Lunes 31 de marzo de 2014,
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La falacia del voto útil

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OPINIÓN / La llamada al voto útil cuatrienal supone una pérdida para el pluralismo político y la asunción de que las cosas no pueden cambiar

Una de las cosas que más veces hemos de escuchar cuando se acercan unas elecciones políticas es, sin duda alguna, la llamada al voto útil. La insistencia en la importancia del voto útil por parte del PSOE y los sectores próximos al partido se convierte entonces en una especie de salmodia con la que tratan de martillearnos la cabeza una y otra vez, machaconamente, como parte de un ritual aburrido y previsible que ya todos conocemos de sobra porque lo hemos vivido otras muchas veces anteriormente.

El argumento del voto útil es del tipo de falacias que podríamos llamar ‘profecías autocumplidas’: una expectativa que incita a las personas a actuar de tal forma que la expectativa se vuelve cierta, aunque inicialmente no lo sea

El argumento del voto útil pertenece al tipo de falacias que podríamos llamar ‘profecías autocumplidas’. Fue el sociólogo Merton quien acuñó este concepto. Según Merton, una profecía autocumplida es “una definición falsa de la situación que despierta un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepción original de la situación se vuelva verdadera”. Es decir, una expectativa que incita a las personas a actuar de tal forma que la expectativa se vuelve cierta, aunque inicialmente no lo sea. El concepto de profecía autocumplida deriva, a su vez, del teorema de Thomas, según el cual, “si una situación es definida como real, esa situación tiene efectos reales”.

¿Dónde está la trampa en la argumentación? La trampa está en dar por hecho que el único partido con posibilidades ‘reales’ de rebasar al PP es el PSOE. Porque, ¿quién establece que eso es así? Las posibilidades de un partido son variables y dependen justamente de la voluntad de los electores, no son posibilidades inamovibles, fijadas de antemano de una vez por todas. Habrá quien alegue que, siendo realistas, hoy por hoy, el PSOE es el partido con más opciones de alcanzar al PP. Cosa que es verdad. Hoy por hoy, esto es así. Pero puede que dentro de 4 años, 8 ó 12 no lo sea. Si movilizáramos a las personas para que cambiaran sus intenciones de voto, la situación podría dar un vuelco. Podemos imaginar a medio/largo plazo un escenario político distinto y mejor que el que tenemos, y como podemos imaginarlo, tenemos que luchar por él, no resignarnos ante lo supuestamente inexorable. Somos nosotros mismos los que, a través de nuestras propias acciones, tenemos la oportunidad de determinar el curso de las cosas. Si actuáramos de otra manera, las posibilidades serían muy diferentes. Sin embargo, si apelamos al voto útil, en lugar de proponer un cambio, lo que hacemos es aceptar el inmovilismo, el fatalismo, como la única respuesta posible.

Si apelamos al voto útil, en lugar de proponer un cambio, lo que hacemos es aceptar el inmovilismo, el fatalismo, como la única respuesta posible

Una falacia como la del voto útil tiene, empero, consecuencias de enorme importancia, porque resulta altamente eficaz en sus efectos. Ya el gran filósofo Spinoza se dio cuenta perfectamente de que un error o una mentira pueden ser tanto o más potentes en sus consecuencias que una verdad, y así lo expresó: “las ideas inadecuadas y confusas se siguen unas de otras con la misma necesidad que las ideas adecuadas, es decir, claras y distintas”. El argumento del voto útil, a base de ser repetido una y otra vez, acaba resultando convincente para un amplio número de personas que lo aceptan acríticamente como si fuera una verdad incuestionable.

La profecía que pregona el PSOE tiene como consecuencia que la mayor parte de la gente sólo tome en consideración a dos partidos políticos, reduciendo con ello su espectro de posibilidades de elección. El efecto es siempre el mismo: lo que está haciendo la teoría del voto útil es impedir en la práctica que el abanico de opciones se abra a más de dos, contribuyendo de hecho a la formación de un bipartidismo, a la polarización de la vida política y a la exclusión de otras muchas opciones que podrían y deberían tener un mayor protagonismo en la configuración del Parlamento.

La otra gran trampa de la argumentación es, claro, sobrentender que el voto útil es útil en la medida en que sirve para evitar que gobierne la derecha, a la que se identifica con el PP. Esto sería cierto, acaso, en el supuesto de que el PSOE fuera, como se califica a sí mismo, un partido de ‘izquierda’. Pero, ¿es de izquierda un partido político que ha llevado a cabo algunas de las reformas legislativas más regresivas de la historia de la democracia española? Al PSOE le sigue saliendo muy rentable presentarse ante el electorado como un partido de izquierda, porque eso le permite aparecer como la gran alternativa al PP. Sin embargo, es preciso dejar claro a estas alturas que el PSOE no representa ninguna alternativa respecto al PP. Es la continuación de lo mismo, disfrazado, en todo caso, con bellas palabras y bonitos gestos que sólo sirven para hacer más presentable lo impresentable.

La teoría del voto útil impede en la práctica que el abanico de opciones se abra a más de dos, contribuyendo de hecho a la formación de un bipartidismo, a la polarización de la vida política y a la exclusión de otras muchas opciones que podrían y deberían tener un mayor protagonismo en la configuración del Parlamento

Hace ya mucho que el PSOE ha entrado de lleno en el juego del neoliberalismo, que es de todo punto incompatible con cualquier idea mínima de izquierda. La situación es evidente a la luz de las decisiones que el gobierno liderado por Rodríguez Zapatero ha venido tomando en la última legislatura: congelación de pensiones, abaratamiento del despido, congelación y reducción del sueldo de los funcionarios, reforma de la Constitución sin referéndum para introducir en ella el neoliberalismo por decreto… Decisiones, todas ellas, totalmente propias de la derecha.

¿Entonces, qué sentido tiene hablar de voto útil? ¿Para quién es útil ese voto dado al PSOE si lo único que permite es mantener todo como siempre? Es útil para los dos grandes partidos que pretenden secuestrar la democracia poniéndola al servicio de sus intereses mezquinos y de los intereses de los grandes poderes económicos a quienes obedecen. El voto útil es la gran mentira con la que el PSOE lleva engañando a la sociedad desde hace décadas para perpetuarse vergonzosamente en el poder. Ese voto es útil para ellos, por supuesto, no para sus votantes. Únicamente vale para conservar intacto este sistema esperpéntico y fraudulento de reparto de escaños al que quieren reducir la expresión del pluralismo.

Lo que esconde la falacia del voto útil, en el fondo, es una voluntad de no querer cambiar las cosas, la voluntad de mantener a la gente conforme con lo que hay, sin plantearse una alternativa. “Más vale malo conocido que bueno por conocer”, es el refrán que mejor podría resumir esta actitud. Tiene que ver con la creencia de que una alternativa no es posible, que no es posible transformar este mundo porque todo está ya decidido antes de que nosotros nos decidamos a hacer algo. Es la renuncia a la crítica, la renuncia a la resistencia, la aceptación de la lógica del sistema capitalista y de la democracia liberal representativa (o plutocracia) como el mejor de los mundos posibles, para acabar concluyendo que, a la vista de que no hay posibilidad de nada mejor, hemos de conformarnos con lo que se nos ofrece, y limitarnos a ir poniendo parches para hacer la situación más ‘llevadera’. En definitiva, cambiar todo para que nada cambie.

Voto útil es el voto reflexivo, el voto crítico, el que se ejerce con la intención de cambiar algo, el que se ejerce con convicción

El verdadero voto útil, en realidad, es todo voto emitido, porque todos los votos valen lo mismo en tanto que expresión de una voluntad libre y consciente. En una democracia ningún voto se pierde. Tan útiles –o tan inútiles, según se vea- serán los votos emitidos para apoyar a un partido o para apoyar a otro, siempre y cuando sean resultado de una reflexión racional y una toma de postura ideológicamente coherente. Lo que se llama voto útil no es en absoluto útil: es completamente inútil, porque no proviene del compromiso personalmente asumido, sino del miedo y de la ignorancia. Voto útil es el voto reflexivo, el voto crítico, el que se ejerce con la intención de cambiar algo, el que se ejerce con convicción, con la profunda convicción de que, por muy poco que valga, ese pequeño movimiento de introducir una papeleta en una urna, vale mucho, porque es la materialización de un deseo que no se resigna ante lo que hay y que quiere, en cambio, proponer una transformación.

La cuestión no es decidir entre voto útil o no. La cuestión crucial, finalmente, es decidir entre ser un borrego adocenado o una persona libre.


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