Miércoles 28 de septiembre de 2016,
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La mano que mece la cuna: Nicholas Patrick Griffin

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CRÓNICA / El británico Nick Griffin, dueño de un orfanato en Camboya, ha sido detenido acusado de abusar de más de cien menores

Camboya. Nunca me podré olvidar del momento que conocí a ‘Nick’. Aquel día, España jugaba por primera vez una final de una Copa del Mundo de Fútbol. Fue una noche que recordaré siempre en mi vida, ‘La Roja’ Campeona del Mundo, el sueño de cualquier español hecho realidad, por fin.

Aunque desde hace dos días, sé que tampoco se me olvidará ese instante, por ser el día en que conocí a esta persona. Fue a los pocos minutos de empezar el partido, ‘la roja’ atacaba, y entre los nervios y los efectos del alcohol, mis gritos se escuchaban en casi toda la ciudad. Fue en ese momento, cuando una mano me tocó en la espalda y me invitó educadamente a calmarme. Pero cómo tranquilizar a una persona llevada por la pasión del fútbol. Aquellas fueron mis primeras palabras con Nick, por supuesto acompañadas de mi respuesta “vete a la mierda, por favor, es la final y desde luego que seguiré gritando”.

No puedo considerarlo mi amigo, nunca lo fue, pero si un conocido, al que hablé y estreché la mano en más de una vez. Siempre lo recuerdo de las misma manera, sentado en una de las mesas de su bar ‘Coffee House’ en Siem Reap, mirando al vacío, con un semblante lleno de misterio. Siempre me pareció una persona extraña, pero nunca podía sospechar que resultara ser lo que es.

‘Nick’ cumplía con el perfil del pederasta: soltero, entre 45 y 65 años, normalmente relacionados con labores de ayuda a la infancia, donde su perfil pasa totalmente desapercibido

Desde el sábado, dudo en escribir este articulo, no por miedo a las posibles consecuencias, sino por el respeto tan grande que tengo a las personas que creyeron ciegamente en Nick, pero creo que la mejor forma de mostrar mi apoyo al gran número de víctimas que el suceso de este fin de semana ha dejado, es precisamente hablando claro y ‘mojándome’ hasta donde puedo a la hora de contar las cosas.

Nicholas Patrick Griffin
Nicholas Patrick Griffin, ciudadano británico, natural de Gales y de 52 años era arrestado el pasado viernes, acusado de “actos indecentes”, según informaban varios medios británicos desplazados a la ciudad de Angkor.

Ese sería el titular de cualquier artículo que desde este Mundo Olvidado publicara sobre cualquier persona acusada de estos cargos. Aunque en el caso de Nicholas, no puedo sino contarlo desde un punto de vista más personal que profesional.

Aunque el arresto sucedió el pasado viernes, la noticia no llegó a mis oídos hasta pasado un día. Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando un amigo me decía, “Nick ha sido arrestado por abusos a menores”. Cómo reaccionar tras estas palabras, qué poder decir. Hacía meses que hubo rumores, pero cómo creer que Nick, una persona que dejó Inglaterra para vivir en Camboya y fundar una organización llamada COF (The Cambodian Orphand Fund) podía ser una de esas caras que desde hacia meses denunciaba desde este Mundo Olvidado.

Es ahora cuando me doy cuenta de los ojos tan inocentes con los que miro este mundo, ni teniendo a alguien como Nick delante de mi nariz nunca pude sospechar que él era una de las personas sobre las que suelo escribir. Es ahora cuando veo que encaja en ese perfil que llevo más de dos meses investigando. Hombre soltero, de edad comprendida entre 45 y 65 años, normalmente relacionados con labores de ayuda a la infancia, donde su perfil pasa totalmente desapercibido. Personas tranquilas que pasan como fantasmas a los miles de ojos que se cruzan en su camino todos los días. Mentes maquiavélicas, de una inteligencia privilegiada, y con medios materiales suficientes para parecer buenos samaritanos a los ojos de la sociedad.

La investigación empezó hace más de 2 años, cuando Nick fue arrestado acusado de los mismos hechos por los que está ahora en prisión. Aunque aquella vez fue puesto en libertad sin cargos por falta de pruebas

Nunca un perfil podría definir tan bien a Nick como éste. Pero cómo pensar que una mente pueda imaginar esos crímenes, cómo pensar que se puedan llegar a hacer realidad, y sobre todo cómo pensar que esa persona tranquila que escondía la mirada tras sus gafas, podía estar cometiendo impunemente dichas atrocidades.

En estos días que han seguido a la detención, no se puede hablar de otra cosa que no sea de este triste suceso. El estado de ‘shock’ se ha apoderado de la mayoría de las personas que conformamos la pequeña comunidad de expatriados que vivimos en Siem Reap. Un estado que se convierte en la incomprensión más absoluta, cuando pensamos en las verdaderas víctimas de esta historia, los más de 60 niños y niñas que vivían en los orfanatos que COF había construido en las proximidades de Siem Reap, entre ellos el nuevo ‘New Land’, al que pronto los niños se mudarían.

Los datos no trascienden dado el secretismo con el que se está llevando la investigación que empezó hace más de dos años, cuando Nick fue arrestado acusado de los mismos hechos por los que está en estos momentos en prisión. Aunque aquella vez fue puesto en libertad sin cargos por falta de pruebas que lo imputaran, lo que permitió que durante estos dos últimos años cometiera sus crímenes en silencio. Error que esta vez las autoridades han evitado cometer de nuevo.

Como afirmaba Andy Wells, miembro de CEOP (Child Explotation and Online Protection), a la cadena de televisión británica, Sky News: “Tenemos evidencias de que este hombre estaba al cargo de niños. Esta persona estaba declarada como ‘individuo de alto riesgo’ y al que era recomendable vigilar, así que pedimos a las organizaciones locales que empezaran una investigación sobre él. Solo tenéis que mirar a qué se parece su nuevo orfanato, en la mitad de la nada rodeado de un muro de ladrillos, se parece más una prisión, y debéis preguntaros por qué”.

No me hace falta esperar al veredicto de unos jueces que dirán lo que crean en ese momento decir, para saber la verdad de este asunto. Está más que probado que el sistema judicial camboyano hace aguas por casi todos los lados, y más cuando hablamos de los derechos y la protección a la infancia. Nick se puede enfrentar a una condena máxima de 10 años, de los cuales cumpliría seis o siete en prisión. Una pena insuficiente para una persona que ha robado los sueños a decenas de niños camboyanos.

Está más que probado que el sistema judicial camboyano hace aguas por casi todos los lados, y más cuando hablamos de los derechos y la protección a la infancia

Desde el principio de esta aventura que me trajo a Camboya, las injusticias cometidas a la infancia en este país han supuesto la mayor de las tragedias que mis ojos han visto nunca. Pero es ahora, tres años después, cuando después de saber que he estrechado la mano al mismo tiempo que sonreía a una persona que por la noche empleaba esa misma mano y esa misma sonrisa para cometer el peor de los crímenes, cuando me doy cuenta que este Mundo necesita un cambio urgente, que no es hora de seguir esperando, es hora de actuar. Y es en este Mundo Olvidado, donde no tengo miedo de afirmar que Nicholas Patrick Griffin es un individuo peligroso, la imagen del diablo en esta Tierra. Una cara amable que escondía una tragedia para muchas vidas inocentes que nunca volverán a ser lo que un día soñaron ser.

Espero y deseo que el dolor que esta persona ha causado a muchas personas le sea devuelto en esta vida o en la siguiente. No solo el dolor inhumano de los niños, sino también los cientos de personas que creyeron en su palabra, y que depositaron todas sus ilusiones en proyectos que el utilizaba para conseguir sus propósitos personales.

Podría decir mucho más, pero prefiero que sea el silencio y vuestras mentes a la hora de reflexionar las que lleguen a una conclusión. Por respeto a todas esas personas que siguen luchando para que esos niños no pierdan su sonrisa, prefiero callar y esperar a que el tiempo me libere de este silencio forzoso, para poder decir toda la verdad de Nick. Una persona a la que hubiera preferido nunca conocer.

No puedo sino irme a intentar dormir, repitiendo 60 veces buenas noches dulces sueños, una por cada niño a los que se suponía que Nick ofrecería un futuro mejor. Futuro que tendrán, sin duda, gracias a la fuerza y al corazón de esas otras víctimas que son los trabajadores y cooperantes de la antigua COF, ajenos totalmente a lo que sucedía y sobre los cuales no se tiene ningún tipo de sospecha, y que no han parado desde el viernes de darlo todo para asegurar que no les falte ni un segundo de atención a esas más de sesenta almas rotas.

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