Viernes 30 de septiembre de 2016,
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La educación con sangre … o con malas artes entra

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OPINIÓN / Vicios ancestrales de la educación española. Del maltrato físico al psicológico

Aunque el siguiente vídeo, abajo mostrado, corresponde a un vergonzoso maestro egipcio, no puedo dejar de recordar que parecida “metodología, pedagogía y uso disciplinario” se ha usado en no pocas ocasiones en nuestras clases de los 70 para atrás.

Quienes nacimos en los años 60 ó quienes lo hicieron antes sabrán a qué me refiero. Somos muchos los que hemos sido testigos y/o víctimas de aquellos años donde eran habituales ‘terapias’ como adoctrinar mediante un número elevado de reiterados palmetazos con reglas de madera, con varas cimbreantes de olivo (al menos por mi zona) y demasiadas hostias no consagradas; esas que hacían desequilibrar a bastantes compañeros de colegio ante el golpe lateral iracundo de algún que otro ‘maestro’.

Niños atemorizados, miedosos de ser preguntados, con una excesiva inhibición testicular. Niños rehenes de la falta de motivación, a veces de necesidades hoy día básicas y de la pobreza familiar

Castigos como arrodillarse en una esquina, a la vista de los demás y con la esperpéntica metáfora de una balanza justiciera, donde se colocaban pesados volúmenes en cada brazo extendido; habitualmente la Santa Biblia y/o la famosa Enciclopedia ‘Álvarez’. Maldita metáfora que cansaba en exceso los brazos de quienes eran castigados; más aún cuando psicológicamente te colocaban la Biblia como razón de peso para no caerla y recordarte que eras un alumno aventajado para sucumbir al mal y ser condenado al fuego eterno (físico por aquel entonces) junto al mismo diablo. Mientras tanto, en la otra mano agotada debías mantener el peso excesivo de la cultura y educación de la consagrada Enciclopedia Álvarez, doctrina del franquismo puro y añejo del momento. Por supuesto que no se te ocurriera caer cualquiera de estos excesivos ‘libros gordos de Petetes franquistas’.

Hablamos de niños que, en cualquier caso no llegaban ni con mucho a la adolescencia. Niños atemorizados, miedosos de ser preguntados, con una excesiva inhibición testicular. Niños rehenes de la falta de motivación, a veces de necesidades hoy día básicas y de la pobreza familiar, pues no era extraño que en distintas fechas faltasen, obligados a un absentismo escolar para intentar paliar con sus escasos años y su esfuerzo físico la falta de recursos económicos familiares.

Aún a pesar de ser un buen estudiante en una ocasión me tocó pagar la ‘indecencia’ de no saber la lección: en este caso la tabla del 7, y recibir los mismos palmetazos violentos que el resultado donde erré, el correspondiente al 7×3.

Reconozco que si hubiese sido más listo, que no más inteligente, debería haberme quedado en el 7×1 y fallarlo conscientemente. Así el resultado además de coincidir con mi edad me hubiese ahorrado 14 agresivos golpes más. En todo caso, confieso que a pesar del dolor físico, dolían más determinadas actitudes hostiles hacia otros compañeros en forma de golpes iracundos de algunos mal denominados maestros, que con varas cimbrionas de olivo y en el frío intenso de esas aulas – donde sólo se calentaban ellos – repartían a muchos niños amedrantados la justicia socio-educativa del momento (a veces quedando patente la marca de la ira autoritaria). Muchos de esos infantes, por cierto, obligados a ayudar en duras tareas agrarias, tras salir del colegio y con escasa motivación y elección para asumir deberes escolares, frecuentemente memorizados y poco lógicos. Condenados por su situación socio-económica a ser los ‘golpedependientes’ y a la vista de los muchos espectadores que formábamos aquellas especies de granjas socializadoras.

Aunque prácticamente extinto el maltratro físico, aún hoy día existen no pocos ‘funcionarios de la educación’, que no tienen reparo en ejercer un maltrato psicológico hacia determinados niños

Lo peor de toda esta reflexión en alto es que, aunque prácticamente extinto el maltratro físico, aún hoy día existen no pocos ‘funcionarios de la educación’, que no tienen reparo en ejercer mediante mentiras, complacencia, complicidades y cobardías un maltrato psicológico hacia determinados niños. Yo desgraciadamente conozco a no pocos ejemplares de este presente educativo, que aunque lejos en la forma, no pocas veces coinciden en el fondo con aquellos que con sus conductas represivas y de maltrato hacia sus alumnos ejercían tan ‘noble’ autoritarismo radical…

No quedan, pues, tan lejos estos episodios que a continuación pueden visualizarse; al menos, reitero, en el fondo, pues el maltrato psicológico sigue presente en algunos casos. Yo conozco y puedo dar fe de unos cuantos, empezando por el de mi hija. Por cierto, ¿dónde estaban esos Servicios Sociales por aquel entonces? ¿Dónde están ahora?

Nota: Espero que aquellos que se consideren docentes decentes comprometidos con su labor, no se alarmen con lo que cuento. Más bien sientan vergüenza ajena de no pocos mercaderes de la educación que atrincherados en falsos corporativismos exacerbados esconden sus miedos y sus negligencias en un colectivo, que tiene a su mayor enemigo en los mismos que, lejos de formar y enseñar, arropan y esconden sus ineptitudes, desacreditando a todo el colectivo.

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