Sábado 29 de marzo de 2014,
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La iconografía de los billetes de la UE frente a la política lingüística en Cataluña

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Billetes de 5, 10, 20, 50, 100, 200 y 500 euros

Billetes de 5, 10, 20, 50, 100, 200 y 500 euros

Los neuropsicólogos afirman que buena parte de nuestros comportamientos son actos reflejos, automatizados. Los ejecutamos inconscientemente, sin prestarles atención y sin fijarnos en los detalles. Según parece, nuestro cerebro aplica, en su funcionamiento, el principio del mínimo esfuerzo. Basta con reflexionar sobre lo que hacemos a lo largo del día para corroborar esta aseveración. Así, por ejemplo, en nuestras relaciones contractuales, en las que interviene el dinero, hacemos cotidianamente uso de los billetes de curso legal, sin prestar atención al contenido iconográfico de los mismos.

Un día del pasado mes de agosto, mientras esperaba para pagar unas consumiciones en el bar Golçalves de Almagarinos (Bierzo Alto), regentado sabia y eficazmente por la hacendosa Deolinda, posé mi mirada en los mensajes icónicos del billete de 20 euros, que tenía en las manos. Y lo que vi me llevó a observar detenidamente, más tarde y ya en casa, un billete de 5, otro de 10 y otro de 50 euros. Y ante las coincidencias constatadas, examiné, vía Internet, el resto de la serie de los billetes de curso legal de la Eurozona (los de 100, 200 y 500 euros, que nunca he tenido en mis manos). He aquí lo que observé y las reflexiones que me inspiraron mis observaciones.

Los actuales billetes contienen el nombre de la moneda en tres alfabetos y la sigla del BCE en cinco variantes lingüísticas que representan las once lenguas oficiales en 2002

Todos los billetes, de tamaño y de colores diferentes, conformando un ortodoxo arco iris (metáfora de un futuro esplendoroso), contienen el mismo mensaje icónico. En el anverso de todos ellos podemos observar ventanas y puertas; mientras que en el reverso, nos topamos siempre con puentes. Tanto unos como otros, todos los mensajes icónicos presentan ejemplos de la arquitectura europea de distintas épocas y de diferentes estilos, pero sin referir a ningún monumento concreto. Así, en el billete de 5 euros (gris), la ventana, la puerta y el puente son de estilo clásico; en el de 10 euros (rojo), de estilo románico; en el de 20 (azul),  de estilo gótico; en el 50 euros (naranja), de estilo renacentista; en el de 100 euros (verde), de estilo barroco y rococó; en el 200 euros, (amarillo), de estilo modernista (hierro y cristal); y en el de 500 euros (morado), de arquitectura moderna.

En todos los billetes aparecen también otros elementos comunes. Entre ellos: el nombre  de la moneda en caracteres latinos (EURO), griegos (EYPΩ) y, en la nueva serie de billetes, cirílicos (EBPO); además, la sigla del Banco Central Europeo (BCE), en cinco variantes lingüísticas, que representan las 11 lenguas que, en 2002, eran las lenguas oficiales de la UE (en los nuevos billetes, aparecen nueve variantes lingüísticas); por otro lado, la bandera de la UE; y, finalmente, el mapa de los países que conforman la Europa unida.

En la constitución de un Estado o de una unidad política supranacional o de una simple empresa, juega un papel fundamental la iconografía (i.e. los símbolos-mensajes icónicos). La iconografía, en general, transmite mensajes muy claros y pretende crear conciencia de pertenencia, de grupo, de orgullo, de identidad, de lealtad y de imagen de marca. Y con la iconografía se refuerzan las fuerzas centrípetas contra las centrífugas, al tiempo que se transmiten mensajes de inclusión en vez de exclusión. La iconografía es como una argamasa o un adhesivo que contribuye a reforzar los lazos de solidaridad y de unidad. Por eso, la nueva realidad política, conocida como Unión Europea (UE), se ha dotado de una iconografía propia, entre cuyos elementos, además de la bandera, del himno, etc., está la de la unidad de pago, el euro, que ha adoptadazo la forma de la serie de billetes de curso legal, que hemos descrito ‘ut supra’.

Esa simbología contrasta con las prácticas en Cataluña, donde acentúan lo poco que nos separan y no lo mucho que nos une

En la UE, la iconografía de los billetes de curso legal, además de otros símbolos, juega todas estas funciones y persigue estos objetivos. En efecto, en ella hay una simbología cargada semánticamente y que sintetiza algunos de los valores fundamentales de la Europa de los 27; entre ellos, el de la libertad, el de la cooperación, el de la apertura, el de la solidaridad, el de la comunicación. En todos ellos hay puentes, que permiten salvar dificultades orográficas y que facilitan el tránsito, la comunicación, la cooperación, el desplazamiento de personas, el comercio de mercancías y la unidad entre los diferentes Estados europeos; y puertas y ventanas, que dan acceso a otras realidades, a otras formas de vivir, de sentir y de ser, a otros mundos. Esto es corroborado, desde el punto de vista lingüístico, por la utilización de tres alfabetos diferentes y la toma en consideración de nueve variantes lingüísticas de todas las lenguas de la Europa de los 27.

Ahora bien, el mensaje explícito vehiculado por la iconografía de los billetes de curso legal de la UE contrasta con las prácticas, las formas y los objetivos de los Gobiernos de ciertas CC.AA. españolas, entre ellas, Cataluña. En ésta, desde el inicio de la Transición, los sucesivos gobiernos se han ocupado y preocupado de alimentar y fortalecer las ‘fuerzas centrífugas’, poniendo el acento en lo poco que nos separa de las otras CC. AA., y no en lo mucho que nos une. Así se ha llegado a la situación actual de crispación, a propósito del cual Clemente Polo (2013) ha escrito que el movimiento actual de “secesión de Cataluña va contra el espíritu que ha animado a la UE desde la fundación de la CEE, a saber, la cesión de competencias nacionales y potenciación de las instituciones comunes”.

Un ejemplo paradigmático de estas fuerzas centrífugas es la gestión, en Cataluña, de la cuestión lingüística, impuesta con el modelo de la inmersión precoz, total y obligatoria. Con esta política discriminatoria y excluyente, la casta política catalana se aparta de los valores vehiculados por los billetes de euro de la UE. Y ha estado y está dinamitando el puente, la ventana y la puerta de la lengua castellana, creando con sus cascotes un nuevo muro de Berlín, que divide, que separa y que puede llegar a enfrentar a los ciudadanos catalanes. Con la inmersión precoz, total y obligatoria, la casta política catalana ha convertido las cañas (las lenguas: catalán y español) en lanzas (armas para alcanzar, disfrutar y abusar del poder) y podría desencadenar, en el deteriorado oasis lingüístico español, fruto de la Transición, una ‘guerra lingüística’, algo que algunos (R. Obiols, Vidal-Quadras y M.I. Cabezas) temen y han vaticinado. Por eso, contra el nacionalismo secesionista, más Europa.

Coda: «Je ne demande pas à être approuvé, mais à être examiné et, si l’on me condamne, qu’on m’éclaire» (Ch. Nodier).

Manuel I. Cabezas González
Honestidad Radical
1 de septiembre de 2013

Imagen: JoseMGL 15

Editado por la Redacción: subtítulo, destacados e imagen

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