Miércoles 28 de septiembre de 2016,
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La mancha roja

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¡Dos orejas y una cola te has ganado, dos orejas pues estabas bien armado!

En 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. Yo no quiero ser de esas personas que solo ven, oyen y callan. Quiero hablar, pronunciar, denunciar, reclamar y soñar.

¿Por qué siempre han de darse argumentos contra las corridas de toros? Acaso la crueldad, ¿no es crueldad siempre, independientemente de si la víctima que la recibe es humano o animal?

Hoy escribo sobre otra de esas cosas que pasan, de las que uno a veces no habla, pero que comparte con los demás en silencio. Hoy me pronuncio frente a ciertas injusticias que suceden día a día. Hoy denuncio el maltrato animal. Hoy reclamo los derechos de los animales, y hoy soy una soñadora empedernida. Quizás en eso me parezca al escritor uruguayo Fernando Galeano. Pues, este hombre menciona que, aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. “El derecho de soñar no figura entre los treinta derechos humanos que las Naciones Unidas proclamaron a fines de 1948. Pero si no fuera por él, y por las aguas que da de beber, los demás derechos se morirían de sed”. Deliremos, pues, por un ratico.

Sueño con un mundo en donde se pronuncie un onceavo mandamiento: ‘Amarás a la naturaleza, de la que formas parte’. Un mundo donde “los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas”. Un mundo en donde no se tengan que argumentar los derechos humanos o animales, estos serán respetados por el mero hecho de ser derechos.

¿Por qué siempre han de darse argumentos contra las corridas de toros? Acaso la crueldad, ¿no es crueldad siempre, independientemente de si la víctima que la recibe es humano o animal? Pero como hoy me he otorgado tantos derechos, que además me pertenecen, me declaro el derecho de argumentar el por qué no de las corridas de toros.

Así pues, como diría Mario, vocalista del grupo Doctor Krápula, no hay escenario más patético, desalentador y representativo de la tauromaquia que el que se representa a continuación. Sale al ruedo un toro de casta, acorralado en la arena lo espera un hombrecillo que jura ser valiente, creyendo estar divirtiendo a los presentes, pero al final es un tauricida, que sabe bien que al final saldrá con vida. Tauricida va, tauricida está, matando la vida, tauricida va.

“Que los toros son una tradición”. ¿Desde cuándo las apologías a la violencia y la destrucción son dignas de perpetuamiento histórico?

“Que los toros son una tradición, y las tradiciones hay que mantenerlas”, mentira. ¿Desde cuándo las apologías a la violencia y la destrucción son dignas de perpetuamiento histórico? Las tradiciones deben ser soporte de lo que nos define y construye, pero también de lo que esperamos en el futuro.

“Que las corridas de toros son un arte”. También es mentira. Este arte, mal llamado así, no construye ni da valor. Antes bien, destruye todo lo enaltecedor del arte para la vida humana. Pues, “el arte es un proceso de creación y construcción, que da vida, no la quita”.

“Que el toro muere dignamente”, también dudo de la verdad de esta premisa. ¿Es acaso digna una muerte lenta, dolorosa, torturante, asfixiante? Seguramente, la respuesta es no.

“Que los toros son cultura”. Entonces, me declaro una mujer totalmente inculta. Hasta donde yo tengo entendido, el termino cultura según la RAE es comprendida como “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. Sólo será constructiva y válida mientras apueste por dar valor al ser humano, transformarlo en un ser más sensible, más inteligente, y más civilizado”. Entonces, la crueldad que humilla a humanos o animales y destruye por el dolor jamás se podrá considerar cultura. Esas sólo serán costumbres odiosas contra el mundo y contra sí mismos.

Y para los que dice que “el toro no sufre”. ¿Cómo no sentirá un toro la puya, las banderillas o la espada? ¿O acaso el toro se orina y defeca en la corrida porque le da pánico escénico? ¡Pánico escénico debería sentir las personas que asisten a esta clase de escenarios, además de un dolor parecido a un cólico que es directamente proporcional al sentimiento de remordimiento!


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2 Comentarios

  1. Anónimo 24/11/2010 en 22:05

    mi amor jamas habia leido nada tuyo..me encanta como escribesss!! me siento LAS MASS ORGULLOSA DEL PLANETA…hay una cancion de ska-p que se llama verguenza, escuchala….sigue ecribiendo!!
    ps: me encantan las rimas

  2. Anónimo 16/07/2010 en 2:46

    Comparto tu opinion caro ! gracias por expresarte =]

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