Sábado 03 de diciembre de 2016,
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La Izquierdona también existe, hay que ver

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OPINIÓN / No podemos hacer esto, Cayo. No podemos usar terminología marxista, relativa a una sociedad de clases que ya no existe

Uf, he pensado mucho si escribir sobre esto aquí… creo que decidí que no, no estoy segura. En cualquier caso, qué más dá: ¿desde cuándo hago caso de las conclusiones prudentes a las que llego? Parece que las repelo, que me causan alergia. Creedme, no digo esto como una marca de identidad o valentía. Esto nada tiene que ver. Para mí la falta de contención es un defecto y de los gordos. Particularmente en mi caso me llevo muchos disgustos. Me hace vulnerable, estoy segura. Y hasta fea, si nos ponemos.

En fin, que el que avisa no es traidor (ay, qué mentira más gorda): esto me va a quedar extenso. Hablemos de política. Aunque si me dáis un voto de confianza, os diré que no es tanto así. No en el concepto más generalizado que tenemos. Y es que la entiendo como la forma en la que se desarrollan nuestros principios personales a gran escala. No hay otra si creemos como yo en el poder de la comunidad y en que la voz del ciudadano se amplifica en sus representantes: al hablar de política hablamos de nosotros mismos.

Nunca he entendido las posiciones ‘apolíticas’, o sin interés. Cada paso que damos nos posiciona y nos hace elegir. Desde dónde vivimos, en qué trabajamos, qué compramos y qué rechazamos, cómo y con quién nos relacionamos… Tener hijos, por ejemplo. Siempre en el caso en que podamos elegir hacerlo –o no hacerlo-, claro. Dar a luz significa creer en el mundo futuro o en que podremos hacer algo para mejorarlo, no vamos a entregar a nuestros retoños al mundo Mad Max. Nadie con corazón haría algo así a sabiendas.

Tenemos que convencer a los ciudadanos uno por uno, Cayo, no clasificarles según los métodos de libros de teorías políticas caducas

Bien, una vez que asumimos esto, entenderéis que os cuente que yo, cuando leo un blog, una declaración, una entrevista (el orden aquí no es casualidad, ¡eh!) o veo un vídeo, busco a la persona que hay detrás, al político sí, pero con nombre propio. Y muchas veces noto que no cree en lo que dice, y eso me hace renquear un poco en cuanto a la confianza que tengo, pero siempre vuelvo. Algo bueno tendrán, digo yo. Tanto unos como otros, que yo soy una demócrata, oigan.

Me gusta la serenidad de Gallardón por ejemplo, aunque no compartamos ideologías. Él intenta mejorar su mundo a su manera que no es la mía, pero es uno de los que lo intenta en serio, y con respeto al prójimo, algo que suele faltar en su entorno.

Sin embargo, me genera mucha tristeza buscar el blog de Eduardo Madina y leer que lo borró en febrero al parecer, porque no tenía tiempo y/o le aburría. Cosa que espero no sea verdad. Es secretario general del Psoe en el Congreso, uno de los diputados jóvenes a los que sigo con interés: (Nota para recordar: nació en el 76. Ya hay diputados menores que yo, ¡es que no lo soporto!. Tarea: mirarme al espejo y decirme estoy muy bien para la edad que tengo). Por lo que dice, cómo lo dice y la capacidad que tiene para argumentar. El miércoles pasado le vi sorpresivamente paralizando en una votación en el hemiciclo por un defecto de forma bastante tedioso, he de decir. No puedo entender que rompa el canal de comunicación más directo que tenía con el ciudadano en favor de esto. Seré yo, que me falta información. Ojalá.

Aquí quien suscribe es de izquierdas, y es que la genética me marcó. Soy zurda, de las que retuercen el folio para escribir. Pero no me entrego a la causa de forma incondicional, no creo en actitudes gregarias o fundamentalismos. Considero que tengo capacidad crítica, sí quizá un poco más de benevolencia para con nuestros errores –dejad que me incluya- de puertas afuera, por aquello de luchar por un “¡PODEMOS!”, pero no hacia adentro. Me cabrea mucho más lo que yo considero cagadas, nuestras cagadas también, que las de los “otros”.

Este viernes pasado me enfadé mucho leyendo la entrevista de Cayo Lara en Público. Dijo muchas cosas interesantes y con las que estoy de acuerdo, faltaría más. Ahora sí, se me calentó la sangre cuando llegué aquí:

[blockquote]-P: ¿La sociedad está desmovilizada? ¿Qué culpa tiene la izquierda?
-R: Hay falta de conciencia sindical, sí. Es lo que llamo generación de cerebros tuneados. Falta profundizar en la conciencia de clase, sí.(…)[/blockquote]
No podemos hacer esto, Cayo. No podemos usar terminología marxista, relativa a una sociedad de clases que ya no existe. Estamos intentando que la sociedad de bienestar que nos inventamos hace no tanto no se nos coma; algunos pensamos que hay que evolucionar hacia otra marcada por principios de solidaridad, sostenibilidad ambiental, internacionalidad, incluso sin tanta presencia de fronteras, en fin, tantos conceptos alejados del “burgués opresor de la clase trabajadora”…

No hay malvados con chistera y monóculos detrás de un escritorio en un banco haciendo el mal. Es todo mucho más siniestro

Creo que debemos dejar de dar la espalda a la realidad: vivimos en la era del acceso a la información. Lo tenemos todo a mano, desde múltiples fuentes. Esto más allá de ayudarnos a conocer todos los qués, pone encima de la mesa los porqués. Hoy en día entendemos que el primer mundo es el causante de la existencia del tercero, que el efecto mariposa o dominó en macroeconomía existe. Puede que lo hayamos aprendido a golpes, pero ahí estamos.

También nos hemos caído del guindo en lo que entendíamos como blanco o negro: no hay malvados con chistera y monóculos detrás de un escritorio en un banco haciendo el mal, y buenos campesinos que luchan por subsistir. Es todo mucho más siniestro. Hay poderosos que empezaron siendo clase trabajadora y que se vendieron al dinero a medida que subían escalafones. Ya no somos tan ingenuos, pedimos información, tenemos acceso a más conocimiento y cultura. Vuelvo a lo mismo: tenemos espíritu crítico. Hace no tanto, con tener espíritu de supervivencia íbamos servidos, y la hoz y el martillo era nuestra señal de lucha.

Tenemos que convencer a los ciudadanos uno por uno, Cayo, no clasificarles según los métodos de libros de teorías políticas caducas. ¡Yo no soy de ninguna ‘clase’, soy una persona que forma parte de algo más grande!

No quiero ser irrespetuosa, nada más lejos de mi intención. Si aún tenemos izquierda es por aquellos que pelearon en esos tiempos y buscaron las grietas y los argumentos para la lucha en su época; nunca lo agradeceremos bastante. Aún les debemos mucho y no se ha hecho justicia, pero se está caminando para conseguirlo. Hay políticos jóvenes a los que se les quiebra la voz en homenajes y deben abortar el final del discurso en un tris del lloro –la testosterona puede a la emoción amigos, que no nos vean llorar-. Se nos ponen los pelos de punta y desde luego escucharlos nos ubica en la gran suerte que tenemos nosotros los ‘jóvenes’ que no debemos pedir permiso para pelear por lo que creemos.

No en España, al menos. La posibilidad de acceso a información nos hace ser concientes de que queda mucho por hacer. Por ejemplo, ayer mismo supimos que en Panamá se ha prohibido por ley el derecho a la huelga, y se ha eliminado la obligatoriedad de los estudios medioambientales previos a proyectos de multinacionales. Por cierto, busquen ustedes esta noticia en los medios habituales de hoy. Ínténtenlo… no, no la decretó un tal Raúl González. Ahora sabemos que la mezquindad es transnacional y también que sí podemos trabajar desde puntos de todo el planeta para acabar con ella.

Yo creo en políticos que se dejan ver como personas, que escriben de sus derrotas y sus frustaciones, que son humanos y no tótems revolucionarios

Nuestras grietas para poder luchar por un mundo mejor y más justo son otras, y los argumentos de la izquierda deben ser otros también. No estoy segura de si IU está pensando en la población española real que pueda entender estos conceptos: Tenemos 15.912.000 ciudadanos de más de cincuenta años, de ellos 7.800.000 de más de 65. Es una cifra nada desdeñable a la hora de acaparar el interés de voto, es cierto. Pero somos más de veintiún millones el resto, para los que nos resulta ajena la terminología socialista clásica.

Cuando hablo de población real, incluyo los 4.600.000 inmigrantes con edad para el voto. Quizá ellos estén más cercanos al concepto de clase obrera por las dificultades económicas por las que pasan, que les hacemos pasar. Entendiendo dificultades como un eufemismo a la miseria económica y social en muchos casos; pero es paternalista -en mi opinión- tratarles de forma diferente si es que es el caso. La idea es que se incorporen a nuestra sociedad avanzada, darles los mismos derechos y deberes también. Ponernos a todos en la misma posición de salida: ¿no es eso en lo que creemos?

Yo creo en políticos que se dejan ver como personas, que escriben de sus derrotas y sus frustaciones, que son humanos y no tótems revolucionarios. La carta a los amigos y amigas de España de Raúl Romeva sobre el Estatut me pareció un ejemplo magnífico de esto.
También la carta al meu fill tornant de Copenhage de Joan Herrera. Yo como madre siento exactamente lo mismo muchas veces, y saber que él también le baja del pedestal de traje y corbata y le hace humano, ergo interesante para la sociedad en la que creo.

Otra cosa es que seguimos sin ponernos de acuerdo a nivel nacional, lo que también me da mucha rabia. Estoy con Cayo en esto. No nos ayuda tanta alternativa a la alternativa. Y desde luego, no soy yo quien sabe cómo solucionarlo.

Lo que sí tengo claro es que nunca debemos perder nuestra capacidad de observación y comunicación, que el respeto se gana día a día y se pierde en un segundo de nada, y que la interacción de los políticos con los ciudadanos hoy en día es más posible y necesaria que nunca. No hay como escuchar para entender.

Luego llega Inés Sabanés y escribe casi al mismo tiempo de lo mismo pero de forma mucho más clara que yo. Anda que, podía haberos puesto este enlace al principio y ahorraros mi ‘letrorrea’, ¿verdad?.

Fotografías: (CC) Cayo Lara, de IU; Joan Herrera, de ACN y Eduardo Madina de Jaume d’Urgell

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3 Comentarios

  1. wolf75 06/08/2010 en 20:59

    Sí que es cierto que en nombre del comunismo se han cometido muchas barbaridades. Pero también en nombre de la religión, la patria… QUE PIDA PERDÓN QUIEN DEBA HACERLO. Y a quien merezca elogios , cómo muchos comunistas, se le conceda también. La historia del comunismo internacional es muy compleja. Para juzgarla hace falta tiempo y espacio.

  2. Anónimo 31/07/2010 en 15:27

    moranoico, te quedas en el insulto fácil pero no expones ningún argumento… ¿Por qué tendrían que pedir perdón los comunistas por lo que hayan hecho en el pasado tiranos como Stalin o Mao, por muy marxistas que éstos dijesen ser? ¿Es que tenemos que asociarle al capitalismo entonces los muertos del dictador Pinochet, Somoza Debayle, o de las guerras de Iraq, del Congo…? No lo vería razonable.

    De tu mensaje, destaco la mención a la educación pública: una de las conquistas sociales de las que ahora disfrutamos y que jamás hubiese sido posible sin la existencia de esos movimientos de izquierda que tanto criticas.

    Un saludo.

  3. Anónimo 28/07/2010 en 23:47

    Los comunistas hoy por hoy son un anacronismo, y sus líderes han sido los mayores asesinos y tiranos de la historia. Lo mejor que podrían hacer es pedir perdón por todos los asesinatos y barbaridades cometidos en nombre de su ideología y dispersarse, y a ser posible, también abandonar la educación pública y el cine español donde desde que se infiltraron no han parado de amargar la vida a los pobres españoles obreros que tenemos que aguantarles. Un saludo del siglo XXI, los humanos normales, estamos como doscientos años por delante vuestra, aunque todavía les ganáis a los moros que siguen en el S. XI.

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