Martes 24 de enero de 2017,
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Las cosas que no existen

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Critica literaria: ‘El Pintor de batallas’

“Es sorprendente lo útiles que resultan las cosas que no existen. Por ejemplo: el estilo de Pérez-Reverte, y su conservación a lo largo de los años, no existen, pero han permitido vender el producto ‘libro de Pérez-Reverte'”.

“¿Para qué usamos la palabra autor corrientemente? Para designar una
permanencia de un estilo que se supone que tiene cualquier autor”

Para hablar del libro de Pérez-Reverte, primero tengo que hablar de las costumbres que tenemos muchos al hablar de literatura y, sobre todo, de las costumbres que mantenemos al hablar de la relación entre la vida y la obra de un autor.

“Yo estoy aquí para quitarle al autor el estilo, porque el estilo no
existe, y después de quitarle el estilo, habré de despojarlo de su
conservación.”

Lo habéis adivinado: me voy a meter también con el concepto de autoría, porque no me quedo contento con descomponer el binomio “vida y obra”, sino que además insisto en aniquilar el de familia. ¿Para qué usamos la palabra autor corrientemente? Para designar una permanencia de un estilo que se supone que tiene cualquier autor.

Yo estoy aquí para quitarle al autor el estilo, porque el estilo no existe, y después de quitarle el estilo, habré de despojarlo de su conservación. Es sorprendente lo útiles que resultan las cosas que no existen. Por ejemplo: el estilo de Pérez-Reverte, y su conservación a lo largo de los años, no existen, pero han permitido vender el producto “libro de Pérez-Reverte” y establecer a dicho autor como “hombre/marca”, para pingües beneficios de la Editorial Alfaguara, y de toda la cadena de producción hasta llegar al propio Arturo, el señor Pérez-Reverte que, como dije antes, no existe. Al menos, para explicar el universo conocido, no es necesaria la existencia de Pérez-Reverte, ni tampoco la de Dios, por poner dos ejemplos equivalentes.

Como habéis visto, lo que sé de Pérez-Reverte lo sé sin entrevistarlo, y es que su libro “El pintor de batallas” es, con mucho, y cuando digo con mucho es que “Territorio comanche” no se le acerca ni un ápice, su libro más autobiográfico.

Todos podemos hacer el truco de magia que yo acabo de hacer, así que no nos extrañemos: ¿a que todos conocen su pasado como reportero de guerra? ¿y su presente como escritor de best-sellers? Entonces, sólo queda la aportación de una persona que escriba. Muchas veces, el autor no se deja ‘autobiografiar’, pues implica sincerarse sobre sí mismo, afrontar sus miedos, visitar al psicólogo podríamos decir, y además, sería terrible que el autor se sincerase porque no vendería ni un ejemplar (si el autor existiese, claro; es decir, si el autor fuera cualquiera de nosotros, vosotros, o ellos, alguien totalmente disociado de las marcas y de los mercados; toda esa gente que existe pero que es invisible).

“El Pintor de Batallas ha escrito la primera novela que merece la pena
vivir. Eso está fuera de toda duda. Arturo ha vivido lo que El Pintor
de Batallas recuerda constantemente con una mezcla de temor y
nostalgia”

No está bien visto sincerarse, no se suele considerar “buena literatura” lo que es verdad, los hechos de la vida del autor explicados con sinceridad, por ejemplo la igualdad entre Pérez-Reverte y el Pintor de Batallas, sino aquello que es mentira: por ejemplo, que Pérez-Reverte no es el Capitán Alatriste. De hecho, todo el mundo sabe que Viggo Mortensen es el auténtico Capitán Alatriste.

“Gracias, Alfaguara, por una corrección de estilo trabajada, intrépida
si no es mucho piropear…, gracias a todos por hacer un poco menos de
daño al público que compra libros”

Lo que nadie sabe es que el personaje antagonista por excelencia de toda la saga, el siciliano Gualterio Malatesta, que a punto estuvo de matar al Capitán Alatriste, fue inventado por el inexistente Rubén Corre-Coyote, y usurpado más tarde por la maquinaria de Alfaguarra Editorial, actuando como protectora del intachable “hombre/marca” de apellido compuesto y accidentada trayectoria vital, y puesto a disposición de nuestras historias heroicas, decadentes y cinemultisálicas…

Como es imposible y comercialmente funesto, hay que transformarlo para que “cuele” como cuelan las mentiras. Lástima que Pérez-Reverte tenga que esconderse tras ‘El pintor de Batallas’ para contar la historia de su vida.

O que Olvido Ferrara (la reportera cuya muerte aflige al protagonista de la novela que aquí se menciona) no se lamase Olvido Ferrara en la realidad, porque todos querríamos mantener un respeto a los muertos como el que ha mantenido el autor de esta obra, al acordarse de una compañera muerta en un territorio sacudido por la guerra, un territorio que ha marcado al autor de por vida, un territorio que no pudo vivir cuando lo estaba pisando, porque estaba demasiado ocupado haciéndole fotos, o acompañándolo con cámaras para ofrecer un reportaje de guerra, una guerra que existió y que se presenta como un fantasma, como una aparición para matar de verdad, para no dejar sin castigo al hombre que contó y dibujó la guerra para después esconderse en el Archivo de Indias a escribir novelas malas, novelas mal terminadas, novelas robadas o algún que otro encargo más menos que más noble, y mientras tanto sigue siendo inteligente hacer de negro literario.

El Pintor de Batallas ha escrito la primera novela que merece la pena vivir. Eso está fuera de toda duda. Arturo ha vivido lo que El Pintor de Batallas recuerda constantemente con una mezcla de temor y nostalgia, con adoración y un horror sublime, pero lo más importante y lo que, en los tiempos que corren, aparece más aceptable, es que la venta de su alma, de su vida, de sus obsesiones y sus nostalgias combinadas con una cierta dosis de reflexión, hayan servido a Alfaguara para pasar el umbral del comercio con esta rara avis, un texto que no engaña a nadie, un texto franco, sincero, que devuelve al mundo lo que el mundo ha insuflado en su creador, a base de simplicidad, de un sinfín de pinceladas que más tarde se fueron depurando, y de la humildad que tiene toda persona carente de prestigio. Gracias, Arturo, por dejar de alardear en esta novela.

Gracias, Alfaguara, por una corrección de estilo trabajada, intrépida si no es mucho piropear…, gracias a todos por hacer un poco menos de daño al público que compra libros y, de paso, al que los lee.

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Sobre el autor

1 comentario

  1. Anónimo 19/10/2011 en 23:56

    NO ENCONTRÉ NADA SOBRE ESTE TEMA*** 😡

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