Jueves 08 de diciembre de 2016,
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La crisis económica bajo sospecha

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La desaceleración de la economía obedece a la necesidad del poder económico, encarnado por el FMI, de enfriar la economía para poder controlarla

Los mismos expertos que no supieron detectar la crisis, ahora tienen remedios para terminar con ella. Se pueden guardar todas sus recetas, técnicas y discursos económicos porque la causa de la crisis es política, y por tanto, las soluciones también serán políticas.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, los vencedores diseñan un modelo económico mundial a su medida. EE.UU. es el gran beneficiario, el dólar es la moneda mundial, tiene paridad fija con el oro. Este modelo funciona hasta principios de los años 70. Las nuevas generaciones se rebelan y exigen participación política, pero también mayor consumo y Estado del Bienestar.

Esta falta de recursos colapsa el modelo económico. El patrón oro da paso al dinero fiduciario y la economía deja de estar limitada por la cantidad de oro de la Reserva Federal de EE.UU. La nueva riqueza se basa en la actividad económica. No importa que sea lícita o ilícita, ecológica o contaminante, moralmente aceptada o rechazada, productiva o especulativa, puesto que lo nocivo engendra a su vez actividades correctoras.

Los Estados sólo tienen que recoger su beneficio en forma de impuestos de todas las actividades. Este modelo favorece la especialización, la descentralización, la globalización y, por supuesto, la especulación. No es perfecto, pero es evidente que ha cumplido su misión de elevar el nivel de consumo y bienestar a escala mundial.

El dinero negro de actividades ilegales, como el tráfico de drogas o armas, mueve el 25% de la financiación mundial

Es aquí donde empiezan los problemas actuales. Los paraísos fiscales se han transformado, ya no son una caja fuerte donde esconder los dólares convertibles en oro, el dinero fiduciario necesita circular para no devaluarse. También con la globalización, las empresas transnacionales recurren a los paraísos para hacer negocio con empresas ficticias y evadir impuestos. Pero hay más, las actividades ilícitas al ser productivas, se han expandido, y el dinero que mueve el tráfico de drogas, de armas y blanqueo de dinero, también se canaliza a través de los paraísos fiscales. Se calcula que el 25% de la financiación mundial está en sus manos, y por supuesto, para rentabilizar su capital han creado su mercado negro.

Esta situación por si sola es peligrosa, porque pone en peligro la autoridad de las instituciones mundiales, y también porque los Estados tienen menos ingresos y no pueden mantener el nivel de bienestar alcanzado hasta ahora. Aún siendo una situación ineficiente, el poder económico tiene tanto poder político que esta situación se ha mantenido hasta que el actual equilibrio mundial se ha visto amenazado.

A ese mercado negro acuden en busca de financiación todo tipo de agentes; unos, sólo para eludir al Fondo Monetario Internacional, y otros, para poner en peligro el sistema occidental. Los grupos armados, desde los piratas somalíes hasta los talibanes, pasando por Al-Qaeda, Hamás y otros, necesitan financiación para armarse y mantener su estructura. Pero últimamente se ha dado un paso aún más peligroso: la amenaza nuclear es una realidad. La tecnología atómica de Irán y Corea del Norte se ha pagado con dólares y euros, y los paraísos fiscales han canalizado ese dinero negro y su financiación.

Sólo esta situación límite justifica la reacción drástica de Occidente de cortar la financiación a escala mundial. Hay que enfriar la economía mundial para poder controlarla. En las reuniones del G8, G20 y de la ONU se están coordinando las medidas que permitan a Occidente volver a dominar la economía y terminar con el mercado negro financiero. Para ello hay que canalizar los recursos de los paraísos fiscales a través del FMI.

Este mercado negro es una amenaza para la liquidez del sistema, y en él se abastecen grupos armados que tratan de poner en peligro el sistema occidental

El G20 enfría la economía anulando la financiación local pero también reduciendo la velocidad de circulación del dinero mediante una campaña mundial de desconfianza, lo que produce una caída brutal del consumo. Esto obliga a los países ricos a sacar al mercado grandes cantidades de dinero, en forma de gasto público y financiación blanda al sector privado para paliar los desajustes estructurales y sociales, pero también para abastecer de fondos al FMI y hacer frente a los paraísos fiscales contrarios a las nuevas normas.

Diferentes formas de afrontar la situación
Paralelo a las acciones económicas, el frente militar también es activo, Obama no cesa de pedir más recursos a Europa para controlar Afganistán, Irak y Pakistán. El frente diplomático tampoco descansa, el peligro nuclear hay que combatirlo, de momento buscando aliados, y en ello está Obama con sus continuos viajes.

Por supuesto que en el bloque occidental hay discrepancia en cuanto a las medidas a tomar. Alemania y Francia desearían reducir o terminar con el negocio de los paraísos fiscales porque, por tradición, sus sociedades son revolucionarias y necesitan más ingresos para mantener el Estado de Bienestar. Por el contrario, EE.UU. y el Reino Unido se conforman con gestionar los recursos de los paraísos fiscales a través del FMI, porque sus respectivos poderes económicos exigen al poder político mantener sus privilegios fiscales.

Los países emergentes como Brasil, Rusia, India y China (BRIC) forman bloque para conseguir mayor peso en el nuevo modelo económico. No olvidemos que tres de ellos tienen tecnología atómica para dar y vender, y además, controlan en parte el negocio de los paraísos fiscales. También es evidente su mayor influencia sobre Irán y Corea del Norte.

El G20 enfría la economía a través de una campaña mundial de desconfianza, lo que produce una caída brutal del consumo

De cualquier manera, la salida de la crisis llegará cuando toda la financiación mundial se canalice a través del FMI y su duración dependerá del éxito de Occidente en aplicar las medidas de coacción hacia los paraísos fiscales. Además, una vez sometidos, la recuperación no será inmediata puesto que el relanzamiento de la economía tendrá que ser lento. Con la cantidad de dinero que se ha inyectado al mercado, se corre el peligro de una hiperinflación si se acelera en exceso el calentamiento de la economía. Claro está, que si la recuperación es demasiado lenta podría producirse disturbios sociales. En saber imprimir la velocidad adecuada estará también la clave del éxito. Mientras tanto en España, unos añoran la época del ladrillo y exigen reformas laborales, y otros, suplican financiación y trabajo. Ambos están en el limbo.

No quiero transmitir ningún pesimismo, pero tengo que expresar mi opinión hasta el final. La crisis económica es el primer paso de la guerra de supervivencia de Occidente. En caso de fracaso, en cuanto a terminar con el mercado negro de capitales, el siguiente sería el bloqueo comercial de los paraísos fiscales reticentes a canalizar su negocio a través del FMI.

Por último, la amenaza nuclear debe desaparecer para Occidente, hay que integrar a Corea del Norte e Irán en el sistema mundial, pero claro está, cediendo a sus peticiones que serán proporcionales a su amenaza militar. Tampoco es de descartar la injerencia en los asuntos internos de estos países para desestabilizar y conseguir gobiernos afines. Las dos Guerras Mundiales del s. XX tuvieron lugar para establecer la supremacía de un sistema político-económico sobre otro. En este momento, Occidente está dispuesto a emplear todos sus recursos económicos y militares para mantener su modelo mundial y su hegemonía.


Subtítulo, destacados y fotografía

Fotografía: (CC) World Economic Forum

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LA CRISIS ECONÓMICA BAJO SOSPECHA

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            Los mismos expertos que no supieron detectar la crisis, ahora tienen remedios para terminar con ella. Se pueden guardar todas sus recetas, técnicas y discursos económicos porque la causa de la crisis es política, y por tanto las soluciones también serán políticas.

            Al término de la Segunda Guerra Mundial, los vencedores diseñan un modelo económico mundial a su medida. EE.UU. es el gran beneficiario, el dólar es la moneda mundial, tiene paridad fija con el oro. Este modelo funciona hasta principio de los años 70. Las nuevas generaciones se rebelan y exigen participación política, pero también mayor consumo y estado de bienestar. Esta falta de recursos colapsa el modelo económico. El patrón oro da paso al dinero fiduciario y la economía deja de estar limitada por la cantidad de oro de la Reserva Federal de EE.UU. La nueva riqueza se basa en la actividad económica. No importa que sea lícita o ilícita, ecológica o contaminante, moralmente aceptada o rechazada, productiva o especulativa, puesto que lo nocivo engendra a su vez actividades correctoras. Los Estados sólo tienen que recoger su beneficio en forma de impuestos de todas las actividades. Este modelo favorece la especialización, la descentralización, la globalización y, por supuesto, la especulación. No es perfecto, pero es evidente que ha cumplido su misión de elevar el nivel de consumo y bienestar a escala mundial.

            Es aquí donde empiezan los problemas actuales. Los paraísos fiscales se han transformado, ya no son una caja fuerte donde esconder los dólares convertibles en oro, el dinero fiduciario necesita circular para no devaluarse .También con la globalización, las empresas transnacionales recurren a los paraísos para hacer negocio con empresas ficticias y evadir impuestos. Pero hay más, las actividades ilícitas al ser productivas, se han expandido, y el dinero que mueve el tráfico de drogas, de armas y blanqueo de dinero, también se canaliza a través de los paraísos fiscales. Se calcula que el 25% de la financiación mundial está en sus manos, y por supuesto para rentabilizar su capital han creado su mercado negro. Esta situación por si sola es peligrosa porque pone en peligro la autoridad de las instituciones mundiales, y también porque los Estados tienen menos ingresos y no pueden mantener el nivel de bienestar alcanzado hasta ahora. Aún siendo una situación ineficiente, el poder económico tiene tanto poder político que esta situación se ha mantenido hasta que el actual equilibrio mundial se ha visto amenazado.

            A ese mercado negro acuden en busca de financiación todo tipo de agentes, unos sólo para eludir al Fondo Monetario Internacional y otros para poner en peligro el sistema occidental. Los grupos armados, desde los piratas somalíes hasta los talibanes, pasando por Al-Qaeda, Hamás y otros, necesitan financiación para armarse y mantener su estructura. Pero últimamente se ha dado un paso aún más peligroso, la amenaza nuclear es una realidad. La tecnología atómica de Irán y Corea del Norte se ha pagado con dólares y euros, y los paraísos fiscales han canalizado ese dinero negro y su financiación.

            Sólo esta situación límite justifica la reacción drástica de Occidente de cortar la financiación a escala mundial. Hay que enfriar la economía mundial para poder controlarla. En las reuniones del G8, G20 y de la ONU se están coordinando las medidas que permitan a Occidente volver a dominar la economía y terminar con el mercado negro financiero. Para ello hay que canalizar los recursos de los paraísos fiscales a través del FMI. El G20 enfría la economía anulando la financiación local pero también reduciendo la velocidad de circulación del dinero mediante una campaña mundial de desconfianza, lo que produce una caída brutal del consumo. Esto obliga a los países ricos a sacar al mercado grandes cantidades de dinero, en forma de gasto público y financiación blanda al sector privado para paliar los desajustes estructurales y sociales, pero también para abastecer de fondos al FMI y hacer frente a los paraísos fiscales contrarios a las nuevas normas. Paralelo a las acciones económicas, el frente militar también es activo, Obama no cesa de pedir más recursos a Europa para controlar Afganistán, Irak y Pakistán. El frente diplomático tampoco descansa, el peligro nuclear hay que combatirlo de momento buscando aliados, y en ello está Obama con sus continuos viajes.

            Por supuesto que en el bloque occidental hay discrepancia en cuanto a las medidas a tomar. Alemania y Francia desearían reducir o terminar con el negocio de los paraísos fiscales porque, por tradición, sus sociedades son revolucionarias y necesitan más ingresos para mantener el estado de bienestar. Por el contrario, EE.UU. y el Reino Unido se conforman con gestionar los recursos de los paraísos fiscales a través del FMI, porque sus respectivos poderes económicos exigen al poder político mantener sus privilegios fiscales. Los países emergentes, Brasil, Rusia, India y China (BRIC) forman bloque para conseguir mayor peso en el nuevo modelo económico. No olvidemos que tres de ellos tienen tecnología atómica para dar y vender, y además, controlan en parte el negocio de los paraísos fiscales. También es evidente su mayor influencia sobre Irán y Corea del Norte. De cualquier manera, la salida de la crisis llegará cuando toda la financiación mundial se canalice a través del FMI y su duración dependerá del éxito de Occidente en aplicar las medidas de coacción hacia los paraísos fiscales. Además, una vez sometidos, la recuperación no será inmediata puesto que el relanzamiento de la economía tendrá que ser lento. Con la cantidad de dinero que se ha inyectado al mercado, se corre el peligro de una hiperinflación si se acelerar en exceso el calentamiento de la economía. Claro está, que si la recuperación es demasiado lenta podría producirse disturbios sociales. En saber imprimir la velocidad adecuada estará también la clave del éxito. Mientras tanto en España, unos añoran la época del ladrillo y exigen reformas laborales, y otros, suplican financiación y trabajo. Ambos están en el limbo.

            No quiero transmitir ningún pesimismo, pero tengo que expresar mi opinión hasta el final. La crisis económica es el primer paso de la guerra de supervivencia de Occidente. En caso de fracaso, en cuanto a terminar con el mercado negro de capitales, el siguiente sería el bloqueo comercial de los paraísos fiscales reticentes a canalizar su negocio a través del FMI. Por último, la amenaza nuclear debe desaparecer para Occidente, hay que integrar a Corea del Norte e Irán en el sistema mundial, pero claro está, cediendo a sus peticiones que serán proporcionales a su amenaza militar. Tampoco es de descartar la injerencia en los asuntos internos de estos países para desestabilizar y conseguir gobiernos afines. Las dos Guerras Mundiales del S.XX tuvieron lugar para establecer la supremacía de un sistema político-económico sobre otro. En este momento, Occidente está dispuesto a emplear todos sus recursos económicos y militares para mantener su modelo mundial y su hegemonía.

 

Fdo.: Luis Perant Fernández

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