Miércoles 28 de septiembre de 2016,
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La Iglesia y la polémica política

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La Iglesia es un portavoz en la
vida pública y en los últimos años en la política. En el artículo, bastante
largo -aviso de antemano- se analiza el por qué sus apreciaciones son tan
polémicas y si la “juega” bien en la arena política.

 

Opinión

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Mons. Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal

La Iglesia católica tiene un poder sordo pero muy presente
en la vida española. Esto en sí mismo no es ni bueno ni malo sino un hecho tradicional
e histórico. Esa prevalencia está originada por su propia conformación moral y
por el seguimiento de sus opiniones, aún de forma lateral, por una buena parte
de la población. Sus voces son muy
escuchadas
y muy atendidas.

Nada que reprochar hasta ahora: siempre será mejor una moral
consolidada, aunque a veces se disienta como es mi caso, que una amoralidad
consumista y materialista que todo lo que toca lo deja brillante pero podrido
por dentro. Por si eso fuera poco, las organizaciones que forman la iglesia dan
apoyo en unas grandes áreas (educativa, asistencial, etc) que sin él serían muy
difíciles de cubrir.

Sin embargo cuando la jerarquía de la iglesia expresa sus
puntos de vista, siempre
legítimos
tanto como ciudadanos individuales como por ser un colectivo
grande, suelen llevar polémica. Sus razonamientos no están, normalmente, hechos
al albur del momento sino que están avalados por la fortaleza
intelectual
de sus posturas. Sin embargo estas apreciaciones rara vez se
basan o en los principios de la
racionalidad más evidente o en los principios de la igualdad entre todos,
y
defienden una “radicalidad” quizás ajenas al tiempo en que vivimos.
Cuando la Iglesia habla, casi al instante -evidentemente- le
salen críticos y defensores. Es lógico, tanto por ser protagonista de expresión
pública, como por las filias o fobias que concierta. Hasta aquí nada más que
obviedades y lugares comunes.

Sin embargo, si se atacan los puntos de vista
de la iglesia
por mor de la libertad de expresión, de pensamiento o
simplemente porque quien se mete a gallero o gana o pierde dinero, entonces una gran ola
de indignación defensora
sale, sobresale, disturba, perturba, conturba,
aflora. Y la discusión sube de nivel y se confunde la
diferencia democrática del que baja al ágora a exponer con una pelea, una lucha
laicista, o, en último término anticristiana y crucifixora.

“Jesús le contestó: Mi Reino no es de este mundo”. Juan
18, 33-37.
Tras ese manto de
intocable por gracia de Dios es donde la Iglesia entra y sale en asuntos
variados
, incluso políticos, siempre
sentando cátedra
, incluso a
desdoro de hemerotecas
, siempre sabiendo mucho, siempre dirigiendo y
siempre, claro, excomulgando al que no piensa de igual manera. Con lo cual, al
pobrecito hablador que disiente no solo le es negada la “razón”, sino que a
menudo se
le somete a ordalía instantánea
pública y vergonzante.

Cabe aclarar que las más de las cosas en discusión son de
“este mundo”
y no de ningún otro. Por si eso fuera poco, la postura de la Iglesia en los asuntos es muy variada y no
es raro que en su seno también existan voces discordantes
.

“El 46% de los jóvenes de 15 a 24 años dicen ser agnósticos, ateos
o indiferentes”, según leemos en El
País
. Esta sensación de que la Iglesia “está fuera” de la sociedad,
poco a poco, y por desgracia, les aboca a ser percibidos por una parte de la
ciudadanía cada vez más como pasado más que presente en una sociedad que
necesita urgentes puntos de vista morales, pero, también, actuales.

El resultado de esta separación de la sociedad, y de
inmiscuirse en todo asunto con un planteamiento
radical
y obsoleto, agranda la distancia de la Iglesia con la población. Este hecho es evidente,
no hay más que ver el disminuido
porcentaje de sedicentes católicos
, y el creciente
de protestantes
, el
menor número de vocaciones
o las últimas salidas de tono, pancarta en mano, de sus
jerarquías.

“Los practicantes de la religión apenas llegan al 24%, según
el CIS”, leemos de nuevo en El
País
. Por suerte, por alivio y por ventura, la Iglesia no es
sólo sus jerarquías
, gracias a Dios, sino un grupo
humano riquísimo
, variadísimo,
comprometidísimo y utilísimo (podría escribir al menos treinta adjetivos más en
el límite superior del superlativo para categorizarlos siempre en positivo).

Es decir, que en este vericueto se junta una jerarquía
católica locuaz y a veces inadecuada que recuerda con añoranza un
pasado
que para muchísimos es doloroso. También se aliña con algunos otros
comportamientos de los que mejor
no hablar
. En el otro lado, una sociedad que vive a velocidad de vértigo
cada vez más alejada de la moral cristiana y de cualquier moral en general.

“En 2006 el número de matrimonios católicos fue el 55,5% del
total, y el civil el 44,2%, sólo un 0,3% fueron matrimonios de otra confesión”.
Elaboración propia a partir de datos del INE. Aquí es donde vienen mis preguntas: ¿no se da cuenta la Iglesia de esta separación?, ¿no se da cuenta de este “descuelgue”?, ¿no se da
cuenta que el mundo anda en años perro (cada uno vale por siete) mientras que la Iglesia evoluciona por siglos?. ¿No se dan cuenta de la más que notoria
involución de la iglesia en los últimos veinte años?

A este particular cabe indicar que la Iglesia se ha ido
haciendo más y más conservadora y poco queda de lo que los papas Juan XXIII y Pablo VI, detectaron
e intentaron atajar
de esta separación entre la iglesia y la sociedad
durante el Concilio
Vaticano II
y años posteriores. Año a año durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI se ha ido
liquidando lo que se dio en llamar aggiornamiento, actualización de la Iglesia
hasta llegar a la situación actual. Por si fuera poco, las jerarquías españolas
juegan a ser las más radicales del mundo, puede que por sí mismas, puede que por
el laicismo rampante que exhibe el gobierno que nos rige.

En esta situación, la Iglesia espera que no sigamos un camino
“ideológico”, general en la sociedad, que moral y
éticamente, diverge del de la Iglesia
y, a cambio veamos con alborozo y
alegría esa esa beligerancia a destono de algunos de sus jerarcas.

Bajando
a la arena
: en las elecciones la Iglesia, de manera más o menos latente, pide el voto
por una opción política
, olvidando a aquel Cardenal
Tarancón
que negó la creación de un partido cristiano en la transición.
Además, en sus exhortos, declaraciones, manifestaciones, etc., se
posiciona de manera clara
superando, a veces por poco y otras por mucho, su
mandato. En otras pocas veces simplemente mea fuera del tiesto con
apreciaciones al
borde del delito
. También arrumba a
los más seguidores, casi siempre a la derecha
, a una cierta interpretación
integral y radical de sus postulados.

La situación extraña en relación al estado español, que le financia en parte por
mor de un concordato
, le hace estar en una sorprendente dupla de actitudes,
muy de los clérigos. Por un lado, pide con
boca de fraile más y más y más
. Pide más influencia en la educación, menos
regulación o, al menos menos laicidad, y más dinero, siempre más dinero. Por
otro lado, sin dejar de pedir, ataca
al Gobierno
, el actual y otros, desde sus órganos de comunicación, a veces
vía su portavoz, a veces en la COPE, u
otros medios o asociaciones afines y casi siempre desde los púlpitos.

 

La Iglesia, siempre anciana, siempre madura, pero a veces
-ingenua- no se percata de que los políticos, sobre todo de la izquierda, no
pierden la posibilidad de animar acólitos con esta bandera anticlerical
. Entiende la Iglesia que el Estado les sostenga y no sólo sus fieles, pero, además, se arroban el derecho
a decir, a pontificar, a indicar y a “imponer” sus valores en una sociedad que
los ve “fuera del tiempo actual”.

Esta postura, este enfrentamiento tan virulento, se estriba
en la situación política de encarnizada
crispación
que vive el país, donde cada
día toda la carne se echa al asador político,
pero, también, los sacerdotes
y sus jerarquías deberían conocer, aunque solo fuera por viejos, que el
que se acuesta con políticos orinado alborea
.

En resumen, parece que la Iglesia se posiciona en política,
aunque dice
no “indicar” el voto
, malo, dice y excomulga
a grupos enteros
de la población por su actitud, malo, sostiene una moral
que no es comprensiva y que se alinea con lo más tradicionalista y excluyente
de la población, malo, y, por último, espera que el Gobierno, representante
espurio y temporal de la ciudadanía le alimente con los (nuestros) impuestos.
El Gobierno de turno les alimentará sólo si
no generan ruido
(malo de nuevo).

A un mes de las elecciones, la Iglesia se
quema
, como una mala canción en la radiofórmula de la política. Nada que
temer ya que en muy diferentes aguas ha nadado la iglesia y siempre ha flotado.

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1 comentario

  1. Anónimo 15/05/2009 en 6:49

    nada algo gufiiiaaaOoO**
    mera yo pidoOo algo yy ustedes me dan otra cosa pediiiii polemica entre iglesia y estado y miiira lo que me dan pues noOo sean mas especificosS GRACIAS** =)

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