Sábado 10 de mayo de 2014,
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La aventura de ser madre a los cuarenta y pico

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“Nuestra ilusión de tener pronto descendencia era evidente debido a
nuestra edad, con diez años menos seguramente hubiéramos esperado un
par de años para disfrutar como pareja y disponer de más tiempo para
nosotros…”

En mi humilde opinión a las futuras madres les ocurre un caso como el mío. Siempre desee ser madre. Ya de niña jugaba mucho con las muñecas y desde joven tenía claro qué cuándo encontrase el hombre de mi vida, nos casaríamos y tendríamos familia. Como mínimo dos, nunca deseé tener un sólo hijo, ya que era hija única y siempre eche de menos un hermano, aún entendiendo las circunstancias que lo impidieron, ya que mi madre también lo deseaba.

Más los años pasan y esa persona con la que  deseas compartir tantas cosas no acaba de llegar a tu vida y mientras me dedico a trabajar, si bien no sea lo que más me guste, a estudiar, entrar en la universidad, aunque sea vía ‘Mayores de 25 años’, sacarme el carnet de conducir y, sobre todo, viajar, salir con los amigos, ir mucho al cine, etc. En fin, lo típico y tópico de los fines de semana en una gran ciudad.

Por medio de una amiga que vino a trabajar mi ciudad, que me invito a unas fiestas en su pueblo, conocí a su familia con 20 años, incluyendo sus hermanos , sin que surgiera nada sentimental entre uno de ellos y yo,  si bien, cierta atracción física por el más pequeño, que era de mi edad.

Años después, me invitó a su boda y volví a verlos, y aunque digan que de una boda sale otra no fue la nuestra, la de su hermano y la mía.  Tuvieron que pasar unos 18 años, del primer encuentro, para que en la siguiente visita a su pueblo y en sólo 4 días, su hermano y yo nos hiciéramos novios, ya con 38 años los dos.

Tras algo más de un año de noviazgo, sin poder hacer obras en nuestro piso, nos casamos y nos fuimos a vivir al piso de sus padres, viviendo allí además su hermano. Un cambio radical en mi vida, de vivir en una gran ciudad frente al mar  a vivir en un pueblo del interior con menos de 800 habitantes y a más de una hora de coche del centro comercial más cercano y de la playa. Cambio que pensé sería muy positivo para criar niños ya que es más sano que en la ciudad, aunque también halla menos niños más con la ventaja de plaza segura en la escuela del pueblo y en el instituto de la zona.

Nuestra ilusión de tener pronto descendencia era evidente debido a nuestra edad, con diez años menos seguramente hubiéramos esperado un par de años para disfrutar como pareja y disponer de más tiempo para nosotros, así como salir aquí o allá cuando nos apeteciera.

Gracias a Dios, ya me quede embarazada en la luna de miel, a los cinco días de casada. Reconocemos que tuvimos mucha suerte pero la gran tristeza llego con la primera ecografía, que demostró lo que las estadística dicen de una alta tasa de pérdida del bebe del primer embarazo de una cuarentona, el feto no se estaba desarrollando normalmente y el día que cumplíamos dos meses de casados, lo perdí.

Después de la recuperación que te recomiendan los médicos volvimos al ataque y esta vez tardó más en llegar. Cada mes que se presentaba la regla nos entristecía mucho y cuando había un retraso nos alegraba hasta que bajaba de nuevo, pero un día el retraso se confirmo en un segundo embarazo, era mi cumpleaños, ya 41, y, además, festividad en el pueblo. Mi ilusión por ser la primera es que fuese niña siendo bienvenido, claro está si era un niño.

Desde la primera ecografía se vio que esta vez si venía un bebe con un crecimiento normal, los ginecólogos me recomendaron la amniocentesis, como a todas la mujeres mayores de 35 años, que debería de ser a todas las edades. Quién no conoce algún caso de padres jóvenes con una hijo con el Síndrome de Down. Dado que es una de las pruebas invasivas, es decir que la muestra que se toma para su estudio se extrae de la placenta y conlleva, según los estudios, un riesgo del 0,5% de aborto al hacerla, preferimos no hacérmela y nos recomendaron el Triple Screening, donde, tras unos análisis y una ecografía detallada para el estudio del pliegue nucal, nos dejaron de piedra cuando nos dijeron que teníamos 1 sobre 8 posibilidades de Síndrome de Down.

Aunque no tenía intención de abortar, al final me hice la amniocentesis para saber con certeza lo que venía  y aceptarla con todo amor. Tras una eterna espera de 25 días, los resultaros fueros buenos y cumpliendo mi sueño, esperábamos a una niña sin problemas.

Pase un embarazo diferente a lo que suelo escuchar, no tuve las clásicas náuseas matinales del primer trimestre, si bien tuve que guardar reposo por riesgo de perderla desde los tres meses y peor fue el último trimestre por problemas en la circulación, en parte por el calor de un estío caluroso. Al final, un mes antes de lo previsto, tuve una falsa alarma y tras darme el alta, ya me programaron el parto con tres semanas de adelanto. Siempre con la garantía de que nuestra niña ya venía bien y no había riesgo para ella.

De nuevo doy gracias a Dios por este parto, natural y sin epidural (por culpa de mi espalda, siete veces me pincharon con el riesgo que conlleva y las molestias que me causaron) que fue bien, eso sí con unas contracciones que me quería morir, por suerte para mí fue breve y alas 15:15 horas, mientras en la calle diluviaba, nacía nuestra hija, por el momento la primera o quizá fuese la única.

Tanto fue así que peso como muchos bebes que han cumplido las 40 semanas: 3 Kilos 210 gramos y la más hermosa criatura que he visto o pueda ver algún día, y no es sólo amor de madre. Sí así es, pese a todas las amenazas de riesgos de ser madre cuarentona, nuestra niña nació sana y hermosa, con unos ojos azules, que ya con casi tres años que tiene no se han cambiado de color, que cautiva a todo el que la ve.

Además de crecer sana y fuerte es inteligente, lista y pilla, y muy pero muy cariñosa. Simpática y bastante obediente, aunque le guste ser mandona y si no le hacemos caso se enfada, pero luego viene pidiéndote un abrazo y se te funde de amor, vamos una niña muy buena.

Es muy charlatana, lo entiende todo, además de aprender las dos lenguas paterna/materna ya le empiezo a enseñar inglés, música… Por suerte para mí, con la ayuda de su abuela y que yo he podido quedarme mucho en casa, disfrutando de su crecimiento y aprendizaje sin hacer falta llevarla a la guardería. Además que en el pueblo que vivimos no hay y ahora ya le estoy preparándola, concienciándola para empezar la escuela el próximo septiembre, justo unos días después de su tercer aniversario.

Y como ya he comentando al principio, deseaba para mi hija un hermanito y de mutuo acuerdo con mi marido, después de éxito de nuestra primera hija, fuimos a buscar la parejita. Al año me volví a quedar embarazada. Tres años tres embarazos. Si acertásemos así en las loterías seríamos millonarios.

Un embarazo similar al anterior, conseguí evitar el calor del verano que abarcó sólo parte del primer y segundo trimestre pero ya no el tercer, que pese a ser otoño y fresco, yo tenía calor y aún vestía en manga corta cuando otros ya vestían abrigo y eso que soy más bien friolera, viviendo en un clima más  frio en invierno que donde vivía yo antes de casarme.

A nuestra niña, con apenas un año y medio, ya le inculcamos su amor para su futuro hermano, explicándole que pronto iba a tenerlo, haciendo referencia a sus primos, dándole besitos en la pancha desde el primer momento y llamándola por su nombre desde que decidimos el mismo. Ella misma ya me pedía darle besitos y pronto aprendió su nombre. Esta vez no me importaba si era niño o niña, sí era un niño por mi marido y sí era una niña pensé sería preferible para su hermanita. Lo único que nos importaba realmente es que  naciera sano  y todo fuera bien.

Después del mal trago del primer parto pasamos del Triple Screening y fuimos directamente a hacerme la amniocentesis, que encima esta vez  me lo podían hacer en el hospital de la zona y no eranecesario trasladarme  a la gran ciudad como me pasó con mi primera hija. Pero no, mi bebe estaba colocado muy adelante y si con nuestra primera hija había una gran piscina de placenta para pinchar en este embarazo apenas había espacio para pinchar. No se arriesgaron a pinchar y me enviaron de nuevo a la gran ciudad y para colmo de los colmos, en la primera intentona pasó lo mismo y “vuelvan vds. dentro de diez  días”, y por fin, pese a la poca placenta visible que había y lo bajo que estaba lo pudieron hacer y de nuevo eterna espera y mismo buen resultado, además de ser otra niña.

Una mañana de diciembre, estando de 8 meses, me desperté con pérdidas y marchamos para el hospital, a las 12:15 horas, tras un parto, ya sin intento de epidural y con los dolores mortales de las contracciones, nació nuestra segunda hija, con sólo 2 kilos 700 gramos, gracias a Dios sana y hermosa también de ojos azules si bien más oscuros, el pediatra que la exploró considero que no era necesario incubadora  y en cinco días para casa. La que lo pasó peor fui yo, pues se complico el parto al intentar sacar la placenta, que se acabo rompiendo, anestesiándome para hacerme un primer legrado, ya en casa seguí teniendo varias hemorragias, dos tan fuertes que pensaba que no lo contaba, me dejaron con una anemia y una debilidad que me duró más de un mes del parto hasta que por fin me hicieron un segundo raspado/legrado. Y con mucho hierro y evitando esfuerzo me fui recuperando. Aunque es difícil cuando se tiene dos niñas pequeñas, gracias a la ayuda de mi marido, mi suegra y mi cuñada, especialmente.  Y a todo esto ya cumplí los 44.

Y aquí nos plantamos, si no se presenta de sorpresa, siendo bienvenido igualmente. Ya que ni los 2.500 € del gobierno (sólo en la segunda hija) ni las ayudas de las CC.AA. cubren los gastos que conlleva sacar adelante un bebe, sólo en leche en polvo desde el primer día, ya que no pude darle de pecho, como les pasará a muchas otras mujeres, y en pañales sube un pico largo y eso que economizamos mirando por un lado lo mejor para nuestro bebe y por otro para nuestro humilde bolsillo.

Ahora, en el momento presente, con una niña de  dos años y nueves meses y otra que acaba de cumplir su medio año de vida estoy muy feliz, muy dichosa y muy afortunada de tener estos dulces amores que son la alegría de nuestra casa. Hasta el abuelo que ha estado muy mal y casi se nos va, resucita cantándoles y jugando, en lo que su salud le permite, con ellas.

Y entre ellas ya existe un amor fraternal que siguió después del parto. La mayor, ya en su primera visita al hospital, demostró su felicidad, dándole besitos, diciéndole guapa, incluso queriéndola coger de brazos. Tanto es así, que cuando se la llevaban por la puerta para marchar ella mismo pidió de dar un beso de despedida que ninguno de nosotros pensó en decirle. En casa no para de ayudarme, me lo prepara todo para cambiarles los pañales, bañarla, vestirla, darle el biberón, no suelta el cochecito a la hora del paseo… La pequeña lo nota y no para de sonreírle cada vez que la ve, capta este amor fraternal y lo comparte. Y si vierais las carcajadas que se echan mutuamente es una maravilla de sentir.  No digo que en algún momento la mayor tenga algo de celos que apenas demuestra y que en todo momento hemos procurado provocar circunstancias que refuercen los celos.

Por todo lo escrito reconozco que la aventura de ser madre a los 40, siendo más agotador que a los 20,  sigue siendo algo tan maravillo y que cualquier edad es buena para disfrutar, incluso cuando los hijos llegan en mal momento, la felicidad que dan cuando sienten el amor maternal y del resto de la familia lo demuestra bien con una sola sonrisa de amor que vale un potosí.

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