Domingo 27 de abril de 2014,
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La verdad oculta del ACNUR en el campo de refugiados de Remada

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Las condiciones del campo son realmente deficientes, como denuncian médicos voluntarios, mientras los pagos a lujosos hoteles menguan los recursos que podrían beneficiar a los refugiados libios

Remada, ciudad tunecina situada a pocos kilómetros de la frontera con la vecina Libia, se ha convertido en uno de los puntos más calientes en el continuo flujo de refugiados libios que cruzan el puesto fronterizo de Dehiba a diario escapando de la situación de extrema gravedad que se vive en las vecinas montañas de Nafusa.

Ciudades como Jefren, Zintan, Kikla, o Nalut son atacadas constantemente por las tropas gadafistas en su afán, como no hace mucho afirmó el propio Gaddafi, de exterminar a todos los bereberes de Libia.

Aunque el ACNUR las censa en 700, casi 3.000 personas se refugian en este campo huyendo del conflicto en Libia

En esta ciudad de no más de 5.000 habitantes se ha instalado desde el principio del conflicto en Libia un campo de refugiados apadrinado por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, el ACNUR. Allí, casi 3.000 refugiados viven con lo mínimo necesario para la subsistencia humana. Allí, el agua es un bien escaso a pesar de las grandes cantidades de este líquido que se acumulan en uno de los almacenes situados al principio de este campo. Allí, la comida consiste en un menú escaso de macarrones y couscous. Allí, la desesperación de refugiados y personal es patente cada vez más. Allí, en los desagües situados a pocos metros de las tiendas donde niños y mayores duermen, la basura y las infecciones viven en perfecta armonía, agazapadas, en silencio, esperando el momento oportuno para empezar a contagiar a los miles de refugiados que allí se encuentran. El ACNUR, ese invento creado por las Naciones Unidas para ‘proteger’ a los refugiados se disfraza de bondadoso padrino mientras la realidad nos muestra una dejadez cercana a la catástrofe.

Mientras este organismo reclama la falta de donaciones como principal problema en sus labores, sus trabajadores, alojados en el hotel Sangho de Tataouine, desayunan en mesas reservadas para ellos y decoradas con pétalos de rosas, allí pasan el día pegados a sus ordenadores portátiles de alta gama buscando la forma de rellenar formularios con los que los cientos de niños que huyen de la guerra no saciarán su sed. Mientras en Remada los niños corren descalzos al amparo de la luna y el frío de la noche desértica tunecina, esos hombres y mujeres ataviados con las siglas de la ayuda humanitaria discuten al borde de la piscina del citado hotel, el ‘supuesto plan de acción’ a emprender quizás cuando ya sea demasiado tarde. Mientras las mujeres de Remada lloran el vacío de sus estómagos, los ‘cascos azules’ de la ayuda humanitaria beben cervezas al atardecer y desayunan copiosamente al amanecer disfrutando de la paz de Tataouine. Y mientras los niños del campo de refugiados de Remada, cegados por la falta de electricidad confunden bajo la desesperación de la sequedad de sus bocas una botella de lejía con ese líquido con el que saciar su agonía, supuestos ‘salvadores de los desterrados’ cargan al hombro con destino su lujosa habitación de hotel las cajas de botellas de agua que se suponen destinadas a los refugiados, como nuestros incrédulos ojos pudieron comprobar.

Es famoso y admirado el trabajo de este organismo en el mundo, su historia avala en muchos países en conflicto el formidable trabajo de cooperantes y personal dedicado en cuerpo y alma a ayudar a los refugiados, no es el caso de este campo situado en la zona Este de Túnez. Allí, la falta de medios de comunicación seguramente ayude a que estos ‘hombre y mujeres unidos’ campen a sus anchas divagando hora tras hora por el lobby del hotel Sangho sin nada más que hacer que observar a todo el que pasa.

Como sus propios informes publicados en internet corroboran, la desorganización es total, informaciones contradictorias que no hacen sino aumentar la certeza de un trabajo que brilla por su ausencia. En una de las últimas entrevistas publicadas por este organismo se puede leer como una de las organizadoras del campo cuenta que más de 700 niños y mayores viven en Remada, un número muy inferior a los casi 3.000 seres humanos que como nos contaban los voluntarios de la Cruz Roja tunecina viven en este campo.

Mientras los miembros del ACNUR se empeñan en seguir publicando informes donde hablan de un hospital de campo, los dos doctores voluntarios allí presentes, denuncian la total ausencia de medios y fármacos

Mientras los miembros del ACNUR se empeñan en seguir publicando informes donde hablan de un hospital de campo, los dos doctores voluntarios allí presentes, denuncian la total ausencia de medios y fármacos para atender las enfermedades básicas, llegando incluso a hablar de catástrofe si no se soluciona esta situación en pocas semanas. Mientras el organismo de la ONU se empeña en culpar a una tormenta de arena como culpable de la precariedad de este campo, en la vecina ciudad de Dehiba, los Emiratos Árabes, encargados del campo de refugiados de esta ciudad, demuestran que tan solo hace falta colocar unos sacos de arena en la puerta de cada tienda para impedir que esto vuelva a ocurrir. Incluso no se permite fotografiar la parte más alejada del complejo, razones quizás no le faltan para ocultar una verdad que no interesa saberse, una verdad que según ellos costaría casi 65 millones de dólares, dinero con el que, por ejemplo, se han construido solo cuatro duchas de agua fría para las mujeres, dinero que no da para poder suministrar ropa a los recién nacidos, dinero y más dinero, una verdad que se está denunciando por parte de muchas organizaciones y medios locales, una verdad ante la cual muchos prefieren hacer la vista gorda.

Por si esto fuera poco, desde hace días se confirma un rumor que atemorizaba a los habitantes de este campo, la presencia de infiltrados pro-Gaddafi entre la población de Remada, algo que deja entrever las pocas medidas de seguridad de este campo, como nosotros pudimos comprobar en nuestras varias visitas.

Remada se ha convertido en un feudo en el cual no interesa que los pocos periodistas que lo hemos visitado contemos la verdad, una realidad que difiere totalmente de esas millonarias campañas de publicidad que este organismo de Naciones Unidas realiza todas las Navidades mostrando la foto del pobre refugiado como reclamo para captar nuestros donativos. Desde esta parte del mundo olvidado se invita a la reflexión. Actores y famosos de todos los países nos inundan de mensajes que rompen los corazones de esos seres humanos bien intencionados que creen el mensaje sin buscar más allá de las palabras, que como en el caso de Remada, están vacías de contenido. Mientras el ACNUR sigue solicitando en sus páginas webs ayuda monetaria para paliar la difícil situación de los refugiados libios, sus empleados siguen hospedándose en los mejores hoteles de Tataouine o Djerba.

Alguien dijo un día: “Sigue el dinero y encontraras la verdad”, una verdad que a estos nuevos ‘señores de la pobreza’ no les conviene mostrar, una verdad que a los grandes medios de comunicación no les conviene mostrar, una verdad que sigue oculta tras la sonrisa de esos niños a los que el futuro se les truncó el día que vieron las bombas caer en sus ciudades. Remada, esa verdad que a pesar de la prohibición del ACNUR, mostramos desde que nuestros pies pisaron el desierto tunecino.

Pasen y Juzguen… sigan el dinero y encontraran esa verdad…

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Vídeo rodado en el campo de refugiados de Remada, esa verdad oculta / Video: Omar Havana y Amaia López de Munain


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