Miércoles 18 de octubre de 2017,
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Laico: del griego ‘läikós’, que quiere decir “perteneciente al pueblo”

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Análisis

Benedicto XVI en Francia: la iglesia católica busca retomar en el país galo lo que durante siglos fue escrito, hecho y ejecutado: la servitud, la obediencia y el control del pueblo vía la fe





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¿Santo o sombra?

Ivanovich Torres / FRANCIA. El primer viaje apostólico del papa Benedicto XVI en Francia, por motivo del 150 aniversario de la pretendida aparición de Lourdes (12 a 15 de septiembre), es, desde el punto de vista diplomático-pastoral, un paso adelante contra la tradición laica de Francia.

Quien abre esta posibilidad es el mismo presidente francés, Nicolás Sarkozy, en su discurso de diciembre 2007 en la basílica de Latrán[1], en el Vaticano: “En la transmisión de valores y en el aprendizaje de la diferencia entre el bien y el mal, el institutor no podrá jamás remplazar al pastor o al cura”, agregando además en la necesidad de trabajar en una nueva “laicidad positiva”.

Sarkozy ha elogiado “las raíces cristianas de Francia” en varias ocasiones, aguardando los frutos divinos de una nueva alianza estratégica para su electorado conservador en futuros comicios

El rector de Lourdes ha sido depositario desde hace tiempo de numerosas donaciones a título personal destinadas al santuario, pero esas cantidades finalmente reposan en su confortable cuenta personal

Así, en toda confianza, Benedicto XVI, confirma tal tesis en el palacio del Eliseo (viernes 12): “Usted, señor presidente, utilizó la bella expresión “laicidad positiva” para designar esta comprensión más abierta”. Una frase bastó para poner en entredicho la separación republicana de la iglesia y del estado, definido desde 1905 por la ley francesa.

La iglesia católica busca retomar en Francia lo que durante siglos fue escrito, hecho y ejecutado: el servilismo, la obediencia y el control del pueblo vía la fe. Anhelo que, años atrás, el entonces cardenal Ratzinger explicita así: “Sí, Francia es quizás desde un cierto punto de vista, el país más secularizado de Europa. Por otra parte también quedó muy atada a las tradiciones; los movimientos tradicionalitas dentro de la iglesia no existen más fuertes que los que hay en Francia”[2]. Sarkozy ha elogiado “las raíces cristianas de Francia”, en varias ocasiones, aguardando ver los frutos divinos de una nueva alianza estratégica para su electorado conservador en futuros comicios electorales…mysterium.

¿Contradicción o enredos de lenguaje? La precisión del sociólogo Marc Andrault (autor del libro ‘Sarkozy y Dios, del uso político de monoteísmos’, Ed. Berg International, 2008) es evidente; “Pero, al continuar hablar de “laicidad positiva” queda en el error, ya que ella es positiva por naturaleza, y esto comprende a las religiones. Cuando agregamos el adjetivo, dejamos entender que la laicidad no es suficientemente positiva para las religiones”[3].  ¿Contra la pseudosabiduría?

En otro discurso (el mismo día) por Benedicto XVI, pero en el renovado Collège des Bernardins, en París, destinado al mundo de la cultura, el Papa predica lo que impera imponer al mundo católico en su pontificado conservador y tradicionalista; “El monasterio sirve a la erudición, a la formación y a la erudición del hombre; una formación con el objetivo último de que el hombre aprenda a servir a Dios”. Afirmado que: “Una cultura meramente positivista que circunscribiera al campo subjetivo como no científica la pregunta sobre Dios, sería la capitulación de la razón, la renuncia a sus posibilidades más elevadas y consiguientemente una ruina del humanismo, cuyas consecuencias no podrían ser más graves. Lo que es la base de la cultura de Europa, la búsqueda de Dios y la disponibilidad para escucharle, sigue siendo aún hoy el fundamento de toda verdadera cultura”.

En la alocución destinada a los jóvenes, cerca del Hotel de los Inválidos, Benedicto XVI invita en forma de obligación, luchar contra este “mundo contemporáneo que crea ídolos”, según sus palabras, agregando que: “En corinto, vivía una comunidad alborotada y revuelta, expuesta a los peligros de la corrupción de las costumbres imperantes… Peligros parecidos a los que hoy conocemos. No citaré nada más que los siguientes: las querellas y luchas en el seno de la comunidad creyente, la seducción que ofrecen pseudosabidurías religiosas o filosóficas, la superficialidad de la fe y la moral disoluta”.

Inminente toma de posición de los preceptos escolásticos contra la filosofía universal y humanista. En Lourdes (sábado, domingo y lunes) el papa mostró su severidad en “la cuestión particularmente dolorosa de los casados divorciados”… paradójicamente, su anfitrión de presidente de la República Francesa, lleva hasta la fecha (y es respetable su vida familiar) dos divorcios sonantes y contantes en un país todavía laico, como mediático, desde la perspectiva de la farándula burguesa.  ¡Poco y paz!

Otra cuestión particularmente dolorosa, pero en la realidad jurídica, es la del sacerdote Raymond Zambelli, rector de los santuarios de Lourdes y encargado de sus tesorerías; la Tracfin, célula antilavado de dinero del ministerio de finanzas, alertó la extraña “multiplicación” de euros en la cuenta bancaria del prelado, es decir, 427 mil euros[4]. Zambelli ha sido depositario desde hace tiempo de numerosas donaciones ‘intuito personae’ (a título personal) destinadas al santuario de Lourdes, pero esas cantidades finalmente reposan en su confortable cuenta personal.

La policía judicial de Burdeos emprendió una investigación del caso. Tal cantidad de dinero hubiese sido de gran ayuda para solventar los gastos de la visita papal a Lourdes (1,8 millones de euros), pero Zambelli optó por la tradicional “generosidad de una multitud de benefactores invisibles”. Más fácil es hacer un retiro real de su cuenta personal. He aquí una bienvenida autocrítica moral: Zambelli “ensucia el honor de los rectores y sacerdotes diocesanos”[5], esgrime el comunicado de su homólogo, el padre Dominique Auzenet, rector de la basílica de Notre Dame du Chene, en la ciudad de Mans.

La iglesia católica ha rechazado en la historia la división entre lo real material y la creencia divina. El tema de la laicidad, abordado durante siglos en Francia (y el mundo), es hoy un punto crucial donde, por una salud de raciocinio, debe separarse el libre árbitro de la sociedad (protegida por sus leyes), al de los preceptos religiosos (decretos morales). Aprender a cohabitar, sin imponer ni juzgar, tal es la empresa de una religión moderna.

Una, de las tantas voces en la historia del hombre, manifiesta mejor que nada este análisis. Pierre Charron, sacerdote, teólogo y filósofo francés del siglo XVI, nos ofrece mejor que nadie un tácito ejemplo en su ‘Tratado de la sabiduría’ (obra filosófica), donde separa suavemente lo divino quimérico de lo real humano. Advertencia a la opinión de teólogos, pero nuestro libro instruye a la vida civil, y forma a un hombre para el mundo, es decir a la sabiduría humana y no divina.”[6] En 1603 el libro es condenado por fideísmo por la iglesia… siendo Charron un respetable sacerdote… y amigo íntimo de Michel de Montaigne. 

 

 




[2] Cardenal Ratzinger, La Sal de la Tierra, entrevistas; ediciones Flammarion / cerf (1997) Pág. 139



[4] Revelación del semanario satírico “Le Canard Enchaîné”, edición del miércoles 2 de julio, Pág. 3. http://www.lecanardenchaine.fr/une4575.html



[5] Diario Liberation, edición 15/08/08. http://www.liberation.fr/actualite/societe/345341.FR.php



[6] Pierre Charron (1541-1603), Tratado de la Sabiduría (1601),  edición Fayard 1986. Pág. 32

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