Jueves 29 de septiembre de 2016,
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La libertad política es una fábula

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OPINIÓN / Fingir, fingir, y siempre fingir y representar: éste es el maravilloso papel que nos toca representar a todos los humanos en este valle de lágrimas llamado tierra

La libertad política es muy relativa, es decir, que en política no hay verdadera libertad. Llevaba razón Napoleón Bonaparte cuando sentenció: “Bien analizada, la libertad política es una fábula imaginada por los gobiernos para adormecer a los gobernados”. En nuestros días estamos siendo testigos presenciales de cual es el concepto de ‘libertad política’ para los gobiernos: la doctrina del partido al que pertenece cada uno. Ésta es nuestra triste libertad política.

En España aquellos politicos que votasen en conciencia serían expulsados automáticamente de su partido

Pestes, guerras, violaciones de mujeres desamparadas que han nacido para sufrir y morir, soldados–niños que son obligados contra su voluntad a empuñar las armas de guerra que siembran el odio y la venganza sobre toda la geografía africana. Pero, ¿dónde está la libertad política? Ésa que debe amparar y defender a niños y mujeres, y desterrar, de una vez por todas, esa hambruna que está sacudiendo al ‘Cuerno de África‘.

En nuestro caso concreto, y en España, las personas que ocupan cargos nombrados por el PP -partido con mayoría absoluta salida de las urnas-, si por alguna razón votan ‘en conciencia’ sobre cualquier tema de actualidad, como la supresión de diputaciones provinciales, de más de la mitad de los ayuntamientos, modificación de la Ley Electoral, posible ley elaborada en el Congreso de Diputados de España por la que los sueldos de los políticos tuviesen un techo monetario y racional, y que, por el contrario, ellos mismos se puedan aumentar sus emolumentos en las cuantías que consideren oportunas (el PP no está por la labor de los extremos últimamente mencionados), aquellos que votasen en conciencia -todos los hombres/mujeres la tenemos- serían expulsados automáticamente del partido. Y es que uno se pregunta qué dice la señora Merkel de todas estas fugas, autorizadas, de los dineros españoles: ¡Nada!, amigos míos… Uno piensa: ¡qué se mueran los feos!, pues todos los hombres somos un ‘poco’ feos, y las mujeres ninguna es fea, a lo sumo menos guapas.

Fingir, fingir, y siempre fingir y representar: éste es el maravilloso papel que nos toca representar a todos los humanos en este valle de lágrimas llamado tierra. Nacemos, vivimos y morimos arropados siempre por una gran sábana-fantasma llena de fingimientos y mentiras. Y es que lo estamos viendo, a menudo, en nuestra cotidiana vida: finjamos y representemos nuestros papeles, que nos han sido asignados en la gran comedia del mundo. Mas tras el cuadro de la vida que nos encontramos, y en variadas ocasiones, vemos y escuchamos verdades que son mentiras, mentiras que son verdades o medias verdades… Siempre luces y sombras, sombras y luces presentes en nuestro intelecto.

Vuelven a fingir los políticos cuando en sus mítines políticos nos prometen ‘el oro y el moro’ de una escala de valores que jamás cumplirán, aunque los manifiesten en sus idearios

Fingen los políticos –personajes públicos–, quienes, y en público, pretenden dar una imagen de felicidad conyugal, dándose besitos, carantoñas, abracitos… Y uno de todo esto piensa: “Ya que vivís juntos, ¿por qué no venís ya besados y abrazados de vuestras propias casas? Sería mejor para todos, pues, de esta manera, no sería necesario presentar una ‘felicidad prefabricada y ensayada’ en varios actos: el teatro ha de representarse en los escenarios, tal y como Dios manda”.

Vuelven a fingir los políticos, y esto es un hecho real, cuando en sus mítines políticos –para ganar los escaños correspondientes al Congreso de los Diputados– nos prometen ‘el oro y el moro’ de una escala de valores que jamás cumplirán, aunque los manifiesten en sus idearios tan bien presentados, contándonos equivocaciones (por mentiras). Porque… esto de las equivocaciones, y hemos de reconocerlo, es tremendo error: nos obligan y nos meten en un mundo peligroso –en el de las ideas personales de cada uno–, en el que tenemos que movernos a diario. Harto difícil se nos hace diferenciar entre la verdad y la mentira (por equivocación), cuando ya hemos digerido tantas equivocaciones llevadas a la práctica por las ideas políticas salidas de las urnas.

Cuando los europeos seamos capaces de asumir que las identidades de los pueblos son perfectamente complementarias -la sociedad humana se divide en escalas o grupos: el individuo, la familia, el pueblo, la comarca, nacionalidad-autonómica, Europa, el mundo…- , y que perteneciendo a la primera formamos parte de la última es cuando los europeos empezaremos a coexistir pacíficamente.

Es necesario disponer de personas –líderes políticos– que deseen y quieran comprometerse, y en cuerpo y alma, con el ideario que fomente la construcción definitiva de una Unión Europea como nación, que confedere a los distintos estados que la forman, bajo un emblema común: llegar a ser ‘ciudadano europeo’, antes que ciudadano español, inglés, alemán, austriaco… Es decir, olvidarse un poco y un mucho, y digo bien, de esa Europa de los nacionalismos exacerbados y excluyentes, que pululan por el territorio europeo.

Es necesario disponer de líderes políticos que deseen y quieran comprometerse en cuerpo y alma con el ideario que fomente la construcción definitiva de una Unión Europea como nación

Porque todos entendemos que, detrás de los nacionalismos, siempre se siembran –en las mentes de aquellos que defienden estas últimas teorías– pensamientos y simientes, simientes y pensamientos, que defienden la xenofobia y el racismo a ultranza. En relación con los inmigrantes europeos, el escritor Mario Vargas Llosa dijo (año 2002): “Creo que esa paranoia está muy alentada por los prejuicios xenófobos y racistas… como si la inmigración fuera portadora del terror, como si la inmigración viniera a destruir el empleo o amenazar las llamadas ‘identidades nacionales’ que sí son para mí un hechizo…”.

Sin embargo, comprobamos que no florece una opinión pública europea dentro de nuestra Unión Europea, valga la redundancia. De esta manera, sin duda, es difícil pero no imposible que la unidad de Europa prospere por el momento. Cierto es que los jóvenes emplean el idioma inglés como vehículo de transporte en sus contactos internacionales, más, y como es lógico en cierta manera, eligen leer y escribir en su propio idioma en el día a día. La no existencia de una opinión común en la UE, trae como consecuencia la no existencia también de una sociedad común.

En un futuro próximo no vamos a tener una democracia liberal en Europa, pero, sin duda, nadie nos va a quitar el placer de soñar con ella, pues… ¡soñar es algo maravilloso! Si los políticos de turno se dedicasen a resolver la política energética, si los políticos de turno tratasen de resolver las relaciones con China y Rusia, si los políticos de turno coordinasen las políticas económicas nacionales que resolviesen el gran problema del paro obrero existente… entonces estos políticos de turno de los que venimos hablando, serían considerados con ‘hombres de pura ley’.

La situación económica mundial es bastante delicada, a buen decir de los gurús económicos –que se manifiestan cuando las aguas han rebasado ya el río-. Y este deterioro económico crece día a día. Nos encontramos ante una verdadera recesión económica mundial, cuyo fin nadie lo sabe. Pensemos de verdad que el eje económico-político de Alemania y Francia no está funcionado como debería y, si estas dos naciones –que siempre actuaron como verdaderas locomotoras de la economía de europea– se quedan al ralentí… ¡qué Dios no coja confesados! Aquella Unión Europea de la prosperidad de la que tanto nos hablaron, se nos esfuma como el aire temprano de la mañana que se lleva a los pajarillos del cielo, buscando otras tierras más generosas donde vivir con holgura… y seguridad.

Sí creo, y siempre he creído, en el liberalismo político que siembre de ideales firmes y verdaderos las mentes de nuestra juventud, que es el futuro del mañana. Sí creo, y siempre he creído, en el liberalismo político que fomente la actividad económica en todas sus formas. Sí creo, y siempre he creído, en el liberalismo político que defiende a la familia como cota superior de la vida asociativa: matrimonio hombre/mujer, uniones de contratos sentimentales hombre/hombre, uniones de contratos sentimentales mujer/mujer, parejas sentimentales… En todo esto creo y mucho más. El concepto de deber y amor debe supervivir en todas las relaciones humanas.

La Coruña, 15 de diciembre de 2011
Mariano Cabrero Bárcena es escritor


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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