Sábado 01 de octubre de 2016,
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Jeat, una historia camboyana

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Utillero en un equipo de fútbol que juega con camisetas donadas por el Granada C.F., a sus 13 años Jeat dedica otras 10 horas diarias a trabajar en un taller por 0,50 euros

Siem Reap (CAMBOYA) / Esta sería una tarde más en Siem Reap, húmeda, calurosa y aburrida, pero no aún hace dos horas, unas manos de un chaval de 13 años han hecho que la impotencia más absoluta rompa la monotonía del final de este día.

Jeat, es una vida más, una historia olvidada en un país donde solo en su capital Phnom Penh, más de 30.000 niños trabajan a diario, según informa el Instituto Nacional de Estadísticas, aunque muy probablemente la cifra no oficial sea aun más escalofriante. Niños que deberían estar en una escuela, almas rotas que sacrifican su futuro por la supervivencia del presente.

Trabaja desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde, para al final del día, ponerse en los bolsillos 3.000 riels (unos 0,50 euros)

A sus 13 años, Jeat no mide más de 1,45 metros, ese fue el motivo por el cual él prefirió ser utillero del equipo de fútbol que Davide Covre, un italiano afincado en Camboya desde hace casi tres años, creó. “Siempre venía a los entrenamientos, y se sentaba a vernos, se veía en sus ojos que quería formar parte de un grupo, y sin dudarlo se lo propuse”, afirma Davide, quien nos dice que “en los partidos no para, anima, se enfada y siempre esta dispuesto a ayudar en todo, es el primero en llegar y el ultimo en irse, y tan sólo es el encargado de recoger las camisetas que las peñas del Granada C.F. nos regalaron y de dar agua a sus compañeros”.

Nació en Svay Dang Kum, Siem Reap, en una familia humilde, segundo mayor de seis hermanos, y pronto se enfrentó a la cruel realidad de un país que no da oportunidades a aquellos que más las necesitan. A sus nueve años, su padre enfermó, y desde entonces se ha visto enclaustrado en su propia casa sin poder trabajar. Jeat dejó la escuela cuando no había superado el tercer grado, y pronto se vio encargado de cuidar a su enfermo progenitor. Su madre, vendedora de hielo a las puertas de un hospital, nos afirma que “la vida de Jeat no ha sido fácil, yo no gano mas de 1 dólar diario, y con 6 hijos, me vi obligada a que los mayores trabajaran”.

Jeat, es una vida más, una historia olvidada en un país donde solo en su capital Phnom Penh, más de 30.000 niños trabajan a diario

La rutina diaria de Jeat comienza a las siete de la mañana. Es aprendiz de mecánico en un ‘taller’ en Wat Damnak. Trabaja hasta las cinco de la tarde, para al final del día, ponerse en los bolsillos 3.000 riels (unos 0,50 euros). Lleva dos meses dedicado a la que dice es su gran pasión, las motos, y según nos confirma Mr. La, su jefe, “es un gran trabajador, hambriento por aprender, y en tan sólo dos meses puede hacer todos los trabajos exteriores de reparación de cualquier motocicleta”.

Al llegar la tarde, visitará a su padre, al cual ve solo unas pocas veces al mes. Jeat ya no vive en casa, con tan sólo 13 años se ha independizado y vive en el mismo taller callejero, con las manos impregnadas de grasa, y esa camiseta que seguramente no se quita desde que empezó a trabajar. Tumbado en una hamaca, duerme a la luz de las estrellas, probablemente soñado con un futuro mejor.

[blockquote]La vida de Jeat
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Jeat no es más que una historia más en Camboya, muchos verán en el un claro ejemplo de explotación infantil por parte de su jefe Mr. La, pero el problema no es a pequeña escala. Jeat no es más que el resultado de este mundo que hemos creado, donde los países desarrollados son lo que realmente están obligando a que estos niños estén trabajando y no en una escuela como deberían. En las calles de Siem Reap, su imagen reparando una de las motos, no es más que algo demasiado cotidiano, y alejado de la vista de los turistas que prefieren visitar las riquezas de un país que abandonan sin haber conocido.

Como decía el escritor ingles, G.K. Chesterton: “Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa en ella es maravillosa”, o al menos debería ser así para todos los niños.

 


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