Sábado 03 de diciembre de 2016,
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La máquina de la muerte

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La pena de muerte sigue estando vigente en casi 70 países y más de 17.000 personas están actualmente condenadas a muerte

Aunque éstos hayan cometido crímenes de guerra, genocidios, asesinatos, violaciones con resultado final de muerte, atracos a mano armada, etc.: la pena de muerte. Ésta podía ser conmutada por la de ‘cadena perpetua’: más racional y, hasta cierto punto, más humana… Todos los argumentos se hunden por su propio peso cuando tratan de justificar la pena de muerte, existiendo -como existen- penas privativas de libertad (cadena perpetua, en último caso).

Según el último informe de Amnistía Internacional (31 de diciembre de 2009), en relación con las personas que había condenadas a muerte en el mundo, éste cifraba el número en 17.118. Terribles datos pero presuntamente ciertos. Informes concretos de China, Egipto, Irán, Malasia, Sudán, Tailandia y Vietnam… no existen, no los facilitan.

Santo Tomas de Aquino, en su máxima obra ‘La suma teológica’ (parte II, cap. 2, párrafo 64) sostiene que “todo poder correctivo y sancionatorio proviene de Dios, quien lo delega a la sociedad de hombres; por lo cual el poder público está facultado como representante divino, para imponer toda clase de sanciones jurídicas debidamente instituidas con el objeto de defender la salud de la sociedad. De la misma manera que es conveniente y lícito amputar un miembro putrefacto para salvar la salud del resto del cuerpo, de la misma manera lo es también eliminar al criminal pervertido mediante la pena de muerte para salvar al resto de la sociedad”.

Y es que la sociedad americana así lo demanda, con harto dolor de nuestros corazones. En cierta ocasión, un taxista de San Francisco –partidario de la pena de muerte– argumentó que “los costos (gastos) económicos de un condenado a muerte, si este último fuese condenado a cadena perpetua, serían demasiados y, claro está, el pueblo americano no tiene por qué gastar tanto dinero, y es más económico matarle”. ¡Bonita manera de pensar!

Algunos argumentan que los costos económicos de un condenado a cadena perpetua, serían demasiados y, claro está, el pueblo americano no tiene por qué gastar tanto dinero, y es más económico matarle

Y sin embargo, ¿por qué nos sorprendemos de que los estadounidenses hablen –piensen, pocas veces los hacen– de esta manera? Todos hemos oído, una y mil veces, que ‘mister Dólar’ es lo único y más importante en sus cotidianas vidas. La ideología –mediando el vil metal– acaba siempre penetrando en el más recóndito rincón de la mente humana. Incluso presidentes americanos trataron de erradicar ‘la muerte legal’ de la legislación penal, pero ninguno lo consiguió, incluido el ex presidente Bill Clinton. Y estas personas que así piensan, mal que nos pese, elegirán al futuro presidente de los Estados Unidos de América.

Ejecutar a un hombre/mujer a sangre fría puede ser considerado como un acto de simple y pura venganza. La justicia penal existe para asegurar que los delincuentes –en todas sus facetas– cumplan las penas por los delitos cometidos, pero jamás debe existir una justicia para ‘eliminar’ seres humanos. Aunque estos hayan cometido crímenes de guerra, genocidios, asesinatos, violaciones con resultado final de muerte, atracos a mano armada, etc.

Pero los americanos aplauden la pena capital, dado que ellos la llevan a la práctica. Un informe de Amnistía Internacional (ONG, 1996) nos señaló que la pena capital está incluida en el derecho penal de 68 estados. Países que han pretendido y pretenden ser modelo para el respecto de los Derechos Humanos (EE.UU., Rusia, China, Japón, etcétera) continúan manteniendo en vigor las ejecuciones de nuestros semejantes. En EE.UU. se sigue aplicando la máxima pena en los estados de Virginia, Florida, California, Texas, etc., no obstante, el número de homicidios no ha disminuido tal y como se esperaba.

Batimón (filosofo) manifestó que “si alguna cosa justificaba aún el calificativo de primitivo es la pena de muerte”. “Si capitán me manda matar soldados, /no mataré jamás hermanos; /he de vivir sin paz matando, / quiero morir sin ser soldado”, vieja canción: la canción del soldado. Ésta alberga posiblemente en las mentes de los soldados de cualquier nacionalidad que, cumpliendo con su deber como profesionales de un ejército, sufren innecesariamente y hacen sufrir a los pueblos involucrados en dos guerras programadas por ciertos gobiernos de turno para conseguir sus propios intereses económicos. Puede que esté equivocado, pero los acontecimientos bélicos actuales así lo están demostrando.

Ejecutar a un hombre/mujer a sangre fría puede ser considerado como un acto de simple y pura venganza. Jamás debe existir una justicia para ‘eliminar’ seres humanos

Amnistía Internacional nos informa en el sentido de que, hoy en día, casi la mitad de los países del Globo Terráqueo incluyen en sus leyes penales la pena de muerte -valga la redundancia-. Puede que sean sobre setenta países los que ponen en práctica la última. Y EE.UU. se lleva la palma tocante a ejecuciones de seres humanos que, aunque delincuentes, siguen siendo personas… Se podría conmutar, en todos los casos, dicha pena capital por la de cadena perpetua. Sería, indudablemente, más humano el hacerlo. No puedo olvidar, ni por un momento, lo que Martin Luther King manifestó: “Nuestra generación no se lamentará tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos”.

Y a todo esto llamamos cultura, globalización, democracia, derechos humanos… Todos son miedos y mentiras, todos son mentiras y miedos que marchan unidas en un perfecto engranaje que nadie sabe a dónde nos conducirá. Son el bien y el mal juntos, hermanados, que se dan la mano para pasear por estos mundos de Dios, y que siembran de crespones negros, a modo de agujeros, la geografía universal. Quizá estemos ciegos de soberbia, quizá hemos olvidados derramar lágrimas vírgenes, quizá vamos encarando un mundo sin control ni norma alguna bajo el signo de los políticos corruptos, que los hay.

Uno sabe que la máquina de la muerte -silla eléctrica, inyección letal, cámara de gas…-, sigue funcionando en el país más democrático del mundo: EE.UU. ¡Pobres hombres de color, sudamericanos, mexicanos…! Ellos (¿no  lo adivináis?) son personas pobres, y no podrán  pagar a un buen abogado para salvarse de esa máquina infernal: la silla eléctrica. Están en ‘lista de espera’ para morir, cuando la última se ha creado para vivir, con la intervención de los cirujanos de turno. Paradojas de la vida. Respecto a ésta, decía Maimónides (siglo XII): “Es mejor absolver a miles de culpables que ejecutar a un solo inocente”.

La Coruña, 1 de Noviembre de 2010
Mariano Cabrero es escritor


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Sobre el autor

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.

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