Miércoles 28 de septiembre de 2016,
Bottup.com

“Para que la promoción de la salud tenga éxito en el Sur hay que
relacionarla con el disfrute y la belleza antes que con la culpa y la
responsabilidad”

Opinión

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La promoción para prevenir el sida debe adoptar nuevas estrategias en el Sur
Algunas personas parecen ser
excepcionalmente competentes ya que habiendo sido infectados no han
desarrollado la enfermedad (VIH) en 20 años o más
“El
Mediterráneo, el Caribe y el Gofo de México forman un mar homogéneo, aunque
interrumpido.”

A. J. Liebling

Todos
los seres humanos poseemos un sistema inmunológico inteligente que es capaz de
aprender de la experiencia. Cuando nuestro sistema toma contacto por segunda
vez con algunos patógenos los reconoce y los ataca con mayor eficacia. Con el
tiempo nuestro sistema inmunológico se hace más especializado y sofisticado.

 

Hay
muchos factores ambientales y genéticos que influyen en nuestra competencia
inmunológica. Pero no menos importante es nuestro estilo de vida. Con nuestra
conducta podemos mejorar su funcionamiento o dificultar su labor.

Entre las
conductas que lo fortalecen se encuentran la alimentación saludable, la ausencia
o el consumo moderado de sustancias psicoactivas, evitar en lo posible la
exposición a la contaminación, evitar el estrés, hacer ejercicio y muy
probablemente los mimos (dar y recibir afecto), reír y unas relaciones sexuales
satisfactorias.

Estas actividades tienen múltiples ventajas, desde hacernos
sentir bien hasta prevenir enfermedades.
En cambio el estrés y la depresión debilitan nuestras defensas además de
empobrecer nuestra calidad de vida.

 

Las
enfermedades que causan mayor mortandad e invalidez en el llamado mundo desarrollado
están muy condicionadas por el estilo de vida que llevamos. Sobre todo son: las vasculares, los
accidentes, algunos tipos de cánceres, etc.

En todas ellas nuestra conducta es
fundamental. Lo es para evitar adquirirlas, o sea para prevenirlas, y lo es
para intentar curarlas o limitar sus daños cuando se adquieren.

 

Un
caso paradigmático es la infección por el VIH y el SIDA. Su prevención depende
fundamentalmente del uso de profilácticos en las relaciones sexuales y de no compartir
jeringuillas. Pero, una vez infectado, también es muy importante lo que
hagamos.

Es importante detectar precozmente la infección, llevar una vida sana
y cumplir estrictamente el tratamiento. O sea, que frente al síndrome de
inmunodeficiencia adquirida debemos ser lo más competentes posible desde el
punto de vista conductual e inmunológico. Algunas personas parecen ser
excepcionalmente competentes ya que habiendo sido infectados no han
desarrollado la enfermedad en 20 años o más.

 

Pero
si todo consiste en observar unas determinadas pautas (usar preservativo y material
estéril de inyección) y en realizar unas actividades que pueden ser muy
agradables, ¿por qué la gente no cambia
su conducta?

 

En
primer lugar porque algunas de las conductas de riesgo reciben un refuerzo
inmediato muy importante, en segundo porque muchas de ellas crean adicción y en
tercer lugar porque todo intento deliberado de cambio puede despertar una
resistencia de igual magnitud, sobre todo si amenaza el propio estilo de vida,
aunque éste sea insatisfactorio.

 

En
el Sur habría que añadir además una especie de escepticismo respecto a los
mensajes de control de la conducta por parte de la administración. Una actitud
que a veces es calificada de ácrata, otras de liberal y otras de pura desconfianza
pueblerina. Aquí se puede aplicar el “principio de reactancia” de Brehm según
el cual las personas actuarán en contra
de una fuente si consideran que dicha fuente pretende limitar su capacidad de
elección.

 

En el mediterráneo sería más efectivo vincular los objetivos de
salud pública con el arte de vivir de manera agradable que con el
control público de las conductas

Así
pues, las campañas de salud deben ofrecer alternativas, no limitarlas. Deben
proponer cambios cuyos beneficios se perciban de manera inmediata y no sólo
promesas de salud para el futuro.

 

El concepto de ahorro a largo plazo no
funciona con los más jóvenes. También sería conveniente ir vinculando el
concepto de salud con el del placer y la satisfacción personal, alejándolo de
las prohibiciones y castigos. La culpa, vinculada históricamente a la
enfermedad como consecuencia del pecado en la cultura católica, no es la mejor
estrategia preventiva.

Tampoco el concepto de planificación relacionado con la
salud es inocente ya que adquiere un significado diferente según las culturas.
Lo que a unos les puede parecer un orden racional a otros se les antoja como vivir
rodeados de restricciones y amenazas.

 

Posiblemente
desde una perspectiva mediterránea sería más efectivo vincular los objetivos de
salud pública con el arte de vivir y convivir de manera agradable que con el
control público de las conductas. También con la estética.

En Andalucía, al
menos, hay comportamientos feos y bonitos. Para los andaluces es importante ser
elegantes, tener gracia y sensibilidad. Para que la promoción de la salud tenga
éxito en el Sur hay que relacionarla con el disfrute y la belleza antes que con
la culpa y la responsabilidad.

 

Alfonso Ramírez de
Arellano Espadero es Vicepresidente Fundación
Atenea Grupo GID


Imagen(cc): La Democracia

 

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