Sábado 29 de julio de 2017,
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Héroes anónimos

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Juan Pablo Urtizberea, al igual que Jesús Neira, ha pasado a ser un héroe por el navajazo que recibió al intentar salvar a Yasmín Rodríguez de la agresión de su marido

Opinión

“Lo que debiera ser una actitud predominante -auxiliar a una persona
ante agresiones manifiestas- se está conviertiendo en un acto heroico”

Juan venía de la cena de los primeros viernes de mes con su cuadrilla. Paró su moto al ver la agresión de Enrique San Clemente sobre su, todavía mujer (aunque desde hace un año ya no vivian juntos, estaban separados) Yasmín. Juan Pablo se interpuso entre la navaja de Enrique y el cuerpo de Yasmín. Desgraciadamente, Enrique había sido más rápido y ya había asestado una puñalada mortal a Yasmín, a la que sesgo la aorta. Ahora Juan Pablo se recupera positivamente mientras por la tele ve las imágenes de la familia de Yasmín, desmoronada.

Lo que debiera ser una actitud predominante -auxiliar a una persona ante agresiones manifiestas- se está conviertiendo en un acto heroico por lo nada habitual de estas reacciones. Cuando la reacción normal de cualquiera hubiera sido mirar de reojo la disputa y seguir con la moto hasta casa, gente como Neira o Urtizberea, aparecen como héroes por reaccionar como sabemos que deberíamos de reaccionar todos. Su heroicidad es nuestra vergüenza. Y su convalecencia nuestra excusa para apartar la mirada la próxima vez; “yo no arriesgo mi vida por alguien a quien ni siquiera conozco”.

No es mi pretensión que este artículo me sirva de eximente, pues no soy de ‘meterme donde no me llaman’, pero lo que si que suelo hacer es llamar al 112, a una distancia suficiente de la trifulca, e informar de lo que está sucediendo a la autoridad pertinente. Con mi actitud, Yasmín hubiera tenido el mismo desenlace, pero quizás, otras mujeres en otras disputas no. Por lo menos que el ‘canguelo’ no te haga inmune a lo que sucede delante de tus narices.

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