Miércoles 26 de julio de 2017,
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Labios de ballena, por Diego Gode

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Crítica literaria: Ficción

‘El Código Da Vinci’ es una cárcel donde el lector busca desesperadamente el bocata de lima que le permitirá escapar; ‘Labios de Ballena’, en cambio, elimina todas las vallas del patio donde estamos encerrados

Isaac Asimov escribía ciencia-ficción por encargo, y en ocasiones sus libros llegaron a la cifra de 150.000 palabras, o muchas más, si se tienen en cuenta las trilogías, como la famosa saga de ‘La Fundación’, escrita por dicho autor, que consta de tres volúmenes de relatos previamente aparecidos en revistas de la época, como ‘Amazing S-F’, cada uno de los cuales puede leerse independientemente como capítulos de una novela típica del género.

El autor y el editor se han puesto de acuerdo en bautizar esta técnica
historiogénica combinando las palabras “pensaciones” y “sentilectos”
En claro desacuerdo con el microcuentismo que nos domina (…) este
libro es una historia cerrada como una montaña rusa, pero por el mismo
camino, llegamos a la taquilla donde repetir el viaje no cuesta ningún
dinero

Mucho más tarde, Alessandro Baricco, en gran parte debido a la audacia de su editorial, publicó su relato ‘Seda’, que seguramente no pasaba de las 30.000 palabras, y además utilizaba recursos narrativos propios del poema, del compendio de cuentos, y de una visión pseudo-tradicionalista de las narraciones orales, amén de otras tendencias de rabiosa vanguardia para su época, tanto en la expresión lingüística como en la mercadotecnia desarrollada para lograr el tremendo efecto cultural del fenómeno ‘Seda’, como el propio libro que lo iniciara, cuyos ecos han llegado hasta la gran pantalla recientemente.

Puestos a medir las novelas por su extensión, resulta que ‘Labios de Ballena’, del escritor italo-mexicano Don Diego Gode, arroja una escasa suma de 2.000 vocablos, agrupados nada menos que en cinco capítulos. Es decir, unas 400 palabras por capítulo.

El autor y el editor se han puesto de acuerdo en bautizar esta técnica historiogénica combinando las palabras “pensaciones” y “sentilectos”, para dar una idea de la mezcla entre pensamientos y emociones que el lector podrá experimentar cuando las procese.

En claro desacuerdo con el microcuentismo que nos domina en estos días funestos para la expresión artística, y en particular literaria, este libro es una historia cerrada como una montaña rusa, pero por el mismo camino, llegamos a la taquilla donde repetir el viaje no cuesta ningún dinero en absoluto, y así, muy bien podríamos decir que la historia es un semicírculo, una panorámica cerrada por los límites de la física de la lectoescritura, y no por las orejeras sintácticas de la novela de consumo, que tanto éxito ha dejado de tener ahora que cualquiera puede acceder a la imprenta.

Para poner una última comparación, ‘El Código DaVinci’ es una cárcel donde el lector busca desesperadamente el bocata de lima que le permitirá escapar o al menos descubrir de qué trata la pesadilla que está leyendo. Es emocionante estar en la cárcel sin estar más que inmerso en la lectura.

‘Labios de Ballena’, en cambio, elimina todas las vallas del patio donde estamos encerrados, y expone al incauto procesador de palabras que todos llevamos dentro a mirar fuera de los muros de la prisión humana, desprotegido, desorientado, e incompleto, como la mayoría de los encuentros que merecen la pena.

Pueden solicitar una copia del relato ‘Labios de ballena’ en formato digital a través del correo electrónico (ver el perfil de este usuario ), o desde el blog indicado más abajo.


Esta noticia concursa en el I Premio  Periodista Ciudadano en la categoría de: Sociedad y Ciudadanía


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