Viernes 09 de diciembre de 2016,
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La mecha kosovar

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Un niño se esconde tras una bandera mixta de EE UU, Albania y el símbolo de la OTAN

Análisis

La secesión no es la mejor solución y crea un problema que recuerda
amargamente a la
creación del estado de Israel, el que por mor de una mala conjunción de
hechos y alianzas ha desembocado en una
amenaza sin fin desde entonces.

La quema de la embajada de EEUU y la amenaza de
Serbia contra otros países que apoyan la secesión da un horizonte duro donde habrá un perdedor, Serbia, o muchos, entre ellos España
La huida del foro
general donde debería haberse plateado esta escisión, las Naciones Unidas, solo ha
logrado una fisura internacional y un pulso al poder de Rusia
Posibles escenarios: ‘Ulsteriazación’, ‘cubanización’, ‘bosnización’ o separación estilo India-Pakistán

La independencia de Kosovo abre la puerta a las tendencias
secesionistas en toda Europa. España, a pesar de votar en contra, no podrá
impedir que sea establecido como modelo por los independentistas vascos y catalanes. Un nuevo escenario de unilateralidad
y discreccionalidad externa se proyecta en las políticas de los países con
“problemas” nacionalistas, y divide al mundo en dos bandos que recuerdan a una guerra fría no muy lejana en el tiempo pero, sobre todo, en
las actitudes.

La secesión no es la mejor solución y crea un problema que recuerda
amargamente a la
creación del estado de Israel,
el que por mor de una mala conjunción de
hechos y alianzas ha desembocado en una
amenaza sin fin
desde entonces.

La situación actual es que Europa empieza a jugar la baza del “desarrollo” de Serbia, integración en
la UE, a cambio de ese trozo de su alma histórica y tradicional. Serbia se enroca en no aceptar y Rusia amenaza con medidas de fuerza si se actúa contra los
serbios.

En Serbia y en Kosovo comienzan las algaradas, los desordenes, los atentados más o menos organizados, las manifestaciones, el enfrentamiento verbal creciente y la escalada
de la violencia
, de tensión diplomática y física, como anticipo de algo que siempre en esas tierras ha sido horror
y sangre, y donde los más radicales entre los serbios se preparan para un futuro
de enfrentamiento.

La quema de la embajada de EEUU y la amenaza, no velada, de
Serbia contra otros países que apoyan la secesión da un horizonte duro de negociación en
el futuro donde, necesariamente, habrá un perdedor, Serbia, o muchos, entre ellos España, dependiendo del resultado, y
tendrá infinitas consecuencias laterales que como patas de pulpo llegarán muy
lejos entre las cuales se pueden vislumbrar al menos las siguientes:

a) La posible ‘ulsterización’ de Kosovo, con sus provincias del norte con
alta población serbia y gran parte de sus lugares tradicionales e históricos.
El enfrentamiento de estas dos poblaciones,
hasta ahora viviendo de espaldas, puede dar lugar a una
guerra sorda, ciega, muda
pero perenne, como ocurrió durante décadas en Irlanda del norte. El no asumir la bandera tradicional
albanesa y crear una “ad hoc” que parece buscar la integración no
desactiva este peligro: Kosovo es fundamentalmente albanés.

b) La posible ‘cubanización‘ de Kosovo, esto es aislamiento y bloqueo político y económico por el núcleo
Rusia-Serbia puede ser otro hecho que marque el futuro a
pesar de la lluvia de millones que promete la Unión Europea, que lo convertirá
en un país dependiente y, por tanto, con poco futuro.

c) La posible bosnización, libanización del país creado de hecho dos unidades
separadas: por un lado los serbios, que desde Belgrado se les anima a que no abandonen su tierra, y los albaneses mayoría.

d) Separación traumática y bélica como India y Pakistán
o la de las dos Coreas, la primera condenada a separarse con violencia
y guerras, la segunda sólo separada por un régimen obnubilado de pasado y de amenaza. En ambos
casos el enfrentamiento y la guerra son parámetros cotidianos.

e) El más grave sería el reabrirse la guerra y la expulsión,
limpieza étnica que “aligeró” las fronteras del puzzle de Bosnia.

f) Creación de un “sistema” de secesión,
separación, independencia, por encima de leyes, acuerdos e implicando una
intromisión en asuntos de otros países.

Como vemos, tanto la secesión inmediata como las posibles
consecuencias incluyendo la hipoteca para la capacidad negociadora de los
protagonistas, arrojan frialdad sobre la independencia de Kosovo y dan la
certeza de que podía haberse hecho mucho mejor y que, además, de estos vientos
sembrados se recogerán las mieses de tremendas tempestades.

EE UU, Rusia, UE, ONU, OTAN se vuelven protagonistas de un hecho que, quizás, una
buena voluntad de Belgrado, ante el caso de la secesión de Montenegro, y de una minoría albanesa que ha aprovechado los rescoldos de una gran guerra que apenas le tocó
para influir sobre la UE y EE UU, hubieran podido resolver.

La huida del foro
general donde debería haberse plateado esta escisión, las Naciones Unidas, solo ha
logrado una fisura internacional y un pulso al poder de Rusia. No se auguran grandes avances salvo que se convenza
a Serbia de que se decida a ceder a cambio de las “cuarenta monedas” de la integración en la rica
Europa
.

Mientras tanto, otros muchos pueblos, sojuzgados o no, con
amplia lista de derechos o al borde de la desaparición, egoístas o trufados de
solidaridad, esperan este hito, esta “jurisprudencia” rápida y sumaria, también vicaria de
problemas futuros
, para poner en esta melodía y tempo sus reivindicaciones:
una caja de Pandora que ya se ha abierto.

Quienes defienden que España puede defender la singularidad del
caso
y la diferencia con otros movimientos separatistas para dar el sí a la
creación de Kosovo deben entender que, dado el
poco respeto hacia la legalidad existente
, que ha creado un status quo de
paz en ese polvorín, cualquier similitud por muy lejana que sea podrá ser empleada
y, de hecho, se empleará.

Sólo un hipócrita y negador acompasamiento de lo
que indican los países más poderosos de Europa defiende un sí cuando el sentido común marca el no, al menos de estas formas:
unilateral, fuera de las Naciones Unidas y por encima de la legalidad
internacional de los acuerdos y resoluciones (fundamentalmente la 1244).

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