Lunes 23 de octubre de 2017,
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La supervivencia de este siglo a veces termina con una “D”

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Nicho ‘D’ en el cementerio de Algeciras

Reportaje:
Los nichos menos demandados del cementerio de Algeciras acogen los restos de inmigrantes sin identificar con una lápida cuyo único epitafio es la “D” de desconocido.

La mañana despertaba lentamente, un cielo plomizo
se extendía, con algunas gaviotas gritándose entre ellas, haciendo
piruetas en el aire, muy a lo lejos. Esa mañana me mostraba el
cementerio de Algeciras como un lugar único, entre silencios y con un
olor a mar inconfundible.

Sus pasillos recorren cientos de lápidas repletas
de flores, dejadas allí por familiares y seres queridos. Fallecidos que
no desaparecen gracias al vivo recuerdo de sus allegados. Mientras
camino, alzo la mirada y veo unos nichos semiescondidos, sin lápida,
con pegotes de cemento superpuesto con diferentes números y fechas.

Una triste historia de sólo 17 años

Manuel,
el trabajador del cementerio de Algeciras, me acompaña a la salida del campo santo y mientras camino
entre olores a rosas y crisantemos cuenta la historia de Mohamed Said
Ahattach, de 17 años. Es una historia triste de hace unos años.


Este chico pasó dos meses en una cámara frigorífica de la morgue de Algeciras. Consiguió
pisar
la orilla, sano y salvo después de un tremendo viaje a través del
mar. Sus sueños conseguían tener forma, cuando falleció atropellado
mientras hacía autostop en la carretera N-340, dos días después…

En
el bolsillo del pantalón encontraron un papel con un teléfono con la
tinta casi borrada de un familiar que vivía en Barcelona. Así fue
identificado. Manuel para de hablar. Me mira y me dice: “Costó
620.000 de las antiguas pesetas la repatriación
…imagínate, costear este
dinero, cuando apenas esa familia tiene para alimentar a sus hijos más
pequeños…además que las mafias pueden cobrar a un inmigrante que quiere
llegar a España en patera desde 360 euros hasta 45.000“.


Pienso, cuando paseo por la playa, la infinidad del
mar. Catorce kilómetros separan las costas españolas de las africanas. Desde
allí vienen cientos de emigrantes en paupérrimas pateras, soportando
sed, hambre, frío. Estas personas tienen que ser de una valentía atroz,
con una fuerza excepcional ya que la esperanza y los sueños de vivir
supera con creces cualquier expectativa.


Leo una letra “D”.
Una letra que marca, me dicen, los nichos aquí, en Algeciras, donde
están enterrados los inmigrantes sin identificar muertos en pateras.
Suelen ser los nichos más altos, los que menos demanda la gente. “D”, letra de desconocido, los nichos reservados para los sin nombre.

Por aquí todos los días varios cadáveres flotan sin vida entre las rocas del mar. Costeados por una empresa municipal, cada vez, dicen, que hay mayor número de cadáveres sin identificar. Es el drama diario de las pateras, de los sueños rotos, de la huida desesperada de la pobreza y la muerte.

Un trabajador me comenta, con una mirada triste en sus ojos, que en cierta manera, en ese nicho descansa un afortunado. Sin
darme tiempo para preguntarle el por qué de esa afirmación, me sigue
relatando que no todas las familias de marroquíes tienen suerte de
poder enterrar a sus difuntos.


Cuando las autoridades españolas
averiguan la identidad de los cuerpos que descubren en el mar o el las
orillas de las playas, las familias no pueden costearse el traslado del
fallecido (que ronda los 3.000 euros aproximadamente).


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Una mujer y su hijo recién llegados a Fuerteventura

Las
familias quedan atrás, soñando que su hijo logra la ansiada prosperidad
y con la llegada de ese dinero que les enviará para seguir viviendo
cuando nunca sabrán con certeza si seguirán vivos o muertos. La
ignorancia como sustento de esperanza.


Miro otra vez el nicho. Comienza a llover, las gotas resbalan por la pared y que cierto es la frase, de un Bécquer, que decía ” qué solos se quedan los muertos”


Aumento significativo de niños en pateras

Hasta finales de 2002 los
menores emigraban principalmente como polizones en los barcos o
escondidos en los bajos de los camiones (a excepción de los menores que
emigran desde Tarfaya a las Islas Canarias, que sí utilizan la patera).
Pero desde enero de 2003 comienza a aumentar el número de menores que
llegan en pateras a las costas andaluzas, una nueva variante: la
paterización de la migración de menores.


Vemos caras de niños ateridos de frío entre adultos que tienen, el mismo rostro de miedo. La Cruz Roja, con su excepcional trabajo por
cierto, viene alarmando desde hace años este aumento de inmigrantes
menores y mujeres que viajan a bordo de las pateras.

Hace apenas
unos
días, más de cuatrocientos inmigrantes llegaron a las costas
canarias
y entre ellos había diez menores, con edades comprendidas
entre diez y doce años. En Granada detuvieron  la semana pasada a diez inmigrantes, también menores, que lograron llegar a la playa.

Suelen ser los nichos más altos, los que menos demanda la gente. “D”,
letra de desconocido, los nichos reservados para los sin nombre
Las mafias se han especializado en traer a
menores (verdaderos o falsos) que vienen con la idea de ponerse a
trabajar para enviar dinero a sus familias, pero se dan de
bruces con que la legislación española no se lo permite.

Para el caso de los menores marroquíes por ejemplo,
la repatriación es un tema complejo, ya que, aunque se localice a la
familia, si ésta rechaza acogerlo, el fiscal tiene que denegar la
devolución del niño, que tendrá que permanecer en España. Algunos
mienten sobre su edad para evitar la repatriación. Los menores pasan a
un centro de acogida, donde recibe cursos de formación y de español,
tutelado por las comunidades autónomas hasta que cumpla 18 años.

Todo
esto ha provocado que las mafias se hayan especializado en traer a
menores (verdaderos o falsos), y muchos vienen con la idea de ponerse a
trabajar cuanto antes para enviar dinero a sus familias, pero se dan de
bruces con que la legislación española no se lo permite.

Lo cierto es que estos “desconocidos”
volverán a jugarse la vida por un futuro mejor. La supervivencia de
este siglo
. Los ojos ajenos llenos de dolor y esperanza a partes
iguales volverán a inundar las noticias con estas avalanchas de
personas y mafias especialistas en enviar cayucos se enriquecen, y los
Gobiernos, el mundo, se ve impotente ante esta situación.

Mientras, un niño, una mujer, un hombre permanece en
un depósito esperando a ser identificado, en nichos altos, sin lápida,
con un garabato que describe una “D” y unos números sin alma.

Y otro niño en Senegal mira a las estrellas soñando
que mañana le espera el gran viaje hasta llegar a Europa. Guarda una
vez más en el bolsillo del pantalón un pequeño trozo de papel. Es el
teléfono de un familiar que consiguió burlar a la muerte y trabaja en
Madrid. Su futuro está lleno de esperanza.
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Titular, destacados

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2 Comentarios

  1. Anónimo 27/06/2007 en 9:19

    Magnifico reportaje y desgarrador saber que nadie sabra donde estas enterrado ,por que nadie ha reclamado tu cuerpo, ya lei este reportaje en Lapices para la Paz

    http://mm-cuadernodebitacora.blogspot.com/

  2. Anónimo 27/06/2007 en 8:36

    La suerte de 14 kilómetros
    Fantástico reportaje, aunque quizá demasiado largo, pero me alegro de haberlo leído. Es algo que la mayoría ya sabemos, pero no está nunca de más piezas como esta para recordarnos quan privilegiados somos los que tenemos la suerte aleatoria de haber nacido tan sólo 14 kilómetros más al norte…

    Por cierto, ¿Sabiáis que la frontera entre Marruecos y España está considerada la más’desigual’ en términos económicos y sociales, del mundo?

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