Jueves 10 de abril de 2014,
Bottup.com

La Calavera del Diablo en ‘La Zona del Silencio’

1 punto2 puntos3 puntos4 puntos5 puntos6 puntos7 puntos8 puntos9 puntos10 puntos (Valora el artículo)

Se dice que quien vea esta calavera salvará su alma. Esto es posible hacerlo en la llamada y ya famosa en el mundo ‘Zona del Silencio’, en el Estado de Durango, al Norte de México

Durango (México). Yo creo que esto es lógico, ya que no vemos sino aquello que llevamos dentro, hay muchas realidades en la realidad.

Prueba de ello es que, si ponemos 100 pintores a dibujar una botella de Coca-Cola, todos dibujarán una botella diferente. Me refiero a 100 pintores formados ya, es decir, con una personalidad propia, que no a simples copistas o imitadores.

El experimento es tan certero, que incluso puede hacerse con principiantes o con cualquiera que pueda dibujar medianamente, aunque así las diferencias serán menos marcadas que con profesionales.

Si ponemos a cien pientores a dibujar una misma botella, todos dibujarán una botella diferente

Esto solo significa que todos vemos las cosas de diferente manera, obviamente, independientemente del hecho que indica claramente que todos somos diferentes.

Yo tuve la fortuna de verla claramente. Cuando platiqué mi visión de la calavera dijeron que tuve una insolación, pues ahí la radiación solar es un 25% más intensa, según han dicho los entendidos en la materia.

Así, ‘cientificamente’, quedó borrada mi magnífica visión, para mis compañeros y su realidad no sufrió ninguna alteración, para su tranquilidad.

En dicha zona hay muchos otros fenómenos. Se dice, por ejemplo, que algunos lugareños han visto OVNIS. Ya saben ustedes que estos son los famosos objetos no identificados o platillos voladores.

También se dice que hay meteoritos, grandes cristales y fósiles. Con respecto a los llamados meteoritos, solo diré que yo los estudié a fondo, y no son sino nódulos de hierro, también llamado ‘Hierro de los pantanos’ por los geólogos, esto es, son fósiles, es decir, antiguos animales foslilizados en hierro, conservando su forma de animales en vida. Digamos que están momificados en hierro.

La zona, entre el mito y la leyenda, tiene muchas historias, algunas de ellas no son sino propaganda turística, otras son fenómenos reales distorsionados por la imaginación y la ignorancia.

La calavera del diablo fue, pues, un producto de la insolación para mis incrédulos compañeros. Para mí fue tema de una de mis obras más queridas, uno de lo que considero mis mejores cuadros.

Pero eso no es todo, los ‘meteoritos’ o fósiles se quedaron en el taller de lapidación sobre una de las mesas olvidados, entre otras muchas piedras que tengo, este taller de lapidación de gemas estaba instalado en un pueblo a 28 kilómetros de la Ciudad de Durango.

El caso es que una tarde, ya oscureciendo, estaba meditabundo descansando recostado en mi cama, y se me ocurrió pulir uno de ellos, me levanté y fui al taller.

La zona, entre el mito y la leyenda, tiene muchas historias, algunas de ellas no son sino propaganda turística, otras son fenómenos reales distorsionados por la imaginación y la ignorancia

Ahí estaban en una cubeta para el agua sobre una de las mesas llenos de polvo, había unos 6 o 7 kilos de ellos, son como canicas de forma irregular, en su mayoría, pero pueden tener otras muchas formas. Su color es el del óxido de hierro, en general parecen canicas mal hechas y oxidadas. Luego descubrí que el oxido es solo una patina.

En esa temporada estaba yo solo viviendo con mi madre en la casa-taller, en el día iban a trabajar una siete muchachas armando joyería en el taller, que tenía seis mesas grandes con varias máquinas para cortar y pulir piedras sobre las mesas. Ahí había piedras por todos lados y de todos lados, entre los huesos de los perros que dormían ahí mismo en el taller.

Tomé uno de la cubeta, prendí la máquina y empecé a tallar, las piedras se tallan con agua para que no se calienten con la fricción. El agua se empezó a teñir de rojo intenso, se veía como si fuera sangre y el ‘meteorito’ empezó a ponerse plateado, así es que seguí puliendo muy entusiasmado, por el hermoso color plata que le salía al tallar.

Pero al rato de estar puliendo empecé a sentir los labios gruesos, no hice caso y seguí puliendo pensando que era un trozo de otro mundo, un pedazo de las estrellas que ya brillaban en el cielo y que podía contener extraños elementos, aunque recordé que los científicos dicen que todo el universo esta compuesto de los mismos elementos.

Éstas eran mis meditaciones, mientras el ‘meteorito’ se ponía más y más brillante. Recordé igualmente que dicen que algunos ‘meteoritos’ traen diamantes incrustados. ¿Qué van a saber?, me decía, si el universo es infinito, ¿cómo dicen que todo está compuesto de los mismos elementos?, no pueden conocerlo todo, puesto que es infinito, es un contrasentido, una contradicción más de la ciencia.

Continuaba puliendo y empezó a darme miedo. Ya no solo eran los labios gruesos, el agua roja como sangre, el intenso brillo del ‘meteorito’ en mis manos, sino que empecé a sentirme mareado. Paré la máquina, los perros levantaron la cabeza para voltear a verme, porque siempre se arrullan con el monótono ruido de la máquina, salí al patio y vi las estrellas del hermoso y limpio cielo de Durango.

Comencé a pulir un ‘meteorito’, el agua se empezó a teñir de rojo intenso y el ‘meteorito empezó a ponerse plateado. Seguí puliendo muy entusiasmado por el hermoso color plata que salía al tallar

Trataba de sobreponerme al miedo, dando traspiés como borracho saqué la camioneta para ir a ver al doctor del pueblo, mi madre me acompañaba. En ese tiempo ella iba conmigo a todos lados, yo la llevaba para que se paseara, puesto que ella vivió muchos años fuera de Durango y habiendo nacido aquí quiere, como es natural, mucho a su tierra.

Llegué al consultorio del doctor, que no estaba lejos de mi casa, y le expliqué rápidamente lo que sentía y lo que estaba haciendo. Me hizo algunos rápidos análisis y dijo que presentaba síntomas de envenenamiento, pero que él ahí no me podía hacer nada, porque no tenía lo necesario, que me fuera al Hospital General de Durango.

Pero, ¿cómo manejo?, le dije, si estoy mareado, “pues vállase con mucho cuidado, pero ¡vállase ya!”, me dijo. Así lo hice y llegué al Hospital, entré por Urgencias y les expliqué otra vez a los médicos lo que me pasaba. Ellos se mostraron muy interesados en la historia de ‘La zona del silencio’, no haciendo mucho caso de mi estado, acostumbrados como están a ver gente accidentada, enferma, baleada, etc.

Yo tuve que recordarles, diciéndoles entre broma y molesto, “¡si es muy interesante!, pero a mí me está llevando la chingada!”, pues ellos estaban haciendo preguntas de La Zona del Silencio y los meteoritos que no venían al caso, en ese momento en que yo me sentía tan mal, solo que sobreponiéndome trataba de disimularlo.

“No se preocupe”, me dijeron, ahorita le ponemos no recuerdo qué substancia dijeron que le va a sacar del cuerpo cualquier cosa tóxica que traiga. Me acostaron en una cama y me pusieron una especie de suero en la vena, tan bueno efectivamente como dijeron que, como a la hora, me sentía ya muy bien.

Les di las gracias muy agradecido y regresé por mi propio pie manejando a mi casa, incluso pasamos a comprar el pan y la leche para cenar, cosa que nunca se le olvida a mi madre, como buena madre que siempre ha sido. Realmente me sentía muy bien, no sé si por la substancia que me pusieron o por el gusto de que no me pasara nada malo, o por las dos cosas.

Continue puliendo y comencé a sentirme mareado. El doctor me dijo que presentaba síntomas de envenenamiento

No quise volver a saber nada de los meteoritos, los aventé a un costal con otras piedras y me olvidé completamente de ellos. No fue sino cuatro o cinco años después, que hice los estudios e investigaciones que me llevaron a la conclusión de que se trata de fósiles o ‘Hierro de los pantanos’.

Ahora que reflexionando escribo esta historia, analizando lo sucedido con la claridad que da la perspectiva y la distancia, veo lo vivido en ‘La Zona del Silencio’ de otra manera. Pienso que quizá si es un lugar un poco especial, un lugar que da muy buen material para pintar cuadros y escribir ‘cuentos’.

Yo he visitado ‘La Zona del Silencio’ y sus alrededores en varias ocasiones, se dice que ahí hay muchas cosas raras, valiosas, interesantes y extrañas, como antes dije, pero yo, como artista que soy, capté la esencia de las cosas, la esencia de ‘La Zona del Silencio’, y me traje su más preciado tesoro, ‘La Calavera del Diablo’.


Destacados

¿Te gustó este artículo? Compártelo

Sobre el autor

Participa con tu comentario