores. No sabíamos que esa canción
estaba escrita con la sangre de la estupidez humana, que estaba llena
de rencores y atalayas en sus letras, de sueños rotos arrancados de
madrugada y vaciados en cualquier cuneta.


Han
pasado los años, y con la perpectiva del tiempo, ni se me ha olvidado la
letra, ni tampoco la melodía. Ellos, los de antes, esos mismos. Son los
que en cada momento no cejan en recordarme algo que pasó hace mucho,
mucho tiempo. Me lo recuerdan con fascículos semanales, con programas
especiales de televisión. Siguen insistiendo en recordar el águila carroñera a
través de sus banderas, dicen que prohibidas y preconstitucionales.

Sigo escuchando después de tanto tiempo, las mismas cosas, los mismos
miedos, los mismos mensajes de pandemia de ideas, de odios y rupturas.
Siguen unos y otros tratando de que el miedo no se nos vaya, y lo que
es peor, que no se nos olvide tenerlo.

Ahora  es un himno, ósea, una melodía con
letra en este caso. Y eso, eso mismo es lo que ellos, unos y otros,
utilizan para seguir insistiendo en la sociedad del miedo. Un puto,
caduco, esteril, y estúpido himno es la nueva bayoneta de los
enfrentados.

Dicen las enciclopedias que el himno
es una de las formas poéticas más antiguas, en un principio el himno
fue una composición coral (para ser cantada) en honor a un dios, del
que se le recuerda los favores, brindar homenajes, o de agradecimiento.

Se
convirtió en uno de los géneros poéticos de la literatura clásica
grecolatina, para después perpetuarse como género en la poesía latina
de la Edad Media. Posteriormente fue una composición musical
revestida de solemnidad usada para transmitir sentimientos graves como
el patriotismo o la religión o la superioridad de unos países frente a
otros o, incluso, las gestas realizadas contra otros, si fueron
escritos en los momentos inmediatos a la independencia.


Así es, para un dios, en principio, fíjense que
abstracto todo, para un dios. Lo peor de todo es que en nombre de
Dios, cualquier dios, ayer se mataba, hoy después de tanto tiempo se
sigue matando. Se mata también en nombre de lo que definen como Patria.

Patriotismo
(de patriota, del francés patriote, del latín patriota, del
griego patriotes, patris + otes, perteneciente a la tierra del padre)
es un pensamiento que vincula a un ser humano con su patria. Es el
sentimiento que tiene un ser humano por la tierra natal o adoptiva a la
que se siente ligado por unos determinados valores, cultura, historia y
afectos. Es el equivalente colectivo al orgullo que siente una persona
por pertenecer a una familia o cofradía.


Ahí lo tienen,
por dios y por la patria, qué dos “grandes conceptos” tan sumamente
importantes para ser un buen ciudadano.

Esta es la gran preocupación de
los poderosos, de los creadores de pánico.

Ellos, esos mismos,
son los que están preocupados por que la melodía tenga una letra. ¡Qué equivocados están! Pueden elucubrar sobre ésta o cuál letra,
podrá ser más o menos tolerante, agresiva o la más light, para que
todos queden contentos.

Tal vez los más jóvenes se la aprendan con el
paso del tiempo, pero les diré algo. La melodía esa es la gran causa,
el gran reto. La melodía será la encargada de seguir manteniendo vivo
el recuerdo, ese que ellos, unos y otros no quieren que olvidemos. Si
algún día por cualquier
razón unilateral, vuelvo a escuchar el “himno” pero ya cantado con otra
letra, en mi cabeza seguirá presente aquella que fué aprendida a fuerza
de golpes de regla en la punta de los dedos, aquella que fue impuesta a
base de rodillas sangrantes por culpa del arroz.

Aquella, que como hoy,
me dice que nada cambia, solo se transforma.

¡No! Lo siento, no necesito ‘himnos’ para agradecerle a ningún ‘Dios’ nada,
soy agnóstico, escéptico y algo cabrón conmigo mismo en mis ratos
libres.

Gracias, agoreros, difuntos del progreso y la rebeldía, pero no
quiero ‘himnos a ningún Patriota’; soy un ciudadano del mundo, mi
patria es un plato de comida sea autóctona o global.

¡No! No quiero pertenecer a una melodía, a una letra, a una idea, a una
patria, a una siglas. Quiero seguir siendo un ciudadano, sólo eso. Un
tipo que pasó por aquí y cuando se fué, la gente dijo: “Fue solo, buena
gente”. Esa es mi letra y la melodia que más grito, cada día.

Por esto y sólo por esto, yo me cago en cualquier ‘himno’. Con perdón.

*Los artículos de Nodo Libre sólo representan el punto devista de su autor. Bottup es una comunidad de centenares de periodistas ciudadanos con su propio criterio, que la Redacción nunca puede coartar.

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