Domingo 11 de diciembre de 2016,
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La aparición de Anza plantea más preguntas que respuestas

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La aparición del etarra Jon Anza tras once meses en un tanatorio de Toulouse abre una gran cantidad de interrogantes que nos lleva a un escenario conocido. ¿Es un caso de terrorismo de estado?

En estos días se resuelve el caso de Jon Anza, el etarra que desapareció en el sur de Francia en abril de 2009 con 300.000 euros en el bolsillo y que ha aparecido muerto hace pocos días, marzo de 2010, en la morgue de Toulouse.

Este terrorista veterano, y operado de cáncer cerebral, perteneció a ETA desde principios de los años ochenta y había pasado por la cárcel por el asesinato del subteniente de la policía retirado, Leopoldo García Martín, dentro del comando ‘Lau Haizeta’. Tras su salida de la cárcel en 2002 se incorporó, en Francia, al aparato político internacional de la banda. En esas tareas es en las que se encontraba cuando desapareció.

Se han dado diversas justificaciones a esta desaparición. Desde el entorno abertzale se culpa a los estados español y francés de aplicar la guerra sucia contra Anza. Este argumento se apoya en otras desapariciones como en los casos de Lasa y Zabala, Pertur, Naparra o Popo Larre que fueron, al fin y la postre, relacionadas y en algún caso probadas como terrorismo de estado. Solo el ruido de la opinión pública y de los entornos indepentistas vascos han ocasionado, desde su punto de vista, que apareciera el cuerpo de Anza.

Desde el entorno etarra se insinuaba un nuevo caso de terrorismo de Estado, desde el Estado, una huida o ajuste de cuentas

Por otro lado, el Ministerio del Interior español ha apuntado a la desaparición causada bien por motivos económicos, sugiriendo que Anza huyó con el dinero del que hacía de mensajero para tratarse el cáncer que le aquejaba, o bien, que la propia banda le hizo desaparecer por disensiones o por descubrirse el intento de robo. Estas purgas, juicios sumarios y exilios obligados no son tampoco ajenos al mundo violento, como en el caso de la dirigente de ETA, Yoyes, asesinada por la propia banda. La versión de la guerra sucia ha sido descartada tanto por el PSE como por el PP como conspiranoias propagandísticas favorables al entorno de ETA.

La fiscalía francesa ha hablado de un cúmulo de casualidades y negligencias que ha hecho que la muerte del terrorista quedará en desconocimiento aún a pesar de que estuvo en el tanatorio de Toulouse desde su muerte hasta su descubrimiento.

La secuencia de los hechos conocidos denotan un cierto devenir rocambolesco que no sé si tiene algo que ocultar pero al menos si un mucho que explicar para que la sombra de lo incorrecto, ilegal y digno de temer no se aposente. Los hechos descritos someramente y hasta donde se conocen son los siguientes:

Como vemos en esta secuencia cronológica de hechos, hay severos huecos y preguntas pendientes que deben responderse de manera clara y justificada para evitar que la lucha contra el terrorismo se manche de lo mismo que se quiere combatir: la violencia absurda, sin control y que pueda ser empleado por el entorno de los más violentos y por aquellos nacionalistas que siempre encuentran un ‘pero‘ en las razones del Estado de derecho, frente a los argumentos de los violentos. Los agujeros en la historia, los tiempos muertos, sin información, la muerte, al final, de Anza y su aparición nos lleva a un escenario de Leviathan de los estados francés y español que es amenazante.

La fiscalía de Toulouse reconoce toda una serie de fallos en la investigación y control sobre el caso Anza que es, como poco, sorprendente.

Imagen: http://static.deia.com/images/2010/03/12/import_6428770_1.jpg

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