Lunes 26 de septiembre de 2016,
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La catarsis de Carlos Jiménez Villarejo

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Por las mismas horas en que Baltasar Garzón iniciaba el calvario de tener que justificar esa doble vida que en España tanto abunda entre sus altos funcionarios o políticos, Jiménez Villarejo se daba uno de esos baños de cámaras y prensa, más que de público, que conforma otra de las vertientes de los poderosos

Un psicólogo abusando de diccionario soltaría que Villarejo “eliminaba recuerdos que perturban la conciencia o el equilibrio nervioso”. Sus fantasmas, la tortura. Se le calentó la boca contra los magistrados del Supremo, desdiciéndose después con juegos de palabras. La Prensa, ni la adicta, en este caso El País, es como era cuando detentaba el terror de ser Fiscal Jeje Vitalicio, desde 1987 hasta que se jubiló de la jefatura de Anticorrupción, y jamás nadie se hubiera atrevido a tergiversar ni una coma de sus abundantes dictados y opiniones.

He visto como varios funcionarios ‘reducían’ a un desgraciado y de la reducción pasaban a ‘ensañarse’… no se olvida nunca. Me pregunto si la conciencia de Villarejo le juega la mala pasada de revolver su afición a la política, los focos, los discursos, la prensa (antes adicta sin fisuras) y ese oscuro pasado de fiscal franquista que en el 73 (en plena descomposición de la Dictadura convertida en dictablanda) borró haciéndose del PSUC, y atribuyéndose historietas de ‘quinta columna’ en el franquismo.

Ese oscuro pasado de fiscal franquista que en el 73 borró haciéndose del PSUC, atribuyéndose historietas de ‘quinta columna’ en el franquismo

¿O lo que pretende a machamartillo es re-escribir una parte de su larga vida que le molesta y que además afectaría a cuando conseguido el poder, Fiscal Jefe, podría demostrarse que encubrió por activa o por pasiva la gran corrupción barcelonesa? Y esa Gran Corrupción que también se escondía en ideologías, todas, no se iba con demasiadas zarandajas, pagaba, y necesariamente utilizó a varios de sus funcionarios. El juez Luis Pascual Estevill no pudo actuar tan impune, por tanto tiempo, y tantos casos, sin la colaboración, la firma o silencio de algún o varios fiscales. ¿A las órdenes de sus jefes por buenos funcionarios? Cada denuncia convertida en sumario, archivado o abierto durante décadas, traía consigo un reguero de dinero. Y solucionó tan a gusto del poder su época barcelonesa, que un Gobierno tan corrupto como ahora toda la clase política (por activa o pasiva) le nombró jefe en Anticorrupción.

O aún peor, y la traición del subconsciente contra los magistrados del Supremo proviene de que era tan morboso en el ejercicio de su cargo que acudía a la Jefatura de Vía Layetana de Barcelona donde los gritos de los torturados, también al igual que en La Modelo, se oían en el vecindario. Y como allí, aún hay quien se acuerda. Memoria Histórica… pero no tanto… hace 30 o 40 años. Y si no acudió, nos podría contar ¡tanto!…que le hace encubridor. Encubridor de una época muy oscura de Barcelona en cuanto a su mundo policial, político y oficial, desde el 62 que se iniciara en la Fiscalía hasta entrados los 80. Y después en su plena jefatura lo del oasis catalán… más oscuridad.

La propia creación de esa jefatura especial, Anticorrupción, que centraría los escándalos político-financieros para su control específico, y, por tanto, su ‘reconducción’, demuestra la perversión de los corruptos, la clase funcionarial o política ‘que monta tanto, tanto monta’.

Compitió por la jefatura de la izquierda comunista. Diría que dentro de sus filas alguien le tenía ‘fichado’ y no pasó de discursear y aparecer como uno de sus abanderados. Esos tipejos no convienen en formación alguna, pero los hay en todas.

En este país, muertos y Memoria Histórica están en función de donde procedan los momios de cada uno

¿Dinero, cadáveres o corrupción? O simple vicio por los focos, notoriedad. No se trata solo de franquistas camuflados, o haciéndose perdonar su pasado, son el resultado de una transición, que no lo fue, consagrando en España una casta de vividores con sus descendientes y discípulos, la endogámica burocracia, que si por los 50 aparcaban a varias manzanas de su oficina porque su triste sueldo no justificaba el automóvil, ahora cogen años sabáticos y excedencias, para pasearse por Norteamérica, París, Roma o Florencia, gozando de las fortunas acumuladas.

Garzón no tiene el problema de los esqueletos del franquismo, que los hay y muchos, y que deberían desenterrarse, aunque sea demasiado tarde. Tiene el problema del dinero recibido de Botín o de la Universidad financiada por Botín, y puede que hasta de alguna petrolera. Y si hay dinero de un justiciable al que se le pide, ni siquiera soborna, lo hay de más. Y si por lo que parece hay ‘abogados y fiscales amigos’ con los que se caza, peor.

Catarsis que los profesionales del griterío en Tele 5 convierten en otro de sus histriónicos programas con Pilar Rahola, que supo y calló sobre el Juez Pascual Estevill por los 90, y defiende ahora a sus patrocinadores del PSOE.

En este País, muertos y Memoria Histórica están en función de donde procedan los momios de cada uno. Pero los hay, vivos y muy vivos, que quizá en su armario guarden algún cadáver, o lo encubran, y eso no prescribe, únicamente se necesita que algún familiar de los desaparecidos pierda su ancestral miedo y resucite sumarios mal archivados de los 70-80, de esos que el Juez Gómez de Liaño se pregunta en sus libros cómo acabaron. En el hipotético caso de que algún juez abriera sumario, que como ya ha sucedido resulta imposible… y con vivos los posibles culpables, y sin afectar leyes de amnistía.

La oscura época en que gobernó la Audiencia de Barcelona el conocido por superfranquista, y todopoderoso sátrapa, Excelentísimo Alfonso Hernández Pardo, que no solo se apropió por rentable del caso Consorcio de la Zona Franca, convirtiendo la Sala en contaminada por resolver los recursos sobre prisión preventiva y otros (hoy es impensable semejante barbaridad e indefensión por las repetidas sentencias del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo contra el Reino de España) presidiendo después el Tribunal juzgador que no le correspondía, ciscándose en la Constitución, sino que ordenó y mandó sobre los muertos de La Modelo, o las denunciadas torturas de los casos Escala, Bultó o Viola, y a cientos sin nombres conocidos.


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