Sábado 24 de septiembre de 2016,
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La quejas en los países árabes, una razón para la esperanza

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OPINIÓN / Las quejas que se han originado en Túnez y que se están transmitiendo a Egipto, Yemén, Jordania y Arabia da muestras de que las sociedades árabes, y musulmanas, desean más libertad

“Ayer todos éramos tunecinos, hoy todos somos egipcios y mañana todos seremos libres”, mensaje que cunde entre la juventud marroquí. Vía Libertad Digital.

Las redes sociales en los países árabes han hecho salir a los ciudadanos a las calles. Nadie pensaba que la queja suicida del joven tunecino Mohamed Bouazizi por ser insultado y decomisada su mercancía de su puesto de verduras de Side Bouzid, iba a desembocar en una oleada de quejas suicidas en los países árabes.

Son quejas de los que no tienen más que quejarse que con su propio cuerpo, primero en Túnez y ahora transmitida, como en vasos comunicantes, a otros países árabes: Egipto, Yemen, Arabia Saudí, Jordania, Siria.

El terrible final del desesperado tunecino enseña la realidad repetida de los países árabes: el abuso policial, en otros casos militar, que le negó la única forma de ganarse la vida al no tener acceso al trabajo para que el que estaba cualificado: informático.

Los Regímenes autocráticos que falsamente vestidos de democracia con decenas de años en el poder y apoyados por occidente esconden corrupción, abusos y falta de oportunidades y de futuro para sus ciudadanos. Una espiral perversa de falta de democracia, represión, opresión y sostén internacional que solo se puede romper de manera crítica: la queja en las calles. En Túnez se ha dado en llamar la revolución de los jazmines.

Los Regímenes autocráticos falsamente vestidos de democracia, con decenas de años en el poder y apoyados por occidente, esconden corrupción, abusos y falta de oportunidades para sus ciudadanos

Los más jóvenes, los ‘nativos digitales’ son los que más las sufren y, al tiempo, los que han salido y salen a la calle en esas sociedades rurales, cerradas; jóvenes y de influencia creciente en el mundo para intentar romper con esa ‘estaca‘ que les tienen atado a un presente que es pasado.

La crítica acerba contra esos regímenes que son la frontera de la inmigración, en Marruecos, en Libia, en Argelia o Túnez y, en general, la defensa contra el aumento del integrismo radical, topa con la connivencia de occidente ante los desmanes y “extrañas concomitancias con el terror”, como fue puntualmente reveladas en el caso de Pakistan por Wikileaks. Son los ‘malos amigos’ de occidente que, a cambio de ese trabajo espurio, les permite la pervivencia por décadas: son los Ben Alí en Túnez, los Gadaffi en Líbia, los Mubarak en Egipto, Mohammed VI en Marruecos, Los Saud en Arabia, los Assad en Siria y los ayatollahs en Irán, entre otros.

El abuso como substrato de la queja en esos países y la conectividad de Internet para su transmisión hace que la queja corra como la pólvora, sin las posibilidades de coerción del silencio, aunque ésta sea la iniciativa ‘clásica’ para callar y acallar las críticas. Este fin de semana se ha ‘prohibido’ Internet en Egipto y se ha decretado un toque de queda con los tanques en la calle en El Cairo.

En resumen una forma imposible de contener, si no es con sangre, de lo que es conocido: el pueblo pide primero pan y luego libertad. En esa petición están los ciudadanos árabes y, en general, los musulmanes en muchos lugares, una llama que arde con aquella primera chispa inopinada del jóven tunecino Mohamed Bouazizi.

Es una brisa fresca y fragante de libertad y de derechos, también de riesgo. El desorden podría ser aprovechado por el islamismo más radical para imponer sus postulados e, incluso, llegar al poder. Esto ocasionaría, necesariamente como en un dominó, una media vuelta de tuerca de tensión a una zona del mundo muy interconexionada y enfrentada a occidente.

Este fin de semana se ha prohibido’ Internet en Egipto y se ha decretado un toque de queda con los tanques en la calle en El Cairo

Por otro lado, la democracia y la libertad se nutre de paz y de convivencia y puede que ésta sea, como expresó en El Cairo en 2009 el presidente norteamericano Barack Obama, la única forma de romper esta espiral de violencia, opresión, autoritarismo.

Las quejas y críticas en Egipto, verdadera llave del mundo musulmán, dará prueba de hacia donde evoluciona el movimiento: a una cerrazón ‘manu militari’ que encierre y enroque a cada cual en su posición aún a costa de una ciudadanía cansada y reclamadora, o hacia los pasos, párvulos y de riesgo hacia la libertad y la democracia.

El tiempo nos dirá si los ejemplos de la llegada al poder del FIS en Argelia en 1989 y de Hamás en la franja de Gaza por la vía democrática pero sin aceptar los parámetros básicos de la democracia, el consenso y el respeto al que piensa diferente, es el futuro de las posibles y futuras democracias en los países musulmanes.

El hecho de tener una mayor libertad e incluso votar no señala necesariamente que las sociedades estén maduras. La pregunta entonces es: ¿son estas muestras de poder activista y disidente en las callesen Internet la prueba que las sociedades árabes y musulmanas están dispuestas a aceptar un régimen democrático y de libertades?

Para quienes defienden que es imposible que haya una democracia con una panoplia suficiente de derechos y libertadas, por propio choque con el Islam, hay que recordar, además del ejemplo de Turquía, que algo similar se indicaba de las sociedades latinoamericanas de los años setenta, ochenta y noventa. Sin embargo hoy, y a pesar de algunas estentóreas excepciones, la democracia se ha ido aposentando y creciendo de manera firme creando las oportunidades para el futuro, la riqueza y la igualdad. ¿Es este el futuro para los países árabes y musulmanes o sólo una esperanza vana sentada sobre una queja que de difuminará en breve?

Imagen: lapatilla.com

Por ahora solo la primera parte, las ganas de deshacerse de los sátrapas.

Blooming democracies. Recuerdos del día de mañana.


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