Lunes 05 de diciembre de 2016,
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Las dos ideas de campaña entre el 15-M y el 20-N

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OPINIÓN / El movimiento indignado ha de decidir si se define como adulto; si son conscientes de su envergadura y de su necesidad de tomar decisiones canalizadas, o se siguen viendo a sí mismos como un espíritu homogeneizado de protesta

Si quiere seguir acampando, o si quieren seguir acampando hasta el 20-N cuando ya formen parte del juego democrático para realmente canalizar la más o menos amplia demanda ciudadana.

Si optan por lanzar las primeras líneas políticas de protesta, han de tomar conciencia de lo que esto significa. Y significa imitar la política de los partidos mayoritarios; centrar la campaña en tres ideas claves y repetirlas tanto que llegue como un tsunami a todos los rincones sordos de España. El PP anunció que sus ideas eran economía y empleo a través del cambio y contra la continuidad.

Las protestas de calle han de seguir más vivas que nunca, y ahí, ante la audiencia pacífica, con el micrófono en mano, deberían empezar a tomar la palabra los canalizadores

Si el 15-M realmente quiere democracia ya, sus actuaciones no pueden alejarse de lo que han sido hasta el momento, pero más ‘politizadas’, esto es, más adaptadas al lenguaje demagógico (en el sentido social de la palabra) de los partidos ‘mayoristas’.

Y no alejarse de su actuación ‘ideal’ hasta el momento significa, en parte, traicionarse a sí mismo. Esto es, que no hay democracia sin representantes a los que el pueblo delega sus opiniones.

Resulta que esto está fuera de la filosofía del 15-M (todos somos democracia, no representantes). Pero esto no funciona, así que la primera medida que deberían tomar es buscar unos nombres –si no que representen- que ‘canalicen’ la indignación manifestada. Serían los canalizadores: ‘si los otros no los representan’ al menos que algunos de ellos canalicen el descontento.

La segunda idea ‘politizada al modo de los mayoristas’ y acaso la más clave es que las protestas en la calle han de seguir: plaza por plaza, pueblo por pueblo.

Esto es lo que realmente es el verdadero motor de fuerza del colectivo. La toma de la calle de los indignados son la equivalencia al movimiento 15-M de los mítines de los Partidos Políticos establecidos (se escuchan propuestas y la gente participa de su entusiasmo).

Son mítines, aunque muy alejados de los tópicos mayoritarios en palacios deportivos y plazas de toros, plagados de banderas, brazos en alto, sintonías, luces y carteles que tanto ocultan con algarabío la falta de discurso real.

Pero en este caldo preelectoral, las protestas de calle han de seguir más vivas que nunca, y ahí, ante la audiencia pacífica, con el micrófono en mano, deberían empezar a tomar la palabra dichos canalizadores.

Veremos…


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