Sábado 10 de diciembre de 2016,
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Las Cajas de Ahorro necesitan un intenso debate social

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Las Cajas no son bancos, son entidades con carácter social, para combatir la usura, y facilitar el desarrollo de la actividad económica de las familias y las PYMES de su ámbito

¿Por qué no se organiza un debate sobre las Cajas de Ahorro?

Las Cajas de Ahorro nacieron con vocación de servir a la Sociedad, dándole un uso social a los ahorros de las personas, en un mundo adverso y para paliar la avaricia y explotación de los banqueros. No fueron perfectas en su funcionamiento, pero la llegada de la mal llamada ‘democracia’ no supuso una mejora sino todo lo contrario.

Poner de manifiesto el comportamiento de políticos y financieros, puede ayudar a que las personas

Se quiere abandonar una de sus principales características: mantener sus actividades en su entorno natural

tomemos conciencia de la situación, y se exija un cambio de política.

La democracia debe basarse en información veraz, contraste y debate sobre los temas sociales y políticos que nos afectan a todos.

Pero lo cierto es que en este país los políticos no están acostumbrados al debate abierto y eficaz sobre las posibles soluciones a problemas que muchas veces ellos mismos causan.

Actuaciones como ‘Tengo una pregunta para usted’ son amagos que forman parte de un marketing más propio de una campaña de temporada primavera/verano que de un deseo de oir, respetar y valorar las opiniones de la ciudadanía.

Creo que el tema de las Cajas está de actualidad, tanto por el ‘affaire’ de la Caja de Madrid, como ante el debate sobre las fusiones de otras, y en el que, al parecer, nadie tiene en cuenta la importancia de su localización, en función de los objetivos originales de su creación, ya totalmente olvidados.

Las Cajas no son bancos, son entidades creadas con carácter social, para combatir la usura, y facilitar el desarrollo de la actividad económica de las familias y las PYMES de su ámbito de actuación.

Por dejemplo, aquí en Galicia, de seis o siete que había en el siglo pasado, ahora se pretende fusionarlas en una sola.

Hacia el abandono de los objetivos originales de su creación
Así se quiere ahondar aún más en el abandono de una de sus principales características: mantener sus actividades de servicios financieros centrados en su entorno natural, basándolas en la proximidad y

Las Cajas de Ahorro se aproximan cada vez más a la banca privada, eliminando la competencia en los servicios a famiias y PYMES y desviando el ahorro popular

participación popular, manteniendo una competitividad basada en la cooperación, al tener diferenciadas sus áreas de influencia.

Pero en general, posiblemente siguiendo una estrategia de ‘política neoliberal’, la evolución de las Cajas en todo el Estado español desembocó en un comportamiento y actitud que se aproxima al ‘modus operandi’ de la banca privada, eliminando así un elemento de competencia en los servicios bancarios para las economías familiares y PYMES, y lo que es peor, desviar el patrimonio del ahorro popular hacia actividades y estrategias ajenas al entorno donde han tenido su origen.

Esa orientación dejó sin contenido una entidad fundamental para la planificación del desarrollo financiero de las Cajas de Ahorro: la CECA (Confederación Española de las Cajas de Ahorro), que teóricamente tenía una misión de unificación de criterios y control.

Algo parecido pasó con la Federación Gallega de Cajas de Ahorro, que se ha quedado limitada a ser una inaccesible ‘oficina del defensor del cliente’. Y es que, al convertirse en competidoras por concurrir en las mismas áreas geográficas, estas entidades suprimieron una mínima actividad de planificación y colaboración conjunta.

Ahora resulta que no solo se habla de competencia en el mercado mutuo, sino que se proponen y planifican nuevas formas de gestión, que estarían en total desacuerdo con sus origines y objetivos, cuando en realidad su vigencia y nicho de participación debería considerarse imprescindible, y no es exagerado pensar que, de haber persistido en sus prácticas originales, habrían evitado entrar en la problemática de la actual crisis, tanto las propias Cajas como sus clientes.

Así pues, es necesario evaluar si con las Cajas se está siguiendo el camino correcto, así como, en el caso de

Al convertirse en competidoras las Cajas han suprimido una mínima actividad de planificación y de colaboración conjunta

que se reconozca la necesidad de una reforma, aún estamos a tiempo de aplicarla y decidir cómo debería de ser. Romper con la inercia de aplicar una visión sesgada, condicionada por unos principios mínimos impuestos por una estrategia de una planificación financiera especulativa, nos lleva a cuestionar las propuestas al uso y a formular otras nuevas.

Como demostración de la demanda de entidades que mantengan ese ‘estilo’, es el éxito relativo de iniciativas como COOP57 y FIARE, dos proyectos puestos en marcha en la línea de un ideal de entidades financieras orientadas a facilitar el desarrollo sostenible de la economía en su conjunto, gestionadas democráticamente por sus propios clientes y beneficiarios.

También una mini encuesta telefónica, donde de 360 personas, el 81% pusieron de manifiesto su descontento con los bancos y cajas de ahorro, un 3% no supo o no quiso pronunciarse, y el resto (menos de un 16%) lo consideraban como una servidumbre inevitable, dadas las características del mercado. Solo un 18% supo mencionar alguna diferencia significativa entre unos y otras.

Decir que las Cajas de Ahorro tienen que ser regidas por profesionales, equivale a suponer que tienen que comportarse como empresarios banqueros, cuyo objetivo único es acrecentar al máximo sus beneficios, precisamente cuando fueron creadas para contrarrestar esa actitud, que ha sido, aunque no quiera reconocerse, la causa principal de la crisis que estamos viviendo.

Decir que su actividad no puede ser orientada desde la política, significa que o no se tiene ni idea de lo que significa ‘política’, o que en realidad lo que se quiere es evitar que los verdaderos dueños del capital financiero participen en su control.

Las Cajas de Ahorro deberían actuar de acuerdo con el beneficio de toda la Sociedad

Es de desear que las Cajas actúen de acuerdo con el beneficio de toda la sociedad, contribuyendo a favorecer a las personas que participan en un desarrollo acorde con las necesidades reales y posibilidades de conservación patrimonial, con un beneficio equilibrado para sostener su actividad.

Hipócritamente, los reglamentos en vigor parecen querer contemplar esa circunstancia, pero no se aplica democráticamente (los representantes de los imponentes, son elegidos en un sorteo fácilmente amañable) y las normas son totalmente antidemocráticas y proclives al chanchullo. Prueba de ello está en la batalla que se está librando en el caso de Caja Madrid.

Las necesarias reformas del sector de las Cajas de Ahorro
Como imponente, quiero que mi representante sea accesible, conocerlo y participar en su elección. Que pueda presentarse libremente, y hacer su campaña electoral, ya que actualmente no tiene acceso a sus posibles votantes, ni medios para explicar sus alternativas y actitudes.

Como ciudadano, prefiero que sean los políticos que se eligen democráticamente, a los que pueda pedir responsabilidades, los que se integren en una Asamblea en la que también deberán estar los sindicatos y asociaciones empresariales, entidades de carácter social y representantes democráticos de sus trabajadores, de los clientes (ahorradores y usuarios), para que su ‘gobierno’ y la orientación de su política económica esté en manos de los que han de beneficiarse en su conjunto de sus servicios, en amplio debate abierto ante las personas que constituyen nuestra sociedad.

Como persona, espero que se marquen claramente las diferencias entre una Caja de Ahorros y un banco privado, para que cada uno pueda elegir qué hace con sus ahorros y disponibilidades económicas: o contribuye al desarrollo de una economía al servicio de la sociedad, o lo entrega a los especuladores y depredadores financieros, cuyo interés único es un máximo beneficio a costa de lo que sea y sin preocuparse de las repercusiones, como ha ocurrido en los últimos años, y por lo que se ve va a continuar ocurriendo.

Soy consciente de que los cambios de la sociedad necesarios para que las personas puedan vivir plenamente sus derechos y asumir libremente sus obligaciones, van mucho más allá que una simple reforma de las Cajas de Ahorro.

Pero creo que, cuando no es posible acometer grandes reformas, a causa de la concentración de poder en obscuros foros, un camino adecuado sería intentar concienciar a la sociedad de lo que está ocurriendo, de poner en evidencia las contradicciones de una falsa democracia, y forzar a que sea el propio pueblo el que se libere de la esclavitud de una sociedad de consumo basada en la manipulación y desinformación.

He tenido la suerte (o desgracia) de ocupar el cargo de Consejero durante varios años en el Consejo de Administración de una Caja de Ahorros, por lo que conozco ‘algo’ sobre el tema.


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