Jueves 29 de septiembre de 2016,
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La felicidad debe ser algo parecido a esto

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Felices hasta rebosar… Así nos encontramos los amantes del futbol de este país

Ayer, antes del partido escribía que realmente no importa tanto conseguir el mundial, que lo verdaderamente importante es sabernos por derecho propio actores principales de esta historia. Sabernos que tras numerosos desengaños, tristezas y derrotas, hemos llegado al olimpo futbolístico para quedarnos. Por fin sabemos competir como los más grandes, y si no es este mundial, fue la Eurocopa pasada o será el mundial de Brasil… Lo realmente importante es sabernos con capacidad de lucha y competitividad. De verdad que creo que esa es la gran victoria.

No es lo mismo vencer de una forma o de otra. Lo de anoche fue un ejercicio de romanticismo futbolístico

Pero es que no es lo mismo vencer de una forma o de otra. Lo de anoche fue un ejercicio de romanticismo futbolístico. La selección practicó su mejor fútbol el día más importante hasta la fecha. El día que se enfrentaban a los auténticos cocos de este mundial. Esos alemanes que habían barrido a ingleses y argentinos con sendas goleadas. Esos alemanes que a su fuerza, constancia y rodillo histórico, había que sumarles grandes dosis de calidad. Bien, pues a esos alemanes vencimos con la tranquilidad de quien se sabe ante una oportunidad para hacer historia. Con la sabiduría del que toma conciencia de sus virtudes y ha decidido ponerlas sobre el tapete verde. Con la humildad del que se sabe superior, pero ve en el rival un duro oponente capaz de vencerle.

En el banquillo, Vicente del Bosque dirige a este grupo de jugadores irrepetibles desde la sombra. Sin hacer ruido. Con una elegancia y saber estar difícil de encontrar en este deporte donde el ególatra y el protagonista tiene licencia y coartadas para todo. Al técnico salmantino, tras su injusta y dolorosa salida del Real Madrid, la vida le ha regalado una oportunidad para demostrar al mundo que desde un segundo plano también se pueden conseguir grandes objetivos. Y es que este no es un gran objetivo, es el gran objetivo.

El domingo nos enfrentamos a Holanda en la primera final en un mundial de la historia para nuestro equipo. El equipo de todos y cada uno de los españoles. Porque el fútbol es arte y magia y es capaz de unir lo que la política o la desigualdad social o racial divide.

Me siento muy orgulloso y agradecido por poder vivir estos momentos. Porque los acontecimientos históricos no significarían nada si no hubiera humanidad que los sintiera y los viviera como únicos. Todos somos actores principales de esta historia. Ellos por hacerla realidad, nosotros por sentirla como única y especial.


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